miércoles, 10 de junio de 2015

THE MITH OF AMERICAN SLEEPOVER (El mito de la adolescencia, David Robert Mitchell, 2010)


 
THE MITH OF THE AMERICAN SLEEPOVER (David Robert Mitchell, 2010)
 

El sueño de una noche de verano, de la última noche de verano donde se hace balance del tiempo perdido, los besos robados, las ilusiones desvanecidas, los miedos del futuro, los encuentros desilusionantes y los que te abren los ojos, noches de alcohol y drogas en las que vomitar toda la insatisfacción y perder la poca inocencia que arrastras cuando te mueves en esa edad indefinida de la adolescencia en la que unos maduran demasiado deprisa y se sienten ajenos a un mundo vacío y otros se mantienen en el recuerdo de esa misma adolescencia cuando hace tiempo que debieron entrar en la madurez.
 
 
 

Y es una pena, porque con esta película titulada en España “El mito de la adolescencia”, que en su original es “es el mito de la fiesta de pijamas americana”, se pone punto y final, hasta el momento, a la carrera fílmica de David Robert Mitchell, el mismo de la sorprendente y agazapada revelación de este año, “It follows”. Cinco años median entre una y otra película, pero, pese al prodigio técnico de la segunda, las bases de “It follows” se encuentran en esta pequeña joya de 2010. Empieza a hacerse necesario una reflexión fílmica sobre lo que está ocurriendo en Detroit, sobre la devastación de una ciudad como reflejo de la ruina de una sociedad. Poco, o nada, incluso el director comenta que, a raíz de “It follows”, muchos de los escenarios de ésta se encuentran en la primera de sus películas, diferencia el espacio donde se desarrollan ambas historias, si la primera forma parte del género de adolescentes en un momento de indecisión, de enamoramiento, de rumbo perdido (aprovecho para recomendar de nuevo Spectacular Now) la segunda representa a esos mismos adolescentes absolutamente perdidos en la misma ciudad, las mismas urbanizaciones, los mismos institutos, las mismas piscinas, pero ahora, abandonados por el sistema y necesitados de una huida hacia delante sin salida.
 
 

“The mith….” reúne todos los componentes propios de este tipo de películas ambientada en la última noche de verano, el día antes de inicio del curso, el día antes de un cambio brutal en muchos de los adolescentes que celebran esa última noche sin dormir, en fiestas caseras “de pijamas” separados por sexos pero buscándose continuamente de una casa a otra. En esa noche muchos de ellos/ellas buscarán, en un intento desesperado, a una nueva compañera/o, o tratarán, a punto de tirar la toalla, de tener la historia de amor veraniego que no ha llegado, para otros significará el despertar a la madurez en forma de infidelidad, para algunos regresar al lugar del que no tendrían que haberse ido equivocando lugar con personas, otros lamentarán su falta de valentía en el momento justo para escoger lo que se quería en vez de lo que se pretendía querer. Todo ello, como en “It follows”, sin adultos, los adultos han desaparecido de la ciudad para dejar a los chicos un espacio de libertad en esa última noche, a la mañana siguiente los restos del naufragio serán evidentes, y las resacas de campeonato, incluso lo suficiente como para olvidar si realmente pasó algo o todo fue un laberinto imaginario fruto de mentes hormonadas y poco satisfechas.
 
 

La película destila cariño y dulzura hacia esa edad tan complicada, los personajes, y son muchos, son presentados con carácter y contenido, confusos, como debe ser, temerosos, tímidos, mirando a escondidas, pero nunca con la sensación de tratarse de estereotipos manidos sobre jóvenes en estado de celo o en gamberrada continua. Es una noche de transición donde hay que mantener la tradición, no puedes acabar el verano sin haber besado, pero en ese beso se concentra el éxito o el fracaso del nuevo ciclo. Hay mucho de mentira en esa pose, y no deja de ser una forma de domesticar a las nuevas generaciones para que sigan haciendo lo que todos los demás hicieron antes, es una noche de libertad para que, a la mañana siguiente, todo se reanude dentro de los márgenes permisibles.
 
 

Quien vea seguidas o muy cercanas “The mith” y “It follows” entenderá las similitudes formales, las composiciones cuidadas de los planos, la colocación de los personajes, las perspectivas circulares o semicirculares, la profundidad de las escenas en las que, aún habiendo una trama central y cercana, por detrás se mueven y deambulan otros personajes con peso en la historia y que adjetivan lo que ocurre en un primer plano. Y el uso de la música, otro de los elementos definidores en este director de dos películas, aquí con una banda sonora de inspiración pop, adecuada a una fiesta adolescente con aires de “Belle and Sebastian” y en “It follows” con unos ritmos electrónicos tendentes a mantener una tensión paralela a las imágenes. Ojalá volvamos a una tercera entrega del universo adolescente según David Robert Mitchell, seguro que va a ser subyugante, y si cambia de edad pasando al juego de la edad madura bienvenido sea, de momento, sus dos primeras obras son estupendas, no hay porqué dudar de una futura creación y de su resultado mientras no nos defraude.