lunes, 23 de febrero de 2015

THE BETTER ANGELS (A J Edwards, 2014)



THE BETTER ANGELS ( A.J.Edwards, 2014) Calificación:5,5
 

En esta película todo parece de Terence Malick, las imágenes en blanco y negro parecen de Malick, las interpretaciones, los encuadres, las voces en off, los paisajes, la naturaleza cruel y al tiempo bella, los actores parecen de Malick, todo es Malick pero no es de Malick, aunque la producción sí lo sea, y el director sea uno de sus habituales colaboradores. Por eso nada es molesto en esta película, pero nada es perfecto, nada falta y mucho sobra, cada parte roza lo sublime pero el conjunto queda cojo, ausente del alma que se pretende insuflar a un proyecto que aspiraba a ser una trilogía sobre la juventud de Lincoln y se ha quedado en una sola película de 90 minutos alrededor del año 1817-1820 y un abrupto final que nos coloca en 1865, el año del asesinato del presidente. La voz en off dirá “no hay nadie con quien valga la pena hablar, no hay nada de lo que merezca la pena hablar ahora que él se ha ido”





Se supone que en la infancia forjamos nuestro carácter, que los acontecimientos de la infancia moldean nuestra forma de ser, nuestros gustos, nuestras afinidades. Que el recuerdo de la infancia se magnifica porque en esos años todo tiende a ser recordable y ante la ausencia de pasado, casi nada se olvida, la memoria está vacía y admite toneladas de información, incluida la residual. “He llegado a ser como soy gracias al ángel de mi madre”, en el año 1817, en los bosques de Indiana, la familia Lincoln sobrevive a golpe de esfuerzo y sacrificio, una plaga alimenticia diezma el ganado y la cosecha, y mata a muchos de los colonos por envenenamiento, entre ellos a la madre de Lincoln, uno de los mejores ángeles del título. Frente a la tiranía e inflexibilidad paterna, la figura de la madre surge como descanso, como alivio, como fuente de ternura y comprensión, ante su ausencia el carácter de Lincoln ha de empezar a moldearse desde la falta de sensibilidad en su vida. La reivindicación de la maternidad y de la femineidad inspira la película, es de agradecer ante tanta aridez masculina.





El segundo ángel será la segunda esposa del padre, abrumado por la imposibilidad de encargarse de dos hijos y un sobrino recogido tras la muerte de sus padres (es el narrador omnipresente en la película), la presencia del papel sutilmente interpretado por Diane Kruger ayudará a completar la esperanza de la madre ausente, que el don de Abraham no se pierda entre surcos y gavillas, que entre bueyes y cereal la inteligencia de Abraham pueda desarrollarse mediante el estudio, autodidacta que aprendió a leer y escribir solo, el reducido ámbito de la cabaña campestre no es suficiente para que el adolescente pueda escoger un camino diferente al marcado por el padre.





La inflexibilidad paterna termina claudicando ante la humanidad de la nueva madre, generosa, amante, entregada, innatamente consciente de la diferencia que marca al joven frente al común. En un reconocimiento de sus limitaciones afectivas, el padre de Lincoln asume que no es derrota personal que Abe opte por la vida urbana y del estudio, porque en el fondo, la premonición materna (de las dos mujeres) creyendo en la capacidad del chico se complementa con la enseñanza paterna, no dejar nada a medias, asumir la responsabilidad, liderar mediante el reconocimiento de los errores , tanto los propios como los de los demás, aprender a luchar y  a usar la fuerza física, padre y madre complementan la personalidad del hombre que ha de ser Abraham, nosotros no lo vemos, lo intuímos, lo sospechamos por el conocimiento del personaje, el padre no sabe ver el liderazgo del chico, pero asume que personas más inteligentes que él lo adviertan.





El toque “Malick” resulta tan evidente que termina lastrando el resultado final, es como si el director no se hubiera atrevido a firmar el proyecto o su presencia fuera tan patente que el director se hubiera sentido intimidado por la misma no atreviéndose a ser original, de hecho el rodaje en blanco y negro no aporta nada, incluso si se pretendía así hurtar la comparación esto deviene imposible, es un producto tan similar en factura a las miradas malickianas que nada nos sorprende, y quizás sea éste su principal defecto, su lastre originario, de tal manera que viendo estos ángeles uno reproduce mentalmente el tratamiento de las miradas de los niños de Malick, o las sutiles y vaporosas presencias de Olga Kurylenko en la fallida “To the wonder”, o le vienen a la memoria los árboles de “El árbol de la vida”, la figura paterna rocosa, amante pero dura y cortante, los campos de cereal entre los que se pierde la figura de los jóvenes jugando también nos recuerdan otras escenas pasadas, todo es tan reconocible que nos olvidamos de la infancia de Lincoln y asistimos a un remake del propio productor.





La película termina siendo un homenaje, no se si consciente o no, a la filosofía naturalista de Thoreau, resulta imposible asistir a las imágenes campestres y de bosques sin el permanente recuerdo en la memoria del Walden, o de los poemas de Witman o la obra de R.W.Emerson, como la música también busca esa trascendencia y misticismo propia del ideólogo de la película, Copland y Dvorak para hablar del nuevo mundo, Bruckner y Wagner para unir las imágenes con lo superior, demasiado Malick presente en un producto irregular pero de perfecta factura visual y con unos intérpretes muy convencidos de lo que hacían.