viernes, 23 de enero de 2015

WHAT ME DO IN THE SHADOWS (Lo que hacemos en las sombras, Jemaine Clement, Taika Waititi, 2014)




WHAT WE DO IN THE SHADOWS (Lo que hacemos en las sombras, Jemaine Clement, Taika Waititi, 2014). Calificación: 6
 

“Para convertir a un humano en vampiro les chupamos toda la sangre y luego les damos un poco de la nuestra, como Alemania”
 


El cine neozelandés es algo así como el béisbol en España, el esquí alpino en las Maldivas o el sumo en el lago Victoria, algún director hay, y alguno afamado y “forrado” exprimiendo el limón de Tolkien, Andrew Niccol con su primera gran película “Gattaca” no confirmada posteriormente y el toque de qualité que nunca me ha llamado la atención de Jane Campion. Pero he de reconocer que esta gamberrada vampírica me ha hecho reir, y bastante, y que incluso con un cuarto de hora menos de película el resultado final sería mucho mejor, y eso que solo dura 85 minutos.
 
 
 


La estética del falso documental (“mockmentary”) con el objetivo de entretener, sin chabacanerías ni chistes groseros pero sin sutilezas, un diario de la vida de una comunidad de vampiros en la que se dan cita todos los clichés del género de terror de muertos vivientes para retorcerlos hasta la sátira y la parodia, sin perder por ello nuestros protagonistas su naturaleza infernal. Vampiros que salen de marcha pero que se encuentran con el problema esencial de que no pueden entrar en bares si no se les invita, vampiros patosos que se dejan las persianas abiertas antes de que salga el sol, confraternización con una pandilla de hombres lobo, una fiesta anual donde se da cita el todo Wellington de los no vivos con una rifa final en la que se sortea un humano, sirvientes que desean ser convertidos para probar los poderes de los amos, los efectos secundarios de transformar en vampiro a un gilipollas…………..
 
 
 
 


Viago, Vladislav y Deacon son nuestros “entrañables” anfitriones, también está Petyr, más huraño y hostil, es el paterfamilias de todos ellos, con una estética que simula una mezcla de Nosferatu. La convivencia entre cuatro generaciones de vampiros no es fácil, hay rencillas, discusiones por quien se ocupa de las tareas domésticas, los turnos para hacer los baños, las fiestas donde los invitado se convierten en el plato principal de la cena, procurar no manchar cuando toca comer (beber mejor dicho). Deacon es el más joven y se cree un guaperas con estilo cuando no es más que un hortera maleducado de 183 años de edad con un  pasado nazi y una naturaleza vaga, que huyó de Europa por temor a los soviéticos y a los cazavampiros, Viago es el dandy y el maestro de ceremonias de esta película, es el héroe “romántico”, que llegó a Wellington siguiendo a un amor al que respeta y a quien no ha querido convertir en vampiro, pero, qué coño, que le llamen asaltacunas, con más de 90 años el objeto de sus sueños ya puede ser transformada y que la comunidad diga lo que quiera, Vladislav supera los 800 años, tiene un pequeño problema, no le basta con chupar sangre de humanos sino que tiene el vicio de clavar cosas antes de matar a las víctimas, le viene de cuando era un jefecillo por los Cárpatos, empalar es lo suyo, pero también tiene un suceso del pasado que no quiere recordar en el que una vieja novia, “La Bestia”, le dejó empalado después de discutir quedando tan afectado que sus poderes se han visto mermados, y Petyr, 8000 años le contemplan, ya no está ni para contar ni para participar en juegos ni discusiones, que le quiten lo bailado.
 
 
 
 


Las virtudes del mito vampírico quedan por los suelos en esta iconoclasta propuesta, los poderes de seducción irresistibles de los vampiros brillan por su ausencia, los poderes de hipnotismo se han perdido por traumas psicológicos, su afán de perfeccionamiento artístico es ridiculizado cuando se contempla cómo el paso de los siglos apenas si consigue extraer de un trío musical alguna nota reconocible, la elegancia y erotismo son residuos de los que sólo puede presumir Viago, a quien, sin embargo, le aturde una torpeza absoluta a la hora de hincar el diente. La casa de los vampiros es como la casa donde conviven un grupo de Erasmus sin  responsabilidades, basura, ropa interior, sangre……y una sirvienta que no da más de si y que sólo desea la conversión para poder desquitarse en la propia casa y declararse la ama frente a su marido.
 
 
 


El colofón de la fiesta es “The unholy masquerade”, los diferentes grupos de no vivos se comportan como tribus humanas, vampiros y hombres lobos pasan a ser como una especie de hinchas de fútbol maleducados y broncas, hay tiempo para confundir tribus urbanas (hipster sobre todo) con nuevos componentes de la familia vampírica. Son vampiros pero la estupidez se transfiere a la nueva naturaleza, el gregarismo también ayuda a ser un tanto corto de miras, los hombres lobo lo tienen fácil porque siempre hay un macho alfa, para los vampiros es más complicado acostumbrados a su individualismo innato, pero ¿al hablar de monstruos no querremos hablar de los males de la sociedad actual?
 
 


Recomendable sátira, divertida, sin buscar pretensiones ni profundidades, “probable estreno en 2015”, entre comillas porque nada es seguro en estas avanzadillas.