martes, 17 de febrero de 2015

LA TRAVERSÉE DE PARIS (Claude Autant Lara, 1956)

 
LA TRAVERSÉE DE PARIS (Claude Autant Lara, 1956)
 

 
Autant Lara cargó durante mucho tiempo con el peso de haber seguido haciendo películas mientras los alemanes ocupaban Francia, pasó a ser “sospechoso” de connivencia o de tibieza con la ocupación. Como consecuencia la valoración de su cine también se resintió, la ideología o el prejuicio sobre la posición política del artista trascendió a su obra, hasta que Bertrand Tavernier decidió reivindicar la figura y las películas del director.
 
 

 
Basada en un relato breve de Marcel Aymé, “La traversée de Paris” es una bofetada y una bufonada, una bofetada a la “historia oficial” que decidió conceder a Francia la condición de potencia vencedora tras la segunda guerra mundial cuando la realidad distaba mucho de ese compromiso valeroso y combativo frente a la barbarie nazi, aun existiendo resistencia y existiendo un ejército francés en el bando aliado, ajeno a la Francia de Pétain, hubo mucha connivencia y compadreo entre la rendida Francia y el ocupante ejército nazi, hubo mucha represalia y mucha colaboración en el exterminio de judíos, gitanos, izquierdistas…..desde la Francia ocupada y por parte de la policía francesa. Que este pasado continúa poniendo nervioso a muchos franceses es un equivalente a la mala conciencia, que, por ejemplo, en España sigue generando la represalia del periodo 36-39 y posterior, cuanto menos se diga mejor para los que quieren olvidar y no ver.
 
 

 
Sin embargo, Autant Lara decide reflejar ese mundo de “laissez faire, laissez passer”, el Paris de la ocupación en el que no hay un solo personaje al que poder colgar el cartel de heroico, de subversivo, de resistente, sino de sumiso condescendiente con la situación imperante, temiendo al invasor pero desvelando todas y cada una de las miserias humanas que pueden producirse, intentando aprovechar el momento para sacar un beneficio, una riqueza, aprovechándose de la necesidad ajena, y se hace a través de un tono cómico que no deja títere con cabeza. Los dos personajes contrapuestos no dejan de ser tan distintos, aunque la película desvela posteriormente que Jean Gabin no es quien parece ser, ambos aparecen como unos oportunistas, unos aprovechados que comercian en el estraperlo y no dudan en chantajear y sacar ventaja en cualquier situación.
 
 

 
Estamos en una travesía nocturna, en una ronda de claroscuros por la que van desfilando personajes episódicos, feos por fuera y por dentro, donde Jean Gabin y Bourvil cruzan un Paris peligroso cargando en cuatro maletas un cerdo troceado destinado al estraperlo, una pareja unida por la casualidad en forma de celos, los de Bourvil creyendo que Jean Gabin ha quedado con su esposa, y para evitar ese encuentro le propone ayudarle a hacer el transporte a pie por los bulevares de Paris hasta el Marais a cambio de una cantidad que Gabin se encarga de multiplicar utilizando su desfachatez ante el propietario del cerdo. La pareja es de lo más asimétrica, Gabin aparece como un ser desenvuelto capaz de hacer frente a cualquier adversidad con arrestos de arrogancia, de arrojo, pleno de recursos, mientras Bourvil necesita el silencio, el no hacerse notar, la clandestinidad para sentirse seguro. El humor predomina durante toda la cinta, y la apabullante presencia de Gabin inunda la pantalla en todas las escenas, de esos actores cuya mirada y cuerpo atraen y suplen carencias en una película con solo estar presente, el movimiento de Gabin no necesita de palabras ni muletas para apoyar el contenido, es uno de los grandes y no tiene dificultades para demostrarlo.
 
 

 
Gabin (Grandgil) termina resultando ser un  heterónimo del propio Autant, es un pintor que sigue haciendo su obra bajo la dominación nazi, vendiendo sus cuadros incluso al ocupante, mientras Bourvil (Marcel Martin) es un buscavidas sin oficio ni beneficio, son dos ejemplares de clases sociales diferentes a los que la vida ha sonreído de muy distinta manera, incluso les sonreirá de manera muy cruel a los dos en el momento decisivo de la película demostrando que, quien nace de pie, puede seguir caminando. El final amable trunca la tragedia de la escena en el cuartel general de los nazis una vez detenidos por organizar un escándalo en la entrega de la carne, sin esa escena final la película bien podría tener los matices trágicos de Melville, Gavras o Malle (por decir alguno) al tratar temas similares, el plano más bello de la película ocurre justo antes del anticlímax final, cuando un camión militar abandona el establecimiento y la cámara situada en el interior de la caja del camión enfoca a Gabin que va alejándose progresivamente después de que el oficial al mando haya conseguido que sea bajado del transporte por su condición de pintor famoso tras un atentado que ha matado a un coronel nazi.
 

 
 
La bufonada de la película tiene el mérito de colocar a los hombres y mujeres comunes en su condición real, la de la cobardía manifestada en sobrevivir a cualquier precio, con independencia de lo que hayamos perdido, siempre y cuando la pérdida definitiva no nos afecte, después diremos que estuvimos en la resistencia, (lo mismo llegamos a presidente de la república), en mayo del 68 o en el 15M, mientras no se demuestre lo contrario todo el mundo tiene derecho a su épica, lo increíble es que cualquiera nos creemos todo sin cuestionar nada.