lunes, 23 de marzo de 2015

PIT STOP (Yen Tan, 2013)


 
PIT STOP (Yen Tan, 2013)
 
 

Si no eres consciente y calculador, un exceso de rodaje puede llevarte a quedarte sin neumáticos y derrapar a la mínima curva, a salirte de la carretera en cuanto el terreno se accidente, a que los frenos destrocen el neumático. La rutina y la monotonía pueden provocar accidentes irreparables, como los del amor o el desamor, aquellos en que pierdes neumáticos, dirección, equilibrio y estabilidad. Como un coche necesitas revisiones, incluso en una competición de automovilismo existe el “paddock” y el “pit stop”, en el pit stop puedes sustituir los elementos dañados o deteriorados para poder continuar la carrera, puedes quedarte parado el tiempo necesario para que todo se ajuste, perder tiempo para poder terminar una carrera.
 
 

En “Pit stop” hay muchas mecánicas averiadas, cuerpos que siguen actuando como si nada hubiera sucedido, utilizando los mismos recursos vitales mientras los niveles de atención y de ilusión disminuyen hasta límites incompatibles con el bienestar. Hay que saber parar, tomarse un respiro, pensar y reanudar la marcha. No es fácil, y de estas cosas habla esta película de estética “indie”, representante del cine Sundance (para lo bueno y para lo malo), entornos de luces tamizadas y exteriores nada acogedores por los que los cuerpos de nuestros protagonistas deambulan regodeándose en su pesar y sin ser capaces de mirar hacia adelante.
 
 

Puede haberse acabado el amor porque nunca lo hubo, puede que te enamoraras de quien no debías, o que alguien te quisiera sin saber por qué ni tu quererlo ni pedirlo, incluso cabe que hayas mantenido una situación a sabiendas de que hace tiempo que era insostenible, en ocasiones una llamada de teléfono te deja noqueado y sin saber de dónde te viene los palos ni por dónde van a seguir atizándote en lo sucesivo, a veces te han roto el espinazo y durante meses has vagado como alma en pena creyendo que nada más merecía la pena, pero llega un momento, a mínimas que sean tus capacidades de supervivencia, que una mañana compruebas que el mundo sigue y no se va a parar por ti, que lo que ayer te parecía inasumible hoy es una muesca más en la culata de tu persona, que uno se hace más en las derrotas que en los no fracasos, te das cuenta de tus errores y, además, sabes que los volverás a repetir porque se encuentran dentro de tu forma de ser, pero, finalmente, lo que era negro se transforma en una sutil gama de grises con los que seguir hacia delante, sin olvidar, siempre sin olvidar, para no convertirnos en seres insensibles e inconscientes, sin olvidar pero sin hacerse más daño, deseando amar y ser amados para evitar la frustración permanente.
 
 

En “Pit stop” se analiza el desamor y el amor desde la perspectiva homosexual, con naturalidad pero con el miedo inherente de vivir en una pequeña comunidad de Texas donde los armarios continúan llenos de represión. Hay quien vive su homosexualidad sin complejos, hay quien mantiene la convivencia con su exesposa pensando en la hija menor pero realmente es porque ambos se necesitan aunque el sexo haya pasado a otro plano, hay quien consiente la permanencia en su casa del compañero con quien se ha roto en vez de soltar amarras de una vez y dejar de sufrir por la ausencia de sentimientos. “Pit stop” concluye luminosamente, de manera optimista, con una puerta abierta hacia un futuro mejor para todos, es la vida, unos ganan, otros pierden, otros se recuperan y algunos se quedan por el camino, lo que ahora parece prometedor y alegre al cabo de unos meses puede haber llegado a ser tormentoso e insoportable, pero si no lo vivimos no sabremos si mereció la pena.