jueves, 26 de marzo de 2015

BLOOD TIES (Guillaume Canet, 2013)


 
BLOOD TIES (Lazos de Sangre, Guillaume Canet, 2013)
 


Hay una curiosa coincidencia en el cine norteamericanoactualmente, retroceder la mirada a la década de los 70 principios de los 80 e interrogarse, inexorablemente, sobre las raíces de un mundo en crisis. Enfocando tan atrás se perciben los gérmenes iniciales de los males presentes. “Blood ties” comparte la mirada sobre esa América de “Inherent Vice”, sobre el mismo Nueva York de “A most violent year”, eso sí, sin la misma perfección y con un vuelo mucho más rasante, sin ser capaz de dar el salto de la historia familiar a la de un país.
 
 
 

https://youtu.be/JaF6V54gDp8?list=PLB-D8oPEq9V6f3oaY71yOl4Z0-i6cAyPY

¿Qué ha atraído a capital francés, equipo francés y director francés para rodar esta historia típicamente neoyorkina? Lo desconozco, pero si no fuera porque ya existe “La noche es nuestra” diríamos que estamos ante un boceto de aquélla para perfeccionar el resultado final, quedando la situación en una reproducción de menor interés que el original. De hecho pareceríamos estar ante la “marca blanca” de la película de James Gray, y no hay duda, uno de los guionistas es James Gray, como uno de sus productores, así que la impronta del director norteamericano está presente sin ninguna duda, pero ¿qué añade esta película al precedente?, sinceramente poca cosa, casi nada, ni el reparto está compensado, ni la historia se consigue centrar en el verdadero punto de interés, ni los personajes secundarios se desarrollan más que con brochazos. Aunque no hay que olvidar que esta película es un “remake” de otra francesa de 2008, “Les liens du sang” cuyo origen es una novela igualmente francesa, donde el ahora director interpretaba a uno de los hermanos protagonistas de la historia, y el precedente de Gray es de 2007, todo un bucle que conduce a nadar en círculos como los tiburones para llegar al mismo sitio. La historia del arte llena de copias, ¿casualidad o premeditación?
 
 
 


El reparto es de lujo, Billy Crudup, Clive Owen, James Caan, Marion Cotillard, Mila Kunis, Lily Taylor, Matthias Schoenaerts, Noah Emmerich………..pero a la evolución y resultado final le falta pulido y le sobra efectismo barato. Tres hermanos y un padre, familia italoamericana, uno de los hermanos policía, otro ladrón y asesino profesional, ¿la música suena bastante verdad? Dijo Heráclito que nunca te bañarás dos veces en el mismo río, pero llevada al mundo del cine, puede que el filósofo griego hubiera cambiado de parecer. El cine de Gray es mucho más oscuro y moralmente más sinuoso que esta producción encaminada a dejar más indiferente que entusiasta, Canet opta por el efectismo y la redención de la manera más simple, la solución más previsible es la que el relato va adoptando, y el espectador podrá ir presumiendo lo que va a ocurrir, es así, no hay vuelta de hoja, el recorrido vital de estos personajes viene marcado y dirigido por la sangre, la sangre como componente lleno de marcadores genéticos no la de los cuerpos acribillados.
 
 

 
https://youtu.be/L-4vMQOOiUY?list=PLB-D8oPEq9V6f3oaY71yOl4Z0-i6cAyPY

Lo mejor de la película ocurre en la primera escena, son tres-cuatro minutos poderosos, dignos de ser vistos una y otra vez, a los sones de la canción de Kiss, “New York Groove” se desarrolla un enfrentamiento entre un grupo de delincuentes y de policías digno de Peckimpack pasado por la mente dañada de Tarantino, la pena es que ese ritmo, esa fortaleza, esa tensión desaparece de la película para el resto, lo que pensamos que solamente es la piedra de toque inicial de una gran película queda limitada a la presentación del trabajo diario del hermano pequeño, el policía Frank interpretado por Billy Crudup, un policía incapaz de asumir el desorden de su vida y de su trabajo en una Nueva York salvaje, cuestionado internamente por tener un hermano delincuente. La siguiente escena es el reencuentro entre Frank y Chris (Clive Owen) al salir éste de la cárcel. En dos tomas queda reflejado cómo ambos se tratan con distancia, con el respeto de la sangre pero con odios del pasado pendientes, más obligados a compartir espacios por exigencia paterna que por cariño mutuo, aunque siempre el hermano delincuente parecerá más humano, más sincero que el policía, lealtad frente a legalidad parece el dilema moral de la película, el problema es cómo afrontar el reto, si con el pincel de un artista o con la brocha de un reparador. Aventuramos que ese distanciamiento es mero artificio fílmico. No nos equivocamos, y esa falta de error del espectador conduce al anunciado desencanto producido por el anticipo mental de todas y cada una de las situaciones. Hasta Marion Cotillard parece que, al final, pese al sacrificio de Joaquim Phoenix en “The inmigrant”, cayó definitivamente en las redes de la prostitución y las drogas, como si James Gray hubiera aprovechado la pérdida de la inocencia de aquella emigrante polaca a principios del siglo XX para ofrecernos la imagen deteriorada y errante de la misma mujer 50 años después a través de un salto de tiempo que, si lo hace Lisandro Alonso con misterio inexplicable es criticable, pero si se hace de manera burda y a brochazos no deja de ser una solución narrativa innecesaria.
 
 


Abundan los personajes y los actores, demasiados, que no aportan nada a la historia, poco o nada por los personajes femeninos, algo muy criticable cuando no dejan de ser los soportes morales, económicos, asistenciales, las mayores víctimas del comportamiento de los hombres………su retrato es el del cliché, de la mujer fatal a la puta, de la hija entregada a la familia sin vida propia a la mujer despreciada en su momento a la que no se puede renunciar, pero sin entidad como personajes por si mismos sino al servicio de los dos únicos reales, los dos hermanos enfrentados pero que se necesitan. La sangre sin medida lleva al sacrificio, al final ambos hermanos saldan las deudas del pasado, los dos renuncian para demostrar la fidelidad y que lo más importante es la familia. No se si este mensaje es reaccionario o conservador, se que a mí no me convence, pero tampoco me convencen los mensajes de Griffith o de Eisenstein en su cine y me parecen maravillas del séptimo arte, así que no es un problema del mensaje sino del contenedor, que la película es regular con buenos momentos y una excepcional banda sonora, o mejor dicho, una excepcional colección de canciones, que no es lo mismo, porque pocas veces la música obedece a una necesidad argumental sino a recoger el sonido musical de la época. Tres toques largos sobre una tabla marcan el destino de ambos hermanos, la diferencia entre traición a los tuyos o al sistema, que cada uno elija su código.