lunes, 16 de marzo de 2015

ABUS DE FAIBLESSE (Catherine Breillat, 2013)


 
ABUS DE FAIBLESSE (Catherine Breillat, 2013) Calificación: 5,5

 
 

“El abuso de debilidad en  la definición legal francesa supone la explotación de la vulnerabilidad, la ignorancia o del estado de sujeción psicológico o físico de una persona para llevar a asumir compromisos de los que no se puede evaluar el alcance o no se puede asumir una negativa a asumirlos. Il s'agit d'un délit réprimé par la loi pénale. Es un delito penado por la ley penal. La personne qui s'estime victime d'un abus de faiblesse peut donc porter plainte au commissariat ou à la gendarmerie. Por tanto, la persona que se siente víctima de un abuso de debilidad puede presentar una denuncia ante la policía o la gendarmería”

 
 

Hay películas a las que un solo plano, o una sola escena final, dinamitan todo su contenido previo y reducen la propuesta a pedazos, a veces un  final deja sin sentido todo lo visto, tanto en el peor como en el mejor sentido de la expresión. Pero hay veces, pocas, que una deriva aparentemente incomprensible, un comportamiento inexplicable, una idea que aparenta debilidad y sinsentido, alcanza plena comprensión y certidumbre mediante un acertadísimo final. Sin ganas ni necesidad de contar ese final, que el título contiene, es lo que ocurre en esta película de una directora irregular pero con un punto de vista muy personal en su cine. Un cine recordado por su absoluta naturalidad a la hora de rodar sexo sin tapujos ni elipsis bien pensantes, tan es así que no ha dudado en contratar a Rocco Sifreddi para alguna de sus películas y no para exhibirle vestido precisamente.

 
 
 

“Abus de faiblesse” es una película que se sostiene, se basta y se sobra, con dos actores, y no se necesita más, isabelle Huppert y Kool Shen llevan a imágenes esta morbosa relación entre directora y presunto actor, entre discapacitada y aprovechado, entre la víctima de la debilidad (la faiblesse del título) y el aprovechado de la misma. En este caso el complicado papel de la Huppert, uno más de su larga lista, puede verse lastrado por un árbol enorme que no deja percibir el bosque de la profundidad de lo que siente y padece. La película se inicia con  el leit motiv de toda ella, mientras duerme Huppert se despierta víctima de un ictus que dejará paralizado medio cuerpo de la directora de cine en la ficción, en su llamada de auxilio dirá “auxilio, tengo medio cuerpo muerto” y la operadora le responderá “no tiene nada muerto porque si no no me estaría llamando”, conversación que, dentro de la crueldad del momento resume lo que va a pasar a continuación, que siendo querida y admirada por familia, productor, amante, ayudante…….se va a encontrar sola en la nueva singladura. La actuación con un brazo paralizado y una cojera permanente sería un éxito seguro en el cine americano, tan dado a reflejar todo tipo de discapacidades para mayor éxito del, o de la, intérprete, algo que en Europa no valoramos tanto, ese es el árbol que impide ver el bosque de otra gran interpretación de la actriz francesa, muy bien acompañada por su pareja de baile.

 
 

Lo que comenzamos a ver a partir del momento en que Hupert queda subyugada por un personaje televisivo al que considera el intérprete ideal para su nueva película por carecer de escrúpulos, de sentido moral, de arrepentimiento tras haber pagado en prisión sus numerosos atracos. puede parecernos exagerado, irreal, inexplicable. ¿Por qué Hupert acepta ese comportamiento de un extraño, por qué va vaciando cuentas, casas, propiedades a la demanda del extraño recién incorporado a su vida profesional, por qué asumir esa invasión interesada con una sonrisa? El espectador ha de ser capaz de esperar al final, a los últimos cinco minutos, a esa reunión familiar donde una excepcional intérprete cuenta, con su rostro y mirada, el efecto atroz derivado del sufrimiento de la incapacidad sobrevenida, ahí, y no antes, reside el valor de esta película, menor y poco afortunada en muchas de sus escenas, pero llena de interés cuando alcanzamos a comprender lo que se nos ha querido contar. Para ello hay que asumir una hora y media previa en la que parece que nada avanza y nada se justifica, el director vampirizado y sometido por su futuro actor puede que no lo sea tanto, puede que su comportamiento sumiso y despreocupado ante un extraño cuente con alguna explicación, sólo metiéndonos en la piel de la Huppert conseguiremos alcanzar el interés de la película, pero no juega a su favor que, hasta ese final, el desarrollo sea monótono y reiterativo. Gracias a los actores la propuesta se hace digerible, pero muchos pueden haber optado por renunciar a mitad de la misma y desertar sin esperanza, a punto estuve.