viernes, 13 de febrero de 2015

TURIST (Force majeure, Fuerza mayor, Ruben Ostlund, 2014)






 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


TURIST (Ruben Ostlund, 2014) Calificación: 7,5
 

“No hay suficientes películas sobre la sanación, la mayor parte hablan sobre las heridas. Y curar es parte fundamental de nuestras vidas” Wim Wenders.
 

 
Hamburg Symphony Orchestra – El Verano: Concierto Nº2 En Sol Menor
 
 
Hay algo en el final de esta película que se me escapa, hay un episodio de ajuste de cuentas que me descabalga el discurso previo, o no, quizás sea ésa la importancia de esta película, ni mejores ni peores, hombres y mujeres, mujeres y hombres, somos capaces de arruinar nuestra existencia de manera cíclica y permanente. Entre la opulencia del centro turístico exclusivo destinado al relax de la burguesía europea sin problemas económicos, la nieve no deja ver la cantidad de podedumbre que los personajes acarrean tras lustros de vida en común.
 
 


¿por qué las parejas persisten en continuar hasta la autodestrucción? ¿qué mueve a quién para seguir en una inercia que va dejando víctimas a su paso? ¿cuál es la satisfacción de sentirse incómodo con los tuyos? ¿qué nos ancla a la costumbre de un cuerpo cuya mente se encuentra alejada de la tuya, cuyos comentarios hieren más que cuidan? Desde el momento de la llegada del matrimonio noruego protagonista con sus hijos al hotel de los Alpes franceses hasta el final de esos cinco días de vacaciones, la sensación de incomodidad, de fracaso en la relación, de impostura sentimental, traspasa la pantalla y llega al espectador.
 
 


La propuesta es interesante e inteligente, cómo un suceso fortuito, una fuerza mayor como dice el título en francés de la película, puede perturbar de tal manera una relación abriendo las jaulas mentales a todo tipo de reproches y dudas. El matrimonio de Tomas y Ebba ha hecho aguas hace tiempo, o esa conclusión saca uno tras el posado fotográfico en la estación de esquí, la inscripción en el registro del hotel donde una amiga de Ebba está hospedada sola en unas vacaciones individuales sin su marido y en el posterior visionado que hace Ebba de la sesión fotográfica, donde pasa rápidamente por las fotos de pareja para terminar embobada y orgullosa mirando a sus hijos. El sardónico comentario que la amiga de Ebba lanza a Tomas ya nos indica que su dedicación a la familia no es su fuerte, así que estamos ante ese tipo de vacaciones “forzadas” en familia donde no es factible reencontrar el equilibrio y la felicidad.
 
 


La avalancha con la que se inicia el desarrollo traumático de la película no deja de ser una metáfora de lo que subyace en la relación entre Ebba y Tomas, en la avalancha se desarrollan el instinto maternal de Ebba y el instinto de supervivencia de Tomas, pero hay algo más, en la obstinación de Ebba comprometiendo públicamente la actuación de Tomas, provocada por la negación de éste no asumiendo su comportamiento cobarde, subyace un ajuste de cuentas, unos precedentes por los que Ebba ha perdido la confianza en Tomas, de ahí que la conversación entre Ebba y su amiga, no sea más que una forma de exponer Ebba sus frustraciones como pareja, ante la liberalidad consentida del comportamiento de la amiga y su marido, para quienes la fidelidad de pareja no es simplemente la sexual, que pasa a un segundo plano, sino el ejercicio de la libertad individual sin hacer daño al otro. Ebba y Tomas se han hecho daño y se lo van a seguir haciendo, con o sin hijos que presionen para que la pareja siga junta por puro egoísmo infantil.
 
 


Como la película es inteligente en su propuesta y desarrollo, no se limita a centrar el drama exclusivamente en la familia protagonista, sino que va extendiendo sus efectos al resto de amigos con los que se juntan, el dolor y rencor de Ebba trasciende mediante la narración de lo que sintió y la decepción del comportamiento de Tomas. Exponiendo públicamente a Tomas, todos nos sentimos interpelados, ¿qué haríamos ante una situación así? La infección afecta a otras parejas, a otras relaciones. La familia, o el matrimonio, quedan en evidencia, la costumbre no es sino acomodación, lo que se llama compromiso no deja de ser cobardía interesada, y en la implicación de más personas la historia se universaliza y aporta más puntos de vista. Nosotros sabemos lo que ocurrió en esa avalancha porque lo hemos visto, por eso la incomodidad de las escenas siguientes aumenta a cada revisión del suceso porque te cuesta entender el comportamiento de cada uno de los miembros de esa pareja que se propone autodestruirse.
 
 
 


Visual y formalmente la película es sobresaliente, el paisaje blanco y aparentemente inmaculado no deja de estar contaminado y teledirigido por el hombre, las avalanchas se controlan y se provocan, el paisaje está modificado por pistas, teleféricos, remontes, las urbanizaciones añaden un componente bizarro ante la majestuosidad de las cumbres, el silencio de la montaña es invadido por música, luces, neones, megafonías……..en las que una fiesta “rave” pone el contrapunto animal del hombre y cuestiona su civilización. Nunca fue más inquietante, en este paisaje, la música del verano vivaldiano presagiando la tormenta.
 
 


El giro final de la película, ese que me desconcierta hasta cierto punto, añade un elemento que permite eliminar el juicio moral en el comportamiento de cada uno, si la historia parece machacar la estabilidad emocional de Tomas y cebarse con él, la última media hora parece compensar ese pretendido, o buscado, ensañamiento con uno de los intérpretes, cambiando las tornas y mostrándonos el comportamiento criticable en Ebba, nadie sabe reaccionar siempre bien ni nadie sabe cómo va a comportarse en situaciones límite o comprometidas. Al final no nos queda más que caminar juntos pero separados, con la mirada hacia delante y queriendo borrar el pasado, pero eso sabemos que es imposible, la carga es demasiado pesada y las afrentas y el dolor seguirán ahí, dispuestas  a saltar como una avalancha