lunes, 19 de enero de 2015

VANDAL (Helier Ciesterne, 2013) RESPIRE (Melanie Laurent, 2014)



VANDAL (Helier Ciesterne, 2013). Calificación : 7

RESPIRE (Melanie Laurent, 2014). Calificación : 6,5
 
 

 
Ha empezado, por quinto año, el French Film Festival con el que, en numerosos países, Francia muestra un conjunto de nuevas películas, que normalmente no van a ser distribuidas comercialmente, y entre las que siempre existe alguna obra de mayor enjundia, de interés evidente entre operas primas, exhibición que en España corre de cuenta de la plataforma de V.O.D., Filmin, gracias  a la que infinidad de nuevo cine propio y ajeno se puede conocer. Con los riesgos añadidos que supone acercarse a productos desconocidos sin apenas referencias, encontrar cine atractivo a las primeras de cambio es alentador.
 
 


Las dos películas muestran cierto paralelismo, ambientación juvenil, problemas más o menos serios con los adultos, progenitores poco implicados en la educación de sus adolescentes o que directamente han renunciado a asumir sus obligaciones paternofiliales. Ambas muestran una factura impecable, un uso elegante y equilibrado del efecto fotográfico y de la música. “L,âge atomique” puede ser un referente reciente de este ambiente, no tan logradas como aquélla pero en las que adolescentes desnortados y abrumados por la cercanía de las responsabilidades de una vida adulta y machacados por la sociedad de consumo deambulan ante nuestros ojos.  Ambas películas tienen un punto de partida común en cuanto a la edad de los protagonistas, pero los caminos divergen sin encontrarse, del amor al odio en una, de la exclusión a la afirmación personal la otra, las dos son atractivas, las dos son solventes, las dos precisan algún pulido suplementario para realzar el conjunto, pero las dos tienen calidad suficiente para acceder al circuito independiente y hay como un mes de plazo para poder verlas en España.
 
 


RESPIRE.- “Respire” pierde potencia cuando se vuelve más dramática y áspera, incluso su desenlace termina siendo exagerado y demasiado radical. “Respire” cuenta con dos jóvenes intérpretes fantásticas y que transmiten todas y cada una de las emociones y sensaciones que la directora, aventuro, ha querido transmitir con su primera película. Josephine Japy (Charlie) y Lou de Laâge (Sarah) transmiten erotismo e inseguridad por partes iguales, coquetear y poner en dificultades a adultos y jóvenes mayores que ellas, pero la fragilidad de la edad que bordea la madurez produce quebrantos que parecen insalvables y extremadamente dolorosos. De la amistad al enamoramiento o la idealización hay un paso, como de la amistad fraterna al odio y el ataque desconsiderado incidiendo en lo que más daño hace, el miedo a las relaciones de Charlie y la realidad de una madre alejada del ideal imaginado por Sarah. En ese daño se irá tejiendo una amistad y enemistad enfermiza en la que la rama se romperá por la parte más débil, Charlie cambiará mientras que Sarah seguirá siendo la misma mentirosa y manipuladora, en el combate no siempre vence el que aparenta mayor fortaleza. Los problemas de respiración de Charlie no impiden su reacción pasional, como en esa clase de filosofía de bachillerato a la que asistimos al inicio de la película (¿serán así esas clases en Francia? Ya son muchas las películas que reflejan el interior de una clase de filosofía  o literatura en los liceos franceses, demasiadas casualidades para ser siempre invenciones) el análisis de las pasiones frente a la razón termina explicando el final de la película. Si el plano final nos muestra unos pies y una cara tapada por un tazón de leche no hay mejor metáfora del carácter de Charlie, que nadie la vea, que nadie se fije en ella, pasar inadvertida, lo contrario que Sarah, para quien su cuerpo es una forma de llamar la atención y su carácter extrovertido una forma de dominar el escenario, sea cuál sea y por dura que sea su realidad.
 
 


VANDAL.- El vándalo de la película es un hijo de la periferia, un hijo de un matrimonio mixto que se ha deshecho, hijo de un argelino y una francesa de origen resulta evidente que ha perdido, si es que alguna vez lo tuvo, un sitio, un lugar en el que refugiarse, ni francés ni argelino, excluido de lo europeo por sus rasgos, excluido de lo árabe porque ni sabe el idioma ni ejerce la religión. Cherif es “emigrado”, desde el sur del país a Estrasburgo, una madre es una madre, pero una madre también puede decir a la juez de menores que no puede educar a su hijo, que se le ha ido de las manos, que su labor ya no da más de sí y que desiste, que renuncia a la educación y cuidado de su hijo mayor, que pasa a la guarda de un tío que aparenta autoritarismo y control, es la única forma que Cherif tiene de evitar un centro de menores al que está predestinado.
 
 
 

Su mirada taciturna y ausente en la primera escena refleja su desinterés por lo que pasa en el despacho de la magistrada, pero esa mirada tiene más poder que la de la madre, que no puede sino agachar la suya y reconocer su desidia, Cherif recuerda mucho al pasado de la madre, a ese pasado con un matrimonio mixto cuya mitad reside en Estrasburgo, ciudad a la que llega Cherif pero donde también se encuentra con la negativa de su padre a acogerle en su casa. Cherif desconfía del mundo de los adultos y encuentra un aliado y una finalidad donde menos lo espera, en la figura de su primo, el “estudiante perfecto”, el adolescente respetuoso y modelo que encierra su lado oscuro, ese que gana a Cherif y en el que consigue un objetivo. Trabajar y estudiar son necesarios, enamorarse en ese ambiente deviene vital, pero anhelar parecerse al grafittero “Vandal” no deja de ser el equivalente a quien quiere parecerse a una superstar de la canción o del fútbol. En el grafitti Cherif encontrará una manera de descubrir y expresar sus dotes artísticas, de desafiar a la autoridad aumentando el riesgo de las apuestas, y cuando la muerte aparece en el horizonte, madurar y reflexionar sobre el modo de llenar ese vacío. Cherif sucede a Vandal, ese plano final sentado con los pies en el vacío y la pintada tras de sí esperando el lento amanecer es una provocación, no sabremos si quiere huir a plena luz del día o ser detenido tras hacer algo que no ha hecho nadie antes, acabar lo que Vandal intentó. Es igual, Cherif ha demostrado que es capaz de hacer algo si se lo propone, sin ayuda. Si el futuro es un centro de menores durante dos años es algo que no parece preocuparle, su vida presente es como una cárcel con pequeños periodos de expansión, algo que tampoco va a perder, pero se ha ganado lo más importante, su propio respeto y autoestima.