domingo, 24 de mayo de 2015

SONG OF THE SEA (Tomm Moore, 2014) EL JARDÍN DE LAS PALABRAS (Koto no ha no niwa, Makoto Shinkai, 2013)


SONG OF THE SEA (Tomm Moore, 2014)
 

EL JARDÍN DE LAS PALABRAS (Koto no ha no niwa, Makoto Shinkai, 2013)

ANIMACIÓN, cine sin niños
 
 


Quien identifique animación con cine para niños, él (o ella) se lo pierden, aquí comento, brevemente, dos producciones recientes, una de ellas en cartelera, llenas de sutileza, sentimiento, oscuridad, fatalismo, y sobre todo, con la calidad suficiente para ser consideradas buen cine, ni grandioso ni imprescindible, pero de esas películas que dejan de ser mero entretenimiento vacuo y estéril para proponer preguntas complicadas, porque la vida no es algo sencillo y armonioso, en la elección surge el problema.
 
 
 
 

En la película franco-irlandesa, francesa por el capital y por parte del equipo técnico, pero plenamente irlandesa en cuanto a la historia, el director Tomm Moore retoma leyendas irlandesas para, colocando a niños en los papeles centrales de la historia, revelar lo difícil que supone hacer el bien, lo complicado que es querer eliminar dificultades que matan el corazón de la gente, la complicada armonía entre el mundo natural y el humano en un viaje de ida y vuelta, del faro donde vive esta familia disfuncional hasta la ciudad urbanita donde reside parte del pasado de Irlanda, una familia formada por un hombre y una mujer que no lo es por ser una “selkie”, un ser que se transforma en foca y ha de retornar al mar en un momento dado, y los hijos de este matrimonio, en el que, la pequeña Moina (Saoirse en la versión francesa) hereda los genes maternos y su mundo está a caballo entre la tierra firme y su naturaleza foquil. Las leyendas, los seres mitológicos, las luchas entre dos tipos de bien enfrentados por la disyuntiva de eliminar el sufrimiento de la vida de los humanos y los seres de la otra dimensión o la necesidad de vivir con plenitud de sentimientos, aunque ello suponga enfrentarse a un imprescindible sufrimiento, coloca a Ben y su hermana Moina en la difícil tesitura de elegir, de abandonar la naturaleza humana o abandonar la naturaleza de la selkie destinada a salvar a la humanidad de la catástrofe de un mundo privado de sentimientos y con personajes transformados en piedra. En 2009 “El secreto del libro de los Kells” presentó en España un tipo de cine de animación muy particular, como si un códice medieval fuera representado en movimiento. Ahora Moore mantiene su estética, sus cuidados personajes y su línea pictórica representativa. No creo que los niños puedan disfrutar con los avatares y sufrimientos de la pequeña niña-foca, ni la pérdida de una madre y la representación de un padre abatido ha de ser plato de buen gusto para los pequeños, la opresión de la odisea  va dirigida al adulto, a quien es capaz de diferenciar lo importante de lo superfluo y que sabe la realidad de lo que se ofrece, el escaparate final, luminoso y alegre puede no ser suficiente para administrar el trauma precedente, padres que piensen en sus hijos valoren la madurez de los retoños para enfrentarse con las dificultades de la vida, sus consecuencias y la necesidad de elegir y porqué.
 
 
 
 

Más complicada, más adulta, más preciosista, más morosa, más sentimental, más moralmente complicada es “El jardín de las palabras”, pequeña joya del cine de animación japonés, que, con toda la sutileza posible, habla del progresivo enamoramiento entre un adolescente taciturno, melancólico y una mujer adulta (15 años él, 27 ella), atormentada, dolorida, depresiva, que comienzan encontrándose, y sólo lo harán, en un parque del barrio de Shinjuk en Tokyio los días de lluvia, los días que van de mayo a junio. Ambos aman los días lluviosos y eso les lleva al encuentro, casual, no premeditado, en un mismo rincón de un parque que lleva a la costumbre, a la necesidad de irse encontrando día tras día y a deprimirse los días soleados de la estación lluviosa, una manera como otra de reafirmarse y situarse en un lugar perdido en el mundo. La película no pasaría del preciosismo y la delicadeza si no supiéramos que entre el joven y la adulta existe esa diferencia de edad, ese abismo que causa dolor a ambos porque la lluvia les une pero también les separa. En el progresivo grado de confianza que les une se van destacando las razones por los que cada uno ha escogido los días de lluvia para dejarse caer por un rincón apartado de un parque que nadie visita cuando llueve. Al primer encuentro, cuando Yukari se despida con la enigmática frase “si la lluvia no cae y la tormenta no hace eco, y el cielo no esté nublado, ¿podrías estar aquí?”, al cabo de los meses Takao encontrará la respuesta en el poema original japonés “si tu estás, incluso cuando no llueva, estaré aquí”. Tema complicado, tema moralmente discutible, la delicadeza de la propuesta hace olvidar, por momentos, el problema de fondo, más aún cuando se descubre que Yukari es profesora y está de baja por un equívoco en el que se le ha acusado de salir con alumnos. El círculo se cierra donde empezaba a abrirse, el dilema moral abierto al principio y olvidado durante el sensible y espectacular desarrollo visual de la historia, retorna con toda su fuerza al final de la película dejándonos con una pregunta en el aire que los personajes resuelven de una manera políticamente correcta pero seguros de su comportamiento futuro. Los zapatos que Takao confecciona para Yukari son la respuesta más evidente a las dudas, como ese abrazo que pone punto y seguido a esa relación problemática. Los trenes que surcan esta película no alcanzan el significado de Ozu, pero también tienen el de encrucijada y destinos sin rumbo. Una apreciable película a recomendar.