jueves, 19 de marzo de 2015

NIGHT WILL FALL (André Singer, 2015)


 
NIGHT WILL FALL (André Singer, 2015) A 70 años de Auschwitz
 
 

Poco, nada quizás, puede decirse sobre el holocausto judío que no se sepa o que no se haya dicho ya, las imágenes valen por millones de palabras, documentales, películas, ficción y realidad han reflejado la barbarie de esa década ominosa de la Europa occidental, una barbarie que no cesa, pero cuyo volumen de destrucción no es equiparable, aunque haya habido otros genocidios que se hayan acercado. La perfección del sistema ideado, la eficacia en el exterminio, la voluntad de borrar del mapa a toda una cultura sólo tuvo un fallo en su desarrollo, el pequeño detalle de perder la segunda guerra mundial, y, por lo tanto, la imposibilidad de ocultar la magnitud del crimen.
 
 

Conforme las tropas aliadas avanzaban por el oeste y el este de los frentes europeos, la recogida de evidencias, testimonios, supervivientes de la persecución implacable se hacía tan extensa, y al tiempo, la aparente perplejidad de los propios alemanes, o su ignorancia deliberada tan inasumible, que el ejército británico decidió recoger todo el material documental posible que constatara la brutalidad de lo que sucedía en los campos de trabajo y de exterminio nazi para que los alemanes no pudieran negar esa realidad. Un equipo dirigido por Sidney Berstein, posterior creador de Granada Television, empezó a rodar y rodar miles de metros de imágenes de tan horrenda realidad con la idea última de hacer un documental que sirviera de enseñanza universal y recuerdo de hasta dónde es capaz de llegar el ser humano en su despiadada brutalidad. El proyecto se inicia con la llegada de las tropas británicas al campo de trabajo de Bergen Belsen, si se quiere, y permítaseme la expresión, un “balneario” en comparación con los campos de exterminio. Condenados a muerte mediante el hambre y el agotamiento, entre los liberados hay personas con aparente plenitud física (es de suponer que los recién llegados) y otros como verdaderos esqueletos vivientes, similares a los miles de cadáveres encontrados por los “tommies” tirados a lo largo del campo.
 
 
 

Los británicos decidieron reflejar en imágenes el castigo al que sometieron a la población de los alrededores del campo obligándoles a visitar el horror. Empezaron por los jerarcas de la localidad, enmudecidos, avergonzados, contemplando cómo los SS capturados arrojan los cadáveres a las fosas comunes. Posteriormente se observan largas filas de civiles llegando al campo como quien va de excursión, alegres, sonrientes, ligeros, hasta que se enfrentan con la realidad y algunos se desmayan, otros lloran, los más agachan la cabeza mientras desfilan entre soldados británicos y largas filas de cuerpos esqueléticos, apenas piel y huesos, muertos de forma sádica y salvaje.
 
 

El proyecto británico, por iniciativa de Berstein, se amplía, sabedores de que los soviéticos llevan tiempo informando a los aliados de lo que han ido encontrando en Ucrania, Polonia…….pero sospechando de que se tratara de propaganda bélica manipulada, al constatar la realidad de Bergen, se decide pedir las imágenes obtenidas por los rusos en su avance. También ellos contaban con soldados especialistas en rodar escenas de guerra, la imagen como propaganda al servicio de una finalidad, y en este caso, los británicos deciden utilizar imágenes de la liberación de Madjanek y de Auschwitz. Aquí el efecto es aún más terrible, se trataba de campos de exterminio, fábricas directas de muerte. Uno de los soldados que participó en la liberación de Madjanek, con todo el pecho lleno de condecoraciones confiesa sin arrepentimiento alguno, que al entrar en el campo ajusticiaron inmediatamente a todos los alemanes que encontraron. Los guardianes, antes de la llegada de los rusos, habían ejecutado a todos los prisioneros, sólo 17 sobrevivieron. En Auschwitz una de las sobrevivientes relata cómo la llegada de los primeros soldados soviéticos, camuflados con el traje de campaña invernal fue recibida por los prisioneros como la visión de ángeles. El proyecto de documental va creciendo, se decide incorporar las imágenes obtenidas por los norteamericanos en Dachau, la misma impiedad, el mismo sadismo, los miles de muertos, los hornos humeantes con restos de cadáveres.
 
 
 

El proyecto sigue creciendo y el político se va impacientando, liberados los campos y finalizada la guerra en Europa las imágenes que se van obteniendo son las de la recuperación de los prisioneros, prisioneros que siguen viviendo en los mismos campos donde fueron torturados, masacrados. Una normalidad marcada por el recuerdo, por el peso de la ausencia de los familiares perdidos, una normalidad centrada en las mujeres, en su deseo de maquillarse, arreglarse el pelo, vestirse a la moda. Los campos británicos recuperan ropas para entregar a las exprisioneras, el barracón donde pueden escoger ropa y calzado se bautiza con el nombre de “Harrods”, fino humor británico………
 
 

El último intento de hacer una película notable vuelve a surgir de la mente de Berstein, necesita un director de prestigio y calidad, al menos para que supervise el producto y de ideas sobre el objetivo del documental. Ese director será Alfred Hitchcock, quien en julio de 1945 se desplaza a Londres desde su residencia hollywoodiense para trabajar unas semanas en el proyecto, entendiendo que lo primordial ha de ser obtener un producto de calidad que muestre al público lo que hay que evitar, al tiempo que sirve de testimonio de la barbarie y evidencia cómo los alemanes vivieron de espaldas a la realidad que tenían a escasos metros de sus casas. Dos circunstancias terminan afectando al documental y haciendo fenecer la idea, la primera que, en pleno comienzo de la guerra fría, y con el dominio soviético de la Europa oriental, Alemania pasa a ser objetivo prioritario y estratégico de británicos y estadounidenses, y los británicos deciden que no se puede humillar al pueblo alemán recordándoles su barbarie si se quiere ganar su confianza. La segunda, el problema judío y el asentamiento de los supervivientes, negándose estos a volver a sus países de origen y no siendo admitidos por el Reino Unido ni por los EEUU, deciden emigrar a Palestina, exhibir un documental en el que el público británico y estadounidense apreciara la barbarie sufrida por el pueblo judío crearía una ola de simpatía y solidaridad hacia éste difícil de manejar por los gobiernos de la época, gobiernos que se negaban a asentar a la población en sus países y también a otorgar una tierra propia a los supervivientes (no olvidemos que el problema originario persiste desde hace 70 años, ahora aún más radicalizado y peligroso para las sociedades occidentales).
 
 
 

Por eso el documental nunca se acabó, el proyecto fue retirado y las filmaciones recogidas y guardadas por el gobierno británico, hasta que, en vísperas del 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, el Museo Imperial de la Guerra británico, contando con todas las imágenes, el guión, las anotaciones de Hitchcock, las anotaciones de los técnicos y asesores, decidió culminar el proyecto y exhibirlo públicamente en este 2015. Mejor tarde y mal que nunca, las imágenes sirvieron como prueba en los juicios por crímenes de guerra posteriores al fin de la guerra. Por su parte los americanos si decidieron hacer un cortometraje crudo y directo para ser exhibido en Alemania y que los alemanes vieran por sus propios ojos el resultado de 12 años de barbarie nazi aupada al poder por el apoyo y el silencio de los propios alemanes, el encargado de realizarlo con las imágenes de los equipos fílmicos de guerra fue Billy Wilder. Un testimonio de barbarie y la historia de una película que no fue por cálculos meramente políticos, de nuevo la “realpolitik” por encima de lo aceptable, de nuevo la estrategia por encima de la dignidad del género humano. Ahora también tenemos opciones de hacer documentales similares, lo que ha cambiado es que son los verdugos los que se dedican a hacer superproducciones con sus carnicerías, el terror como espectáculo. Al menos a la inmensa mayoría de la gente nos siguen impresionando estas imágenes, las de 1945 y las ahora.