miércoles, 17 de junio de 2015

FORBIDDEN FILMS (Verbotene filme, Felix Moeller, 2014)


 
FORBIDDEN FILMS (Verbotene Filme, Felix Moeller, 2014)

 Atlántida Film Festival

Este excepcional documental lo es no sólo por el trabajo de documentación que almacena y que expone, sino por el dilema, aún no resuelto, que plantea. ¿Cabe en 2015 mantener cerca de 300 películas prohibidas en un país como Alemania por entender que su significado nacionalsocialista impide su pública difusión sin pedagogía previa? Estamos ante películas rodadas entre 1933 y 1945, de claro significado propagandístico y cuya exhibición está limitada a pases en filmotecas y con la consabida presentación previa para crear un contexto, sino para dirigir, para que los espectadores, sobre todo la juventud, sea capaz de entender lo que ve y porqué se hicieron ese tipo de historias.
 
 


Todo un potente sistema de producción cinematográfica, con directores elogiados por su maestría en la filmación, con un star system entre los que destacó Emil Jennings, un equipo de guionistas inspirados en una de las ideologías más excluyentes y peligrosas del siglo XX, y dos líderes que consideraban el cine como el mejor vehículo de propaganda, fundamentalmente entre la juventud, Hitler por un lado, y Goebbels, sobre todo, al frente del ministerio de Propaganda. En ese marco histórico el número de películas que se rodaba y se estrenaba era exponencialmente tan elevado como el número de espectadores, las estadísticas que se ofrecen en el documental son reveladoras, frente a unos 120 millones anuales de espectadores en las pantallas alemanas actualmente, en pleno auge nacionalsocialista se alcanzaron los 1000 millones, con películas que tuvieron hasta 30 millones como “El judío Suss” o “Un gran amor”.
 
 


El debate que plantea la película, en un país que tiene prohibida la censura, es cómo mantener oculto este patrimonio cultural, por deleznable que sea el propósito de su creación, y mantener la existencia de libertad de expresión artística. Todo este material es cuidado y supervisado por la Fundación Murnau, donde una comisión decide qué películas son exhibibles, cuáles comercializables, cuáles deben permanecer en el bunker que protege los originales inflamables. La opinión de los expertos estudiosos del cine es prácticamente unánime, este cine ha de salir a la luz, como salieron obras del más ortodoxo espíritu revolucionario soviético, igualmente propagandísticas, y ser analizadas en un contexto y con unos cánones estéticos, pero cuando se pregunta a los limitados, en número, espectadores de estas películas el sentido se invierte, desde el discurso de más que dudosa afinidad filonazi al de la imposibilidad de controlar el efecto de dicha difusión entre generaciones que, cada vez más, ignoran la historia de su país y pueden confundir el mensaje de las películas con la realidad de lo que estaba pasando.
 
 


Curiosamente, cuando el documental sale de Alemania y sigue la exhibición de las películas ante otros públicos, en Jerusalén y en Paris, se oyen los discursos más interesantes de los espectadores, desde el joven que entiende que muy poco ha cambiado desde 1933, y que ahora se hace cine igualmente propagandístico y lo que ha de fomentarse es la cultura para saber distinguir el arte de la realidad y no confundir el mensaje con lo que ocurre a tu alrededor, hasta el público israelí que considera necesaria la difusión para romper con un tabú ya superado en el que ahora no es odio antisemita lo que circula por el mundo occidental, sino odio a Israel fundamentado en su política militar, sabia reflexión.
 
 


En este afán de proteger al espectador no se puede olvidar un propósito paternalista, ¿cómo un grupo reducido de personas puede decidir lo que es distribuible o no en salas o en dvd sin sufrir un vértigo? ¿por qué ellos sí se consideran formados para entender esas películas y hurtan esa posibilidad a la inmensa mayoría de sus compatriotas? ¿si lo que falla es la educación, porqué no plantearse un programa educativo entre jóvenes que les haga conocer lo que todo el mundo dice que ignoran? Al final, ese afán de protección sanciona soluciones desastrosas, como emprender un programa de “desnazificación” de las películas para divulgarlas previo expurgo de escenas “comprometidas”. De esa manera ofrecemos al espectador una realidad manipulada, realmente doblemente manipulada, por un lado el discurso propagandístico inicial, que persiste como realidad manipulada, se quiere contrarrestar con “antipropaganda aséptica” que termina convirtiendo la obra cinematográfica en un producto muy diferente al creado, en un producto censurado, en definitiva, y también en realidad manipulada.
 
 


Pero además, por otro lado, mantener el secreto fomenta la exhibición clandestina de estas películas, precisamente desde el sector ideológico que se pretende combatir. Células neonazis, vía internet, consiguen difundir estas películas y ofrecer pases privados a sus juventudes en fase de formación, por lo tanto, el objetivo que se persigue de intentar pedagogizar a los espectadores antes de verlas, se viene abajo cuando quienes están más interesados en difundirlas por afinidad ideológica las pueden conseguir.  Basta buscar en una herramienta tan poderosa como “youtube” y buscar “El judío Suss”,”El eterno judío”, “Hitlerjunge Quex”, “Stukas”, “Die grosse liebe”, “Los Rothschild” y muchas de ellas son visibles, visibles además a través de enlaces colgados por “nicks” que aventuran una afinidad ideológica palpable con el mensaje de estas historias.
 
 
 


Un estupendo documental con el que volver a retomar un viejo tema, la memoria histórica, una memoria para la que el olvido, los búnkeres, los permisos producen un efecto pernicioso, limitan el conocimiento al estudioso y al cinéfilo activo, y dan ventaja al manipulador para seguir controlando la información interesada sobre un periodo genocida del siglo pasado, todos los clichés aparecen en estas películas, la anglofobia, la francofobia, el imperialismo, el valor de la juventud nazi, la eutanasia, la idealización del ejército y el poder de las armas, el peligroso vecino polaco, el astuto, taimado y destructor pueblo judío………armas propagandísticas donde es más eficaz el mensaje subliminal que el mensaje directo y grosero, de hecho, cuanto más directo es el mensaje la reacción suele ser jocosa, y si éste es subliminal el espectador queda enganchado de una historia sin reaccionar, asumiendo como real que los polacos masacraron a la población germanófila, la concentraron en prisiones, movilizaron a sus tropas antes que los alemanes y se disponían a invadir Alemania, y aún hay espectadores que se lo creen tras ver la película, pero ¿eso justifica prohibir su difusión? Si es así tendríamos que empezar por prohibir la propaganda diaria de los medios de comunicación, aquello fue historia, pero lo de ahora si que hace daño a todo el mundo.