domingo, 5 de julio de 2015

FAVULA (Raúl Perrone, 22014) VIDEOFILIA (Juan Daniel F. Molero, 2015)


FAVULA (Raúl Perrone, 2014)
 

 

VIDEOFILIA (Juan Daniel F. Molero, 2015)
 


OTROS CINES
 


A Perrone ya se le conoce, tiene una larga trayectoria cinematográfica y forma parte de un referente creador desde la independencia más radical en forma y contenido del cine argentino. Por su parte, para Juan Daniel Fernández Molero estamos ante el primer largo de ficción, un largo multipremiado en los festivales que indican el camino de los nuevos cines y sus nuevas formas de expresión, Rótterdam y Lima entre otros. Son dos propuestas radicalmente diferentes que se pueden ver estos días en el festival on line Atlántida, dos formas de narrar o de experimentar con la imagen muy alejadas del relato clásico y de la película con historia reconocible, junto con “Sueñan los androides”, de Ion de Sosa, o “Pas á Geneve” del colectivo Lacasinegra, forman un cuarteto de difícil comprensión, de difícil explicación pero de indudable interés respecto a la búsqueda de nuevas formas de hacer cine.
 
 


“Videofilia (y de otros síndromes virales)” juega con la imagen al tiempo que juega con la historia de los protagonistas. Contiene una ácida crítica a la forma de comunicarnos, a la forma de relacionarnos, a la forma de exponernos en la nueva sociedad digital. Junior y Luz son una pareja que no lo son, que solamente se conocen a través de videochat que no les impide mostrarse sexualmente pese a no tocarse, pese a no conocerse. Pero la historia de Junior y Luz viene precedida por un preámbulo revelador, una voz de mujer y una imagen pixelada, distorsionada, recuerdan que sueña con ellos, con sus vidas presentes sin conocerlos, con la de ellos y con la de todos nosotros, permanentemente conectados a una red que nos observa, nos vigila, obsesionados por el sexo y el dinero. Esa obsesión por la conexión digital lleva a millones de personas a radiotelegrafiar su vida continuamente, a dejar evidencias de su paso por cualquier lugar, en definitiva, a perder la intimidad. Grabarse para excitarse o para hacer negocio terminan confundiéndose, un mundo digital donde predomina lo banal y lo pornográfico se encuentra a la vuelta de la esquina con cualquier clic, tan inmoderadamente obscenos nos hemos convertido que, el primer encuentro sexual de la pareja inundará la red inmediatamente a través de unas “google glass”. Digamos que éste es el argumento aparente de un experimento visual rodado en lugares muy reconocibles de Lima, personajes actuales enraizados en una cultura popular inca que mantiene sus uniones con la tierra y las influencias de presuntas culturas extraterrestres. La combinación de una propuesta radical como ésta se acrecienta si al experimento de por si, unimos los efectos del ácido lisérgico e intentamos reproducir lo que los drogados protagonistas experimentan. Apuesta complicada, con un interés que va decayendo con el paso de los minutos, cuando Junior pierde a Luz, en el fondo lo que pierde es la luz para seguir el camino y los monstruos producidos por el ácido devoran su personalidad ya de por si ausente, ese final es la debacle de un periplo iniciado desde la escena de la azotea en un amanecer que no termina de llegar.
 
 
 
 
 



“Fávula” es la respuesta transgresora de un cineasta creador frente a engendros tipo “revival” que intentan reivindicar el cine mudo actualizándolo. Perrone hace una historia de aparente sencillez y sin diálogos audibles, con unos escasos rótulos explicativos de determinadas situaciones que serían fácilmente suprimibles, pero que se apuntan como apuesta burlona más que como necesidad narrativa. La fábula del título encierra su moraleja final, pero son las imágenes las que cautivan desde su sencillez, media docena de personajes en una casa desvencijada de pueblo donde se recoge a jóvenes huérfanos para explotarlos, ya laboralmente o incluso, sexualmente. En esta película si que parecería, en ocasiones, que las imágenes proceden de películas iniciales de Pabst, de Lang, de Machaty, pero ajenas del manierismo interpretativo de la época. Rostros expresivos en cuerpos semiestáticos dentro de una jungla de juguete, que es el segundo decorado de la película cuando los intérpretes no están en la casa, una jungla donde hay que protegerse de los leones con ridículas carabinas de juguete y donde los colibríes o las libélulas surcan el aire, u otros sitios más fecundos. “Fávula” es naif y seria al mismo tiempo, un experimento narrativo en tiempos de explosiones visuales al servicio de un espectáculo ajeno de contenido, una película de contemplación y que reta al espectador a entender lo que las imágenes sugieren y los diálogos no muestran, juventud sin malicia frente a madurez caprichosa y corrupta. La jungla aisla para proteger, pero también ayuda a impedir la huida. Como ángeles exterminadores habrá que terminar expulsando del paraíso a quien realmente es la fiera, no ese león bostezante que aparece en pantalla, sino quien detenta un poder absoluto y dispone de vidas ajenas sin medida, pero para eso se necesita solidaridad y apoyo entre los oprimidos. En tiempos de individualismo y poder absoluto, el mensaje de la fábula aparenta real y alcanzable, pero claro, depende de los individuos unirse y luchar por la libertad.