miércoles, 20 de mayo de 2015

UNA VITA TRANQUILLA (Claudio Cupellini, 2011)


 
UNA VITA TRANQUILLA (Claudio Cupellini, 2011)
 

Qué fortuna han de sentir quienes son capaces de pegar un portazo y zanjar algo molesto del pasado para siempre, colocar el cerebro en modo off, resetear lo desagradable del pasado a riesgo de colocar una nebulosa sobre lo bueno y agradable. Ser capaz de decir “esto no me pasó a mí porque yo lo digo”, dar un corte de mangas al presente para encarar un nuevo futuro, y ello aunque abandones por el camino amantes, amigos, familia, hijos………una supervivencia individual a coste cero, nada se sufre porque nada se siente una vez que se decide olvidar. El problema es que el pasado puede aparecer delante de ti cuando menos lo esperas, y entonces, frente a frente, tu memoria no está tan blanca ni tan borrada como pensabas, tu aparente displicencia, tu autismo protector hacia lo que te dañaba o te podía dañar, salta por los aires y te obliga a actuar, incluso a perder nuevamente todo lo que querías conservar.
 
 

No es una gran película, pero es una película destacable, aunque solo sea por un dato que, anecdótico en la mayoría de largometrajes, en algunos se convierte en causa suficiente para hablar de ellos. El nombre de Toni Servillo es ese dato bastante para comentar esta película no estrenada en España, ¿cuántos Servillos existirán a lo largo de las cinematografías mundiales que desconocemos por no haber conseguido actuar en películas que han  saltado las fronteras del propio país? Seamos sinceros, si el cine de Paolo Sorrentino no se hubiera estrenado en España, si no conociéramos al pobre contable de la mafia encerrado en un hotel suizo, si no hubiéramos disfrutado de la recreación del divino Andreotti, ¿cuántos conoceríamos el portentoso arte interpretativo de un genio a la altura de los míticos Mastroianni, Gassman, Sordi……? Y pese a ese reconocimiento general, el miedo de la distribución, la “paura” del exhibidor y el carácter acomodaticio del público hurtan, de manera sistemática a este mismo público nada arriesgado las películas, y son muchas, en las que interviene este actor. De 2010 hasta ahora, 10 películas rodadas por el mago de la escena, estrenadas en España, simplemente dos, hay records más portentosos de ignorancia cinéfila, pero para muestra vale este botón.
 
 

Cine negro en el ámbito familiar, la mafia calabresa en el punto de mira, cine italiano en definitiva, pero con un protagonista que es un arrepentido, una persona que puso tierra de por medio para borrar las huellas de su pasado, Rosario Russo ha conseguido convertirse en un chef de reconocido prestigio en un país tan poco dado al arte culinario como Alemania, ha rehecho su vida, nadie conoce su historia, llegó de la nada y de la nada ha construido un refugio para sí y una nueva identidad, una nueva esposa, un nuevo hijo….. Nadie sabe quien fue Antonio de Martino, nadie salvo muy poca gente, la que le ayudó a metamorfearse en Hamburgo, y una viuda y un huérfano ficticios que tuvieron que simular la muerte del mafioso para salvar a éste y, a la vez, su propia vida, una simulación que implica el fin absoluto de toda relación entre ellos para siempre, para sobrevivir todos, todos deben olvidarse.
 
 

Ya no es necesario decir nada más sobre la trama, a la vida de Rosario, por un accidente, llega de nuevo el pasado, el hijo abandonado buscará refugio en el hotel del padre mientras prepara un ajuste de cuentas mafioso para conseguir un contrato de reciclaje de residuos industriales alemanes, las basuras, la mafia y la política, qué metáfora tan reveladora, la basura y los desechos tan ligados a la corrupción y al crimen. El posterior progreso de la acción es lógico y consecuente, al hijo le acompaña el hijo de un capo traicionado por el olvidado Antonio de Martino, el viejo chef deberá recordar sus viejos tiempos de sicario para volver a sobrevivir, en la lucha entre familia y supervivencia prima lo segundo, Antonio dejó de existir como dejará de existir Rosario, camino del este de Europa en un autobús lleno de emigrantes turcos, nuestro protagonista se convertirá en otro emigrante más en cualquier país dispuesto a empezar nuevamente de cero. Un superviviente sin lastre, un hombre sin anclajes porque, ese pasado truculento, olvidado y encapsulado en recónditos canales cerebrales, en cualquier momento reaparece y exige una decisión rápida y determinante. Matar y desollar un jabalí es un entrenamiento perfecto, que no levanta sospechas, para mantener una puntería envidiable y una sangre fría decisiva, el futuro es insondable, el pasado, pasado queda, pero no olvidado, solo aletargado. Nadie olvida para repetir los errores, simplemente se congelan los recuerdos para que no produzca el efecto de la sal sobre una herida. Desconfíen de quien dice que olvida, no es cierto, en cualquier momento el recuerdo reaparece y el golpe es doblemente duro, y no necesariamente para quien quiso olvidar el pasado sino para quien comparte ese presente.
 
 
 

Lo dicho, con otro intérprete es fácil que esta película no hubiera llamado mi atención, con una presencia tan rotunda, tan plena, tan natural en todos sus sentidos, paternal, cariñoso, protector, desconfiado, violento, iracundo, brutal, amenazante, Servillo en su estado habitual, grande entre los grandes, mafioso y chef, un lujo de la escena, un lujo para el cine, un lujo de la cultura y del arte, eso que para cualquier gobierno de los que sufrimos se confunde con  romerías, folclore y leyendas locales, incluso hasta matar toros en un ruedo es considerado un arte cuando los otros siete son despreciados y humillados hasta decir basta.