martes, 2 de junio de 2015

PLEASANT DAYS-JOHANNA (Kornel Mundruczo, 2002, 2005)


 
 PLEASANT DAYS-JOHANNA (Kornel Mundruczo, 2002-2005)
 


Esta reseña tiene su origen en otra película de carácter superlativo. Darse de bruces con una gran película como es “White dog” invita a descubrir más obras de este director húngaro que, para mí, era absolutamente desconocido, aunque revisando su filmografía si que compruebo que, al menos, su anterior película fue distribuida comercialmente en España. Estas dos películas no están, ni mucho menos, a la altura de White dog, ni en estética ni en forma de contar, aunque si se advierten puntos en común respecto al estilo, pero es como si el director finalmente hubiera encontrado el punto exacto para mezclar todo su potencial partiendo de materiales previos duros como el pedernal, de protagonistas demasiado humanos por ser tan egoístas y tan ausentes de empatía, consiguiendo un resultado final, al cabo de los años, espléndido.
 
 
 


“Pleasant days” es un relato amargo de mujeres abusadas, no sólo en el sentido sexual de la palabra, y de hombres abusadores y retrasadamente caprichosos. De la mujer deseada por todos a la mujer que intenta retener al único hombre que le hace caso, un parto simulado y un parto ocultado con una finalidad común en cada una de las mujeres, retener al hombre que está con ellas. El universo de la mentira sobrevuela los ambientes que rondan el mundo marginal de una capital que no llegamos a descubrir porque los personajes se mueven en la periferia, donde la ley que impera no es la escrita y publicada en boletines oficiales sino en la determinación del capo de turno. La capital, Budapest, es el campo de suministro, o de mercancías o de mujeres, un lugar apartado e imposible de habitar para quienes viven encorsetados por las normas pero fuera de ellas. Alrededor de dos ejes femeninos la historia se desarrolla como crónica de una derrota anunciada, a través de los ojos de la actriz Orsolya Toth (Maja) y de los de Kata Weber (Marika), el retorno de Peter a su ambiente tras pasar tres años de cárcel pagando deudas de otros y no solo propias se convierte en una encrucijada existencialista, un vacío absoluto en el que lavar los cuerpos no elimina las manchas del interior. Atrapado y atrapando, entre la relación maternal y pseudoincestuosa con la hermana (Marika) y el intento de seducción-posesión-dominio con la amante del jefe (Maja), el clima de violencia urbano va destilando poderosas gotas de ácido corrosivo que terminan por mostrarnos la verdadera naturaleza de Peter y su nula humanidad.
 
 
 


“Johanna”,  cuya actriz protagonista es la misma Orsolya Toth, es una de las películas más sorprendentes que he visto últimamente en su concepción formal y visual. Un “De entre los muertos” musical, cantado e interpretado como una ópera moderna donde el hilo musical es absoluto dominador de la escena. Música, teatro y cine emparentados en una fábula moderna y contemporánea que se desarrolla en ambientes que remiten a pasadas décadas de régimen comunista con pasillos desangelados y desconchados, subterráneos hacia los que se encaminan progresivamente los actores y la acción como en un descenso a los infiernos, un hospital como referente de toda una pirámide social, y en el centro una mujer determinada a hacer el bien y redimirse aun exponiendo su vida. Dice el director que se trata de una revisión de la historia de Juana de Arco, el referente Dreyer es palpable, simplemente en la vestimenta inicial de la enferma Johanna antes de convertirse en enfermera, pero esa redención de Johanna abandonando las drogas es de un misticismo sexual que despierta el recelo de la clase poderosa. El favor popular lo alcanza Johanna, enfermera ocasional por la líbido de un médico que se cree con derecho de uso al rescatar a Johanna de una muerte más que segura y que la coloca en un hospital para tenerla cerca, mediante su entrega sexual desinteresada. Tras su “resurrección”, Johanna descubre que su cuerpo puede conseguir aquello que los médicos ya califican como imposible, curar a los desahuciados. Johanna curará enfermedades irreversibles acostándose con los pacientes, no media amor ni retribución, sino una meta, un destino, una misión de santidad que el equipo médico no puede aceptar. Reconocer que Johanna alcanza lo que ellos con la sabiduría no consiguen eliminaría su poder, y además, Johanna rehúsa acostarse con los médicos por mero placer, por lo que la sentencia a muerte está asegurada usando los métodos de los que Johanna abusaba antes de su revelación, revelación que sucede tras un atentado terrorista en pleno centro de Budapest en el que un autobús es dinamitado. Mientras Johanna se consume en el fuego de los residuos hospitalarios (Juana de Arco murió en la hoguera acusada de hereje) su herejía ha sido la de cuestionar el mandato del poderoso, porque, como siempre, hay que saber medir las fuerzas contra las que uno se enfrenta porque el poder no suele perdonar afrentas.