jueves, 11 de junio de 2015

EDEN (Mia Hansen Love, 2014)


 
EDÉN (Mia Hansen Love, 2014)
 


Cuando un  artista me emociona, me gusta, me provoca sensaciones muy diferentes a los que consiguen una inmensa mayoría, me interesa seguir su carrera hasta el momento en que su creatividad toca techo o empieza a declinar, porque entonces prefiero quedarme con el buen recuerdo antes de que la medianía acabe con lo que, en su momento, consideré especial o sobresaliente. Las tres películas anteriores de Hansen Love cumplían  a la perfección esa premisa, “Tout est pardonné”, “Le pére de mes enfants” y “Un amour de jeunesse” mantenían la expectativa de seguir viendo su cine, pero con su último “Edén” la expectativa futura se ha enfriado. Quiero pensar que es la obra irregular que todo buen director realiza en algún momento y que la siguiente película remonte y consiga atrapar de nuevo mi atención, pero esta crónica a ritmo electrónico se me atraganta desde los primeros minutos iniciales, y el tedio y el hastío no me abandona nunca durante las dos horas de historia, en ese sentido me identifico plenamente con el protagonista pero no creo que sea ése el propósito de la creadora, provocar el bostezo y el continuo mirar el reloj deseando que el tormento acabe.
 
 
 


Durante casi 20 años asistimos al vacío desarrollo vital de un personaje central, Paul Vallée, desde su adolescencia hasta su más que dudosa madurez, un desarrollo centrado en la música electrónica, las drogas y sus parejas, a veces simples amantes. Al monótono ritmo machacón de la música electro se suceden, con igual monotonía, conversaciones insustanciales entre los “artistas”, literatos, d.j.,s, novelistas gráficos, consumo sin freno de alcohol y cocaína, nulas responsabilidades y escasos compromisos. “Paris era una fiesta”, pero triste, en el recorrido de Paul y sus parejas más o menos estables, lo que predomina es la derrota y el cansancio, la ausencia de proyecto, el agotamiento de una idea que nace agotada de antemano. Cuando Paul retoma su vena literaria una joven le pregunta ¿eras músico?, y él contestará , “ no, era d.j.”, una forma de reconocer que su faceta artística no le satisface ni le congratula, que era una forma de medrar y vivir la noche sin un objetivo claro, ganar dinero para gastarlo, sólo que en el camino desaparece el patrimonio.
 
 
 


Dicen quienes saben, y lo dice la directora, que la historia y personajes están inspirados en la vida de su hermano Sven, coguionista de la película. Nada influye en mi concepto ni en mi valoración, que sea real no significa que sea interesante ni lo que se cuenta ni cómo me lo cuentan, imagino que los incondicionales de grupos como Daft Punk o del sonido electrónico “garage french touch” tendrán un aliciente sonoro para ver esta película, pero a mí estos ritmos me producen taquicardia y martilleo cerebral, me agota esa sucesión musical, o lo que sea. Los ritmos de la tribu nunca me entusiasmaron.
 
 
 


La directora, a quien presumo su gusto por este tipo de música, pierde el rumbo desde el inicio, el protagonista y todos los que le rodean, van directos a un abismo de infelicidad, los caminos seguidos no conducen a ninguna parte, vivir de noche para no despertar de día. Las mismas mujeres van y vienen en la vida de Paul, manteniendo su misma inconstancia que con el resto de actividades emprendidas, sólo la música electrónica se repite una y otra vez, las fiestas “rave”, los ¿”conciertos”? para gente guapa, todo lo que rodea a Paul y quien le rodea termina deprimido, y lo peor es que el espectador termina odiando a tanto “petardo” reunido muy pronto. Ni las presencias de Greta Gerwig, de Vincent Macaigne, de Pauline Etiénne o de Arsinée Khanjian (la protagonista de las excelentes películas de Egoyan en los 90) aportan nada al relato, como si fueran “artistas invitados” al espectáculo de la vida de Paul, la vida de éste es tan monótona, tan aburrida, tan deprimente que termina infectando al conjunto del relato. Tiene mérito transformar Paris en un lugar ausente de alma y de vida, un lugar hasta cierto punto aborrecible. Lamentablemente la directora ha fracasado en su progresión con una película vacua y sin poso.