sábado, 18 de abril de 2015

NO AMARÁS (Krzysztof Kieslowski, 1988)


 
NO AMARÁS (Krzysztof Kieslowski, 1988)
 


El decálogo de Kieslowski es una de esas obras recurrentes  a las que acudir cuando se quiere hablar de la profundidad del sentimiento, del alma (si es que existe), de la psicología, de las debilidades, de las inmoralidades, de las bajezas, pero también de lo mejor del ser humano. Recordar épocas en que este tipo de cine se podía ver en la televisión pública, incluso subtitulada, es un ejercicio de lamerse las heridas inútil y doloroso, aquellos brotes de audacia cultural procedían de gente culta, aunque equivocada en muchas otras cosas, ahora puedes tener de director general de cinematografía a alguien que no ha pisado un cine en su vida (es un decir) y nada se subvertirá ni nadie protestará, puedes tener como director de programación a alguien que no sepa hacer la o con un canuto, o que proceda de la redacción de un medio privado afín a los intereses partidistas, en definitiva, nadie vive pendiente de la cultura. Se equivocan, otra cosa es que no suponga rédito electoral y que, además, cuanto más inculto sea el espectador mejor puede creer que todo lo que ve en televisión o lee en la prensa de papel es verdad.
 
 


Da vértigo pensar en la primera vez que viste una película de Kieslowski, en mi caso fue La doble vida de Verónica y quedé impactado, muy desubicado, con la sensación de haber descubierto algo que parecía enorme y de quien no había oído hablar hasta entonces, éramos jóvenes e ingenuos, creíamos que el cine era lo que se hablaba en inglés, que lo importante eran las películas que arrastraban millones de espectadores, pero poco a poco te vas dando cuenta de que el modelo de revistas como Fotogramas y después Cinemanía eran el equivalente al Hola, dirigidas a un concepto del cine como industria y como perpetuación del “star system”, afortunadamente empecé a encontrar otros modelos y referentes, me empezó a llamar la atención cómo gente muy sabia con lo del cine nunca comentaba en el periódico los estrenos de campanillas y se centraban en otro tipo de cine, en otro tipo de historias. Lo importante era el autor, no el actor, lo importante eran los guiones y no las artimañas, que el cine era más que mero entretenimiento y que el buen cine ha de hacerte pensar. Y en estas llegó Kieslowski. Ahora todo ha cambiado, todo es accesible e inmediato, entonces había que esperar año tras año, o más tiempo, el siguiente estreno del director que gustaba, y el cine anterior era imposible de revisitar, el mercado del vídeo era escaso y caro, y de vez en cuando, podías usar el vídeo para grabar grandes ciclos en TV, como esta película, por ejemplo.
 
 


Volver a ver “No amarás” unos cuantos años después te permite ir atando cabos que unan diferentes películas del director polaco, vistas sucesivamente puedes comprobar la evolución y la depuración del estilo manteniendo su esencia propia, pero permite, sin lugar a dudas, recordar escenas de otras películas posteriores que ya están en “No amarás”, los espejos, tan importantes en “Azul”, permanecen inalterados por el paso del tiempo en “No amarás”, el miedo a la vejez y la soledad discurre como un hilo conductor por todas las películas “francesas” de Kieslowski pero alguno de los mandamientos del decálogo ya lo apunta, como es el personaje de la mujer mayor que acoge en su casa a Tadek en “No amarás”, el asalto a la intimidad, otro de los temas que Kieslowski recuperará después en “Rojo” se encuentra en el centro de atención de este “No amarás”, variando la finalidad y la justificación, pero finalmente, como en la última maravilla rodada por el director antes de morir, la persona que inicialmente reniega del espionaje, termina cayendo en sus redes, el desdoblamiento, la idea del “dopplenganger” que es el leitmotiv de “La doble vida de Verónica”, se apunta al inicio de “No amarás” cuando Tadek no sabe si vive, sueña o se despierta muerto, porque en el fondo, estamos ante una película que empieza por su final.
 
 


Hay interpretaciones religiosas acerca de esta película, interpretaciones que transponen a Tadeo, Magda y la vieja como los personajes bíblicos de Jesús, María Magdalena y María, no seré yo quien entre en disquisiciones teológicas que se me escapan y que, personalmente, nada me aportan, lo que si veo es la evolución del amor, lo que cada uno cree que es amor y lo que nunca existió, y cómo ese amor ideal se rompe y cómo esa idea de inexistencia del amor termina claudicando al evolucionar Magda hacia un sentimiento que ella creía mentira. Para Tadek fuera del amor no existe nada, toda su vida gira alrededor de un azar que condiciona su existencia, sus trabajos son buscados para acercarse a Magda, su jornada pende de un despertador que le recuerda los horarios a los que Magda regresa a casa, acumulará empleos siguiendo las costumbres de Magda para cruzarse con ella. En Tadek la idea de amor significa renuncia y entrega, todo por y para la imagen ideal de una persona a la que no se conoce. Tadek espía a su vecina imaginando cómo sería la vida con ella, dentro de la invasión de intimidad mantiene ciertas reglas de pudor, pero ello es ficticio, cuanto más espía más cercano se siente de Magda y más intenta evitar que manche su “pureza”, la imagen ideal de la mujer queda en entredicho tarde tras tarde cuando Tadek comprueba su vida íntima, tratando de sabotear sus citas, Tadek rescata a la amada pero, al mismo tiempo, desarrolla los celos de un amante. Cuanto más osado se convierte Tadek, más consecuencias sufre Magda en su vida diaria, y como buen católico que era Kieslowski, el personaje del muchacho se ve en la obligación de revelar lo que ha hecho cuando comprueba que su acción causa daño y dolor, es una confesión que desemboca el desenlace.
 
 


A partir de ese momento cambia la perspectiva, Magda reacciona con burla y distancia, con desdén al  principio, curiosidad después y finalmente humillación, en esa humillación inicialmente no premeditada y en la que Magda intenta abrir los ojos al joven para que sepa en qué consiste el amor para una mujer madura de vuelta de todo, intentando hacer ver al joven que su sentimiento no deja de ser una excusa del deseo, la ruptura de la inocencia de Tadek va a coincidir con el cambio en el interior de Magda. A modo de sacrificio y sin pretender ejemplarizar, el muchacho decide que una vida sin amor no merece la pena, al tiempo, el comportamiento de Tadek se convierte en un enigma para quien no ama a nadie y ha confundido sexo con amor. La desaparición de escena de Tadek, que recuerda la del protagonista de “Trenes rigurosamente vigilados” provoca en la mujer el mismo comportamiento que previamente hemos visto en el joven, si para él el amor significa la obsesión de no vivir más que para conocer a la mujer, para ésta tomar conciencia de que el amor existe realmente más allá del deseo es toda una revelación y una conmoción, iniciando el proceso de búsqueda, de lograr despejar las interrogantes de un comportamiento que supera su mentalidad.




 
 
 
 

En la vida de Magda nada hacía presagiar el cambio de perspectiva, una vida llena de desilusiones, en plena madurez, no esperaba tanta entrega, tanto sacrificio, tanta devoción por parte de un desconocido. Como si el catalejo a través del que mira Tadek contuviera un virus contagioso, al mirar Magda a su través, comprueba la fortaleza adquirida cuando alguien llora acompañado o consolado, en un pensamiento imaginado en forma de desdoblamiento, los reflejos de ambos personajes vuelven del pasado al interior de esa cocina observada desde el edificio de enfrente, nunca estuvieron juntos en ese momento, pero el amor es tan fuerte como para que en otro tiempo y espacio, ambos personajes se reúnan y se acompañen. Ahora los dos han conocido el amor verdadero, la atracción emocional de hacer algo por alguien que te atrae, Tadek y Magda unen su vida en otra vida inexistente, en una vida irreal pero imaginada. La diferencia de edad no es obstáculo para el pensamiento, lo que ocurre es que en el sacrificio de Tadek y en la redención de Magda chocaremos con el obstáculo de la vida real. A la emoción de descubrirse las miradas, de intentar tocar los vendajes Magda, de la siempre vigilante mirada de la vieja protectora, el recorrido de futuro se revela incierto. Para alcanzar el amor ha sido tanto el desgaste, la pérdida, lo dispuesto a abandonar por Tadek, y al tiempo, la revelación que sufre Magda es tan fuerte, tan desastrosa para su pasado, tan comprometedora de su descreimiento previo, que, al recuperar ambos la noción del tiempo y del espacio, ¿les quedará fortaleza para reemprender un camino juntos o habrán de evitarse ya que no supieron comprenderse en el momento justo?



 
 
 
El título “No amarás” no resulta así ocasional o predeterminado, no amarás es el mandamiento del decálogo kieslowskiano dispuesto para que no sufras por lo inalcanzable, en “No amarás” nadie gana y todos pierden, todos son capaces de rebajarse moralmente por un fín con escasa posibilidad de ser logrado, porque para Tadek el amor espiritual y el amor físico resultan incompatibles si no se toman en serio, como para Magda un amor espiritual sin amor físico resulta inconcebible, de esa manera cuando ambos piensan en el componente sexual de las relaciones humanas, Tadek ve subvertida su noción de la mujer ideal y Magda advierte cómo sus últimos años han confundido el amor con el sexo y se siente impropia, insegura ante la evidencia de su comportamiento cuando creía que nada de lo que Tadek le ha enseñado puede existir en la realidad. El título original de la película nada tiene que ver con este “No amarás”, “Breve película sobre el amor” trata precisamente de esto, de las diferentes miradas sobre el amor, el amor de una madre solitaria, el amor de una vieja mujer que no quiere quedarse sola, el amor de un joven muchacho dispuesto a todo por ver la vida de su amada, el amor que descubre la mujer madura cuando ya había renunciado a la existencia de ese sentimiento, todos miran, e incluso Kieslowski cambia la orientación de la mirada, su primera hora es la mirada de Tadek, tras el intento de suicidio hay un breve paréntesis previo y posterior donde la vieja mujer adopta la posición de tercera vigía, siente desde la distancia la decepción y hundimiento de Tadek y el peligro que para el joven es la obsesión de la mujer, y en la última media hora es la progresiva mirada de Magda la que indaga, descubre, muta su percepción para descubrir que, lo que ella entendía como un acto propio de un pervertido, se trataba de una sucesión de comportamientos amorosos para ella, una vigía constante, un sacrificio personal a cambio de nada.
 
 


Cuando el catalejo se guarde, las ventanas sigan sin que las cortinas se corran y cuando uno llore enfrente del otro sin ocultarse, no sabremos lo que pasará, pero lo cierto es que la forma de entender el amor es tan diversa como quienes lo protagonizan, lo sienten o lo ignoran, ese es el contenido del mensaje que yo entiendo, si alguien cree que estamos ante una película ultracatólica, que condena a la mujer promiscua y transforma a Tadek en un mártir de la castidad, allá cada uno con sus creencias o prejuicios, para mí es una de las más trágicas películas de amor de nuestro cine, lo demás, pamplinas mojigatas.