viernes, 29 de mayo de 2015

IT FOLLOWS (David Robert Mitchell, 2014) POLTERGEIST 2015 (Gil Kenan, 2015)



IT FOLLOWS vs POLTERGEIST. Del terror a la “pesadilla”.

 

IT FOLLOWS (David Robert Mitchell, 2014). “Si follas mueres, si no follas también”

POLTERGEIST (Gil Kenan, 2015) “Basura fílmica”
 

 

El cine de género cuenta siempre con una legión  de seguidores. Ciencia ficción, policiaco, aventuras, terror……… son tipos de cine por su contenido que determinados aficionados consumen con independencia de su calidad. Por eso confronto dos películas del género “terror” que se encuentran en las antípodas, por presupuesto, por hechuras, por contenido, por justificación…….seguramente las dos cuenten con buenas recaudaciones, aunque una de ellas no merezca ni existir y debería encontrarse en ese averno inencontrable que pretende reflejar en imágenes.
 
 
 


El Poltergeist 2015 invita  a la reflexión de preguntarse qué pasaría si un hipotético novelista cogiera ahora “El Quijote” de Cervantes, mantuviera todos sus episodios, cambiara algún nombre y editara una novela manteniendo el título y cambiando algún elemento definidor pero adjetivo, de la historia de los protagonistas. Probablemente nadie lo tomaría en serio. Hay precedentes de películas copiadas plano a plano del original, el ejemplo más evidente la versión de Psicosis, o remakes que un mismo director hace de su obra, como el “Funny games” de Haneke. Siendo generoso diré que nada aportan sobre la primera película. Por eso cuando se asiste a la proyección de “Poltergeist 2015” uno quiere pensar que será una secuela (la enésima) de la historia inicial, o una precuela, que aunque nada sea sorprendente o novedoso exista un mínimo interés para justificar la producción.
 

 
 


Pues no, no la hay, olvidando la económica, que no puede ser causa menor para una multinacional, repetir un clásico del cine de género como Poltergeist eliminando hasta el punto canalla y divertido de la inicial, para repetir paso a paso una historia mil veces vista impide hasta valorar el resultado por ausencia de propuesta. Que sepas lo que va a pasar no sería inconveniente alguno porque todos hemos visto muchas películas muchas veces y más que las veremos y no nos cansamos de recaer, de recitar los diálogos un segundo antes de que el actor lo haga en pantalla, lo que ocurre en este subproducto es que todo es atropellado, todo se dirige, sin tensión alguna, hacia la traca definitiva, como si la película justificara su existencia en la introducción de planos de ese submundo en el que es atrapada Caroline (perdonen, en esta película se cambia el nombre de la niña, pero para los amantes del género Caroline siempre será Caroline) o en el uso de efectos especiales que allá por los 80 no eran aún imaginables. Subproducto cercano a la infamia cinéfila ni tan siquiera se permite la broma de terminar echando la culpa a la televisión como en el original. Me cuesta creer que las nuevas generaciones que no hayan visto en pantalla grande “Poltergeist” vayan a disfrutar con esta anémica historia de 2015. La pretensión de buscar un ambiente de crisis económica familiar, un padre en paro, una madre escritora en crisis de creatividad……no son más que boutades de guionista barato, ni aportan nada al relato ni justifican la historia de terror que se transforma en pesadilla inaguantable.
 
 


Cosa, y caso distinto, es el de IT FOLLOWS, película norteamericana en las antípodas del precedente comentario, tan en las antípodas como la distancia que media entre el buen cine y el garrafón caducado. “It follows” no defraudará, ni al amante del género ni al amante del cine en general. No hay mejor película de terror que aquélla que huye del susto fácil, del sangriento catálogo de mutilaciones o del psicópata asesino en serie que va eliminando uno a uno a un grupo de adolescentes hormonados. Y sin embargo en “It follows” hay adolescentes, hay algún susto y hay alguna muerte, y también hay, pese a su novedoso planteamiento, referencias evidentes a otros filmes reconocidos, ya por crear sagas o por su unánime aceptación crítica y de público, lo que no disminuye el acierto final de la obra ni el riesgo visual de la propuesta.
 
 
 


Aunque hasta el resumen de prensa acaba con la sorpresa de los primeros cinco minutos de película y con lo que sucede más o menos hasta transcurrido un cuarto de hora de la misma, me niego a explicar qué significa “si follas mueres y si no follas también”. Hay una especie de maldición en el origen del terror que angustia a Jay, la protagonista, hasta podría pensarse que una financiación de alguna secta integrista patrocina la película para evitar que la juventud tenga sexo libre cuando y con quien apetezca, pero no, la película no va “de eso” y se encarga de evidenciar que el mensaje, de existir, es muy otro. En la película mueren dos personas, una mujer y un hombre, su comportamiento sexual difiere notablemente, incluso Jay se comporta sexualmente de manera diferente a como lo hacen o expresan los jóvenes de sexo masculino que aparecen en su trayectoria.
 
 
 


Y, de manera consciente o inconsciente, el director presenta una diferente forma de pensar en la sexualidad entre ambos sexos, ¿cliché, estereotipo? Puede ser ese el punto de partida, pero no el de destino, Jay reflexiona sobre las consecuencias de sus actos, sabe cuál es el antídoto a la maldición y no por ello opta por la solución más fácil a primera vista, no será hasta el momento de la desesperación última cuando intente desprenderse de la maldición de la manera más sencilla, de la manera masculina. Junto a este motivo secundario de la trama, el retrato psicológico femenino frente al sexo adolescente, el principal logro de Robert Mitchell es el de la estética, el de la luz, el cine es luz, o su ausencia, que no deja de ser otra forma de luz, la imagen, el inconfundible marchamo de onirismo que las imágenes componen en una historia alejada de la realidad. Tan incomprensible para Jay como para sus amigos es la situación que la imagen va empañándose, el cansancio de la vigilia casi permanente termina distorsionando los perfiles. Vivir en la sospecha permanente, cuestión de vida o muerte, te transforma en un ser paranoico, en una persona condenada, en una persona sin planes y que sólo puede aspirar a vivir al minuto para salvarse.
 
 
 


La circularidad de muchos de los planos absorbe la visión del espectador y le coloca en la posición de vigía permanente, el inicio de la película plantea todos los interrogantes que se irán descubriendo y los plantea sin revelar las incógnitas. Los afectados por el virus letal ven cosas que los demás no pueden ver ni sentir, el director nos coloca en la posición del vecino, del padre, de la persona que no es la chica que huye. El final de la persecución es un cuerpo muerto y sangriento con una pierna dislocada y creando un escenario digno de las composiciones de las series “Hannibal” o “Trae detective”. A partir de entonces la visión del espectador se transformará en la de la víctima cuando reciba el regalo envenenado, es entonces cuando nuestro punto de vista cambia y empezamos a compartir las visiones terroríficas, el miedo y la angustia permanente, la persecución del diferente. Y si, quizás la película tampoco merezca demasiados elogios, ni sea tan original como se cuenta, pero el producto es notable, visualmente muy potente, y aunque muchos de sus pasajes recuerden a la saga “Pesadilla en Elm Street”, ni por su forma ni su contenido pretende igualarse a ese referente, y es el homenaje a “Déjame entrar” en la piscina de un centro deportivo semiabandonado lo que marca la diferencia en la comparación de ideas previas, querer parecerse al producto de calidad frente al producto de mercado implica que el director ha querido ofrecer una película con clase y personalidad, y esto es indudable e innegable.