miércoles, 4 de marzo de 2015

SEX JACK (Koji Wakamatsu, 1970)


 
SEX JACK (Koji Wakamatsu, 1970)
 
 


El Zengakuren es la abreviatura de Federación Japonesa de Asociaciones Estudiantiles (, Zen-Nihon Gakusei Jichikai Sōrengō). Movimiento estudiantil de extrema izquierda surgido en Japón tras la derrota en la segunda guerra mundial, de raíces antinorteamericanas y de inspiración comunista y anarquista constituido en 1948 pero que tuvo una dilatada vida de protesta contra la oficialidad que regía Japón, con momentos de extraordinaria virulencia en los que el gobierno japonés adoptó leyes más propias de un estado dictatorial que de una presunta democracia donde se autorizaban entradas y registros sin órdenes judiciales, detenciones masivas de estudiantes (hasta 2000 en 1967 fueron detenidos en la Universidad de Tokio), con asaltos de protesta a la Dieta Japonesa en 1959 y 1960 para impedir la firma de tratados bilaterales con los EEUU, asaltos a comisarías para hacerse con armas, muertes de estudiantes, protestas masivas con cientos de miles de japoneses manifestándose por las calles del país enfrentándose con la policía y el ejército……….y en este ambiente de inestabilidad política en los años 60, recrudecido por las guerras de Corea y Vietnam, donde el Zengakuren apoya las posiciones comunistas se desarrolla esta película de Wakamatsu, paso previo a la creación del Ejército Rojo Japonés, también recogido en las películas del director.
 


Wakamatsu fue un stajanovista del cine, más de 100 películas, con hasta media docena de producciones anuales, de pasado yakuza, condenado y preso por mafioso, en 1959 decidió dedicarse al cine, de escaso rigor formal, de estética cuestionable pero de indudable fuerza y pasión visual, su cine fue reconocido en los festivales de Berlín y Cannes en los años 70 como reflejo de un mundo cambiante entre la ortodoxia liberal y capitalista y los últimos intentos de conseguir una sociedad comunista en el mundo occidental.
 
 

“¿Qué relación establece usted entre sexo y política?

KW: No sé, es mi forma de expresar ideas, a través de esos u otros elementos. Podría ser la pintura, pero yo hago películas. El resto son palabras, es justificar la obra y el artista, al menos mi caso, siente algo, tiene una idea, y quiere expresarla, no explicarla. El público por supuesto tiene todo el derecho de hacer interpretaciones sobre esa obra.

Una de sus películas fue censurada en Francia, porque ficciona el asesinato de un ministro, y en Estados Unidos también ha tenido problemas por ser de izquierdas. ¿cómo ha sido el tema de la censura en Japón, teniendo en cuenta el contenido explícito en muchas de sus películas?

KW: Ninguna de mis películas fue censurada en Japón” Extracto de entrevista para la revista La Fuga
 
 
 

El cine de Wakamatsu es extremadamente físico, sexual, en el retrato de este grupo de estudiantes comunistas huidos de la policía y refugiados en una casa de un pequeño ratero, o así, al menos, se presenta él mismo, el sexo es una cotidianeidad, un ejemplo de cómo la voluntad de la mujer queda anulada al servicio del partido, la célula se compone de células rosas, las destinadas a cumplir una mera función sexual en el grupo acostándose con todos los miembros masculinos en una sucesión de asaltos sexuales donde son los hombres los únicos que deciden cuándo y en qué orden, el sexo como instrumento de igualdad y de rebeldía termina retratando a un movimiento rompedor que repite esquemas de dudosa progresía, a la revolución y su triunfo mediante el orgasmo continuo con una compañera de partido. “Sex Jack” es la historia de una ocultación que aparenta reclusión, de cómo la ideología no termina distinguiendo a la hora de crear esclavos ni seres sometidos, desde los policías hasta el grupo dispuesto a hacer la revolución, las premisas ideológicas son simples, mecánicas, amparadas en un líder que termina resultando, como el personaje de Chesterton, el hombre que se llamaba Jueves.
 
 
 

La ruptura de la propuesta de Wakamatsu es la mezcla de política y sexo, el “pink-eiga” de connotaciones revolucionarias, escenas propias del cine “S” de la España del tardofranquismo con un contenido ideológico que invitaría a deshacer la conexión sexual, el choque entre sexo y revolución es de tal calado que sólo un “outsider” puede realizar esa mezcla sin ser lanzado a la fosa de los leones. Pero ésa fue la propuesta de Wakamatsu, como podría haber ambientado la revuelta estudiantil del Japón de los 60-70 en ambientes selectos o en episodios de refinamiento cultural, su revuelta política termina residiendo en mujeres sometidas al sexo brutal y desconsiderado, con personajes de escaso interés y empatía, terminando por anticipar una figura muy de moda, la del “lobo solitario” destinado a propagar las ideas anarquistas desde la destrucción de todo aquello que convierte al trabajador en mera máquina y espectador de su degradación, como dirá el subversivo de verdad de la película, ¿en qué se diferencia el obrero de la fábrica incendiada y el intelectual revolucionario cuando ambos comparten la misma televisión para ver los mismos programas contrarrevolucionarios?
 


 

Prohibida en EEUU y Francia, augura el asesinato de un primer ministro japonés cuando hacía poco, el avión oficial del ministro de asuntos exteriores había sido atacado por cinco estudiantes con cócteles molotov, los años convulsos de la sociedad política japonesa son perfectos desconocidos para el público español, incluso para la sociedad en general, ver estas películas a 50 años vista te hacen comprender que muy pocas cosas cambian en el devenir de las comunidades, las exclusiones, abusos, componendas y corrupciones persisten, las castas intocables dentro de los clanes clandestinos, el arribismo, el cuestionamiento de posiciones inmutables al primer revés, el ansia por asaltar los cielos y llegar al poder………se avanza poco a poco con enormes pasos hacia atrás, ahora estamos en uno de esos momentos donde por cada paso avanzado se retroceden dos al doble de velocidad, ¿hasta cuándo se soportará el retroceso? Wakamatsu da pistas, y las esconde o camufla en el desenfreno sexual mezclado de ideología, pero también de violencia. Un cine diferente para tiempos más comprometidos que estos, acostumbrados al mensaje fácil, breve y mercadotécnico.