lunes, 6 de abril de 2015

STRATOS (To mikro psari, Yannis Economides, 2014)


 
STRATOS (To mikro psari, Yannis Economides, 2014)
 

Cómo la sombra de Melville (Jean Pierre), es demasiado alargada.
 

No es ninguna broma la referencia, ni ninguna pérdida de tiempo la visión de esta película procedente del festival de Berlín de 2014, la economía de palabras, el estatismo de los planos, la aparente singularidad mística provocada por un vacío existencial de este asesino queda reflejada en la primera escena de la historia, en un campo de batalla arrasado por la crisis, qué mejor referencia que un cementerio de trolebuses que vivirían mejor momento en el apogeo comercial y de corrupción de la Grecia olímpica, Stratos lleva a cabo uno de sus encargos. Soledad y rituales en paisajes urbanos despoblados, calles desiertas, urbanizaciones abandonadas, negocios nocturnos a los que la policía ni llega ni quiere llegar.

La fidelidad al jefe encarcelado, la apariencia de alejamiento de un mundo criminal con el sólo objetivo de no parecer sospechoso a los ojos de la policía, coloca a Stratos en la necesidad de ser panadero de noche y ejecutor de día. Sin cuestionarse la moralidad o la justificación de sus actos, recoge arma y datos del objetivo, el fajo de billetes necesario para que el encargo no sea una obra de misericordia y lleva a cabo la misión con la frialdad de quien no sufre por el mal ajeno mientras tenga un líder a quien seguir.

El mundo de Stratos se desmorona con la traición, que su jefe Leónidas sea vendido en prisión, que quienes le han embarcado en la tarea de liberar a quien le salvó la vida terminen engañando a toda la banda, es algo para lo que Stratos no está preparado. Los encargos dejan de realizarse y su propia vida es cuestión de horas o días. Un único propósito mueve a este justiciero, limpiar de podredumbre su vida antes de desaparecer. El demonio se transforma en ángel exterminador, ha dejado su cuchilla de carnicero con la que despiezaba a sus víctimas en los años en que consiguió su fama en este inframundo, un disparo es más silencioso, más limpio, más profesional.

Stratos se derrumba al tiempo que limpia Atenas de una mínima porción miserable de bajeza moral. En la operación de limpieza de Stratos hay mucho de crítica a la sociedad griega, siempre hay unos jerarcas que se lo llevan a manos llenas, innacesibles salvo que en su poder cometan la ligereza de creerse intocables, pero esos jerarcas, en este caso de la corrupción y del crimen organizado, no subsistirían si no existieran personas dispuestas a corromperse, a justificar que una esposa se prostituya, que pase de mano en mano de una familia que se ha convertido en acreedora de una hipoteca en tiempos donde los bancos no son capaces de prestar a la gente honrada, de una mujer capaz de dejarse ensuciar a cambio de dinero y una rebaja de una hipoteca sin tener remordimientos por dejar a una hija fuera de casa mientras folla con el jefe de una banda mafiosa.  La tolerancia de Stratos es infinita mientras se mantiene su estructura de lealtad y honor, cuando ésta desaparece a manos de las personas en quien más confiaba, nada es previsible en sus actos siguientes, incluso se deja llevar al matadero como antaño sacrificaba sanguinariamente a sus encargos, lo malo no era ser ejecutado, sino que el ejecutor fuera el propio Stratos.

A contrareloj, Stratos limpia una mínima parte del nido de ratas, su hieratismo final sólo es reflejo de algo que ya intuíamos, Stratos lleva muerto mucho tiempo, dos tiros bien dados no son castigo, sino punto y final a una vida miserable llena de insatisfacción. El plano final de Stratos remite a uno de los planos iniciales de la también película griega “Miss Violence”, un picado nos permite ver el cuerpo de Stratos tumbado, como veíamos el de la niña precipitada al vacío, al igual que en ésta, hay una mirada ajena a la de los protagonistas que sobrevuela toda la historia, una tercera mirada intermedia a la nuestra, la mirada de quien ve y juzga, o simplemente juega con los humanos. Hubiéramos pensado en una investigación, en un espía, en un infiltrado, pero esta película de cine negro, cuyo mayor punto negativo es su duración excesiva en busca del ensimismamiento,  juega a la reflexión, ¿dónde están los que han de supervisar y controlar que todo esto no ocurra? Siendo cine griego parecería que Economides coloca a los dioses divirtiéndose con los juegos de los humanos, de ahí que ese plano final sea desde las alturas, cansados del ir y venir de Stratos han decidido cortar los hilos de la  marioneta y cambiar de agente de divertimento. Ya sea de los dioses o de los mercados, blancos o negros, no dejamos de ser marionetas que no controlamos nuestro destino nada más que para decidir una muerte anticipada.