domingo, 12 de abril de 2015

LA RELIGIEUSE (Guillaume Nicloux, 2013)


 
LA RELIGIEUSE (Guillaume Nicloux, 2013)
 
 

A mediados de los 60 Jacques Rivette consiguió una obra redonda llevando al cine la novela de Diderot, una novela pre-revolucionaria, luciendo como intérprete a Anna Karina, ¿qué mueve a un director a volver sobre la misma historia 50 años después? En los 60 de hervidero intelectual, liberación femenina, movimientos anticapitalistas, la historia de Suzanne de Simonin, monja a la fuerza, podía ser interpretada metafóricamente más allá del relato literal de la joven , tercera hija de un noble muy venido a menos y condenada a profesar en un convento para evitar al padre una nueva dote y para que la madre pueda expiar su pecado en la persona de su hija, pues Suzanne no es hija del esposo sino de una aventura extramatrimonial entre nobles exiliados.
 
 
 

Como se ve, el folletín está servido, la pobre cenicienta obligada por la madre y las hermanas, sometida a todo tipo de presiones inútiles porque su voluntad no es la de ser monja, y que sólo termina aceptando cuando la madre cuenta el secreto y desvela que no es hija de quien cree ser. En ese momento la joven entiende el desapego de su madre, nota la diferencia de trato con sus hermanas, se siente fuera de esa familia y renuncia a seguir oponiéndose. Sin embargo, en el siglo de las luces, Suzanne sentirá que su libertad es más importante que las convenciones, obligada a aceptar lo que no quiere, su voluntad se hará más terca y tendrá que enfrentarse al desprecio de las compañeras de convento.
 
 

El fundamentalismo religioso proporciona malos recorridos, en un tiempo donde el poder terrenal de la iglesia era absoluto, decidir abandonar un convento no dependía de la exclusiva voluntad de quien profesaba. En este itinerario Suzanne deberá enfrentarse a tres madres superioras a cada cuál más distinta, desde la inicial madre en todos los sentidos, sufriente por no ser capaz de que la joven acepte formar parte de la comunidad al tiempo que respeta su decisión, a la joven superiora déspota y que en todo ve la mano del demonio, para acabar con la superiora a la que, el amor de Cristo no le es suficiente y necesita amor terrenal que caliente su fría cama por las noches, otro papel breve pero intenso, encarnado por Isabelle Huppert.
 
 

En una película de mujeres, son los hombres religiosos los que salen bien parados, son ellos los que introducen racionalidad y humanismo en las reglas conventuales y aligeran el peso de la situación de Suzanne, probablemente no sea justo, probablemente Diderot trataba de dirigir su novela a un futuro en que el estamento eclesial también tendría que desempeñar su papel contra la monarquía absoluta, como obra moralizante e ideológica, Diderot tiene que otorgar el triunfo a la libertad del individuo, a la luz y la razón sobre la oscuridad de la fe enfermiza y obligada, pero, ¿a quién le importa la historia de esta monja a la fuerza en la Europa del siglo XXI?, la película es correcta, bien interpretada, oscuramente iluminada, pero aparenta lejanía, la que provoca una situación alejada de nuestra realidad, una anécdota histórica que no nos acerca al problema real que las religiones nos provocan hoy en día, es por eso que, no siendo mala película, no aporta nada ni ninguna finalidad consigue.