viernes, 6 de marzo de 2015

NACIDO EN GAZA (Hernán Zin, 2014)


 
NACIDO EN GAZA (Hernán Zin, 2014)
 
 
 


Existen demasiadas barbaridades en el mundo, de las que matan directamente o de las que te matan poco a poco, de las que te eliminan mediante la muerte civil o de las que te eliminan antes de ser peligroso. Hay víctimas de primera, de segunda y hasta de tercera clase, conflictos que se magnifican al interés del lobby de turno y otros que se silencian por interés del mismo lobby en cada momento. La desproporción de fuerzas entre Israel y Palestina es tan ultrajante que, hablar de guerra, es un eufemismo. Un pequeño país, nacido fruto de un pacto de las potencias occidentales y obligado a convivir rodeado de enemigos por naturaleza, colocó a Israel en una posición defensiva-agresiva hasta comprensible. Ese escaso futuro como país en la zona, unido a la mala conciencia de las potencias vencedoras por su forma de lavarse las manos ante el auge imperialista del nazismo, otorgó a Israel el estatus de aliado prioritario,  asegurando la fuerza del aliado externo poderoso que ayudara a equilibrar fuerzas, y como es el caso, a convertirse en la potencia militar y económica de la zona.
 
 
 


Se vende, y quizás no sin razón, que Israel es injustamente maltratada ya que es el único país verdaderamente democrático de la zona. Sobre el concepto y el uso y abuso de la palabra democracia podemos hablar mucho, aquí estamos hablando de cine, y cuando tantos documentales se encargan de desmentir que a los palestinos no se les trata con democracia sino con bombas, la posición del estado de Israel se debilita. Casi 70 años de clima bélico y prebélico llenan los cementerios, la última barbarie israelí se ha producido en 2014 en la franja de Gaza, y ahí es donde este documental incide. Es posible que muchos espectadores piensen que se utiliza pornográficamente a los menores, nunca entiendo esas noticias en las que se discrimina a las víctimas distinguiendo si son hombres, mujeres, nacionales o extranjeros, adultos o niños, no encuentro la diferencia entre la vida de un adulto y la de un niño, me niego a aceptar esa sensiblería amparada en la debilidad de un niño.
 
 
 


El documental da la palabra solamente a los menores, y es en ese dar la palabra donde consigue su importancia. No tengo porqué dudar de la espontaneidad de esas declaraciones, de esas miradas perdidas en el recuerdo, de esos despertares gritando porque ven los fantasmas de sus amigos o hermanos muertos, la guerra no es incómoda, la guerra es una de las salvajadas mayores, sino la que más, del género humano, y cuando se desarrolla ante enemigos indefensos desde la comodidad de un avión de combate sin respuesta contraria o desde la cabina de un puesto de mando apretando el botón de un misil teledirigido a sabiendas de dónde se va a producir la explosión, la barbarie se transforma en auténtico crimen contra los derechos humanos, y esta película relata unos cuantos.
 
 
 


Bombardear sucesivamente una zona en la que las ambulancias están retirando a las víctimas de un bombardeo previo es un crimen de guerra, bombardear una playa en la que unos niños juegan al fútbol puede ser un error, cuando después del primer misil salen corriendo 7 niños y lanzas otros dos misiles ya no hay error, hay crimen contra la humanidad por bombardear a la población civil, cuando bombardeas una escuela de la ONU que sirve de refugio a la población civil  para evitar esos mismos bombardeos te conviertes en un auténtico criminal de guerra, cuando destruyes poblaciones enteras y luego prohíbes la entrada de material de construcción te conviertes en un genocida, cuando permites la pesca sólo a 5 millas de la costa a sabiendas de que no hay pesca alguna demuestras que eres un verdadero bastardo sin escrúpulos. Si todo esto te lo cuentan menores de entre 12 y 8 años resulta complicado mantener la calma y no sentirte indignado, algo por otra parte saludable porque se demuestra que todavía hay cosas que te hacen removerte del asiento. Todo esto lo cuenta “Nacido en Gaza” con contención, belleza formal y usando la mirada como único elemento de denuncia, en dos periodos, justo después del desastre y tres meses después, cuando la tregua, la enésima, está en vigor. Como dicen los pequeños futbolistas playeros, ¿si nos hacen esto cuando somos niños, qué nos harán cuando seamos mayores?.......luego dirán que el problema es el terrorismo islámico y que no se explican las razones por las que un joven puede inmolarse en un autobús urbano de Haifa, alguno de los niños ya anuncia que quiere convertirse en miliciano.