martes, 17 de marzo de 2015

TOKYO TRIBE (Sono Sion, 2014)


 
TOKYO TRIBE (Sono Sion, 2014) Calificación: 6,5
 
 

La última película (¿última?, con el cine de Sono Sion resulta casi imposible saber cuál es su última película y hasta cuál es su penúltima película, ésta de 2014, ahora hay en posproducción 4 películas para 2015) de Sono Sion recupera todos los defectos y todas las virtudes del director japonés. Su exclusión casi absoluta de las carteleras españolas no está justificada, como para tantos otros, pero parece inexplicable que quien ha ganado premios en Berlín, Deauville, Chicago, Montreal o Toronto no encuentre un mínimo espacio fuera de los festivales para ser conocido por el público en general y no sólo por el crítico de turno, el “mangaka” que no se pierde nada procedente de Japón o el y curioso espectador que no se limita al sota, caballo y rey del cine comercial y necesita apreciar, o despreciar, otras culturas, otras formas de hacer cine, otras maneras de manifestar un arte tan poliédrico como es el de las películas.
 
 
 

Reconozco que viendo el cine de Sion puedes sentir rechazo puntual, pasar de la admiración al fracaso en varias ocasiones por sus diferencias formales dentro de una misma escena, por su exceso visual y su exageración gestual y argumental, por su hiperviolencia nada realista, por su tratamiento, no del sexo, sino del cuerpo de la mujer desde los clichés asiáticos como lolitas que enseñan permanentemente su ropa interior, sobre todo las bragas. Pero pese a esos desconcertantes momentos, el cine de Sion tiene una fuerza y una pegada absolutamente intransferible, que asemeja su cine al de Miike, por ejemplo, pero con la grandeza de mezclar géneros sin pudor y sin medida. Es posible que, de las últimas películas que he podido ver de Sion, y faltándome muchas, es la que menos dispersa la trama en temas subyacentes, amor, sexo, poder, religión y violencia están en sus películas anteriores, sólo que en “Tokyo tribe” religión y poder quedan aparcados, al menos la religión y el poder oficial, que sólo son referentes de pasada, que el sumo sacerdote de Tokyo resida en la Torre de Tokyo y sea la encarnación del diablo en Asia ya indica el concepto que tiene Sion de la influencia religiosa en la sociedad nipona, y que una de las primeras masacres de la película tenga como víctimas a un selecto grupo de representantes y dignatarios del P.D.L., siglas del partido que ha gobernado casi de manera ininterrumpida Japón tras la derrota en la segunda guerra mundial, y bautizado en la película como el Partido Demagógico Literal, también merece el guiño irónico acerca de lo que la política oficial representa en el cine de Sion.
 
 
 
 

Pero estando esos temas latentes durante toda la película, el elemento definidor de ésta es que nos encontramos ante una película MUSICAL, si, en el sentido clásico del término y del género. Claro que, siendo cine de Sono Sion el musical no podía ser el convencional cliché de canciones pop, rock o ñoñas canciones juveniles japonesas, la película se desarrolla a ritmo de “rap”, a ritmo de bandas callejeras que tienen el rap como modo de expresión, canciones que si se llega a estrenar la película en España, espero que se subtitulen porque cuentan la trama de la película, explican el comportamiento de los personajes, sitúan al espectador en esta alocada noche tokiota donde se decide el control de la ciudad entre las bandas. Me atrevo a apuntar que si alguien queda enganchado con el primer minuto de película, y sigue hasta el minuto 10, no podrá dejar de ver el resto por más que haya partes o situaciones menos conseguidas. Esa grúa que sigue por las calles de Tokyo en el barrio de Bukuro a uno de los rappers que presenta la ficción hasta la aparición de la policía y el uso fetichista por parte del director del cuerpo de la mujer policía abusada por Mera, el líder de la banda, presenta el tono del resto de la película, si atrapa no habrá problemas para seguir, si desagrada, mejor dejar la visión en ese momento.
 
 
 
 

Estamos ante una película de bandas que luchan por el poder y el control, el status quo se rompe por una razón que se desvelará al final de la película y que no hay que revelar porque es uno de los chistes más logrados del cine reciente, en el medio aparecerá una joven luchadora que se alía con el bando de los raperos pijos del barrio de Musashino, Erika la hija del sumo sacerdote, la virgen necesaria para mantener el poder de la religión sobre todos los clanes. Los clanes de los Saru, los Hands, las Gira Gira Girls, los D..N.Town, los Koenji Jack, los barrios de Shibuya, Shinjuku, Kabukicho…….un Tokyo sin control del estado, donde nadie osa enfrentarse a Mera ni a Lord Buppa, una lucha a muerte por el control de las bandas y la recuperación de la virgen que ha de ser sacrificada en el altar de la Torre de Tokyo………un desbarre en definitiva, pero un desbarre propio de Sion y de su cine, una película que no defrauda a los seguidores de este “peculiar” director japonés. Como en “Inherent Vice” triunfa el “Paz y Amor” aunque sea a fuerza de patadas y puñetazos, y las referencias explícitas e implícitas a “La naranja mecánica” son evidentes. A mí me gusta este director y su cine, pero admito que no será plato de buen gusto para muchos espectadores, así que no me acusen de haber visto su cine por mi culpa.