viernes, 9 de enero de 2015

THE DROP (La entrega, M.R.Roskam, 2014)



 
THE DROP (La entrega, M.R. Roskam, 2014). Calificación: 6,5
 


La deslocalización, las grandes corporaciones, las multinacionales y la crisis también han llegado al hampa. Las fusiones y absorciones, la reducción de mercados, la imposibilidad de competir en igualdad de condiciones frente a las grandes superficies también se traslada a los ambientes mafiosos. Mantener un pequeño territorio como un reino de taifas donde eres el rey del mambo se transforma en algo imposible cuando el amigo checheno decide extender su dominio por Brooklyn aprovechando problemas de liquidez de los pequeños competidores. Tus cuatro manzanas de reino se te pudren enseguida cuando la tenaza del capital, aunque este capital aparenta ser más sucio que el bancario y bursátil, decide conseguir tu parte del pastel. Si eres mal administrador, si te pierde el juego y las deudas, te conviertes en un objetivo mucho más accesible y tienes que ceder tu condado a cambio de seguir siendo un peón de la rueda.
 
 


Algo así les sucede a Marv y Bob (James Gandolfini y Tom Hardy), pareja de primos (por ser familia, no por ser  simples), que sobreviven encargados de explotar un bar que antes fue de Marv, bar que siempre fue una tapadera, antes de los negocios sucios de Marv y de Bob y ahora de los negocios sucios de los chechenos que asumieron el control de la zona que antes dirigía el propio Marv con la ayuda de Bob. A Bob parece no afectarle el cambio de rol, en todo caso siempre fue el chico de los recados, antes para Marv y ahora para Marv y los que están por encima de éste. Solitario y de mirada huidiza, su personalidad es una incógnita, pusilánime o un volcán controlado que sólo actúa cuando es necesario, algo que  se irá desvelando a lo largo de la historia. Sin embargo Marv es mucho más previsible, su ira procede del fracaso, la pérdida del negocio, el recibir órdenes, las deudas, los problemas familiares, su soledad …….le conducen a un fracaso mayor, morder la cola del dragón a cambio de recibir una bolsa de basura con un contenido comprometedor y, al tiempo, acusador, un envío a cobro revertido, sólo que las deudas mafiosas y las traiciones se pagan en libras de carne en el mundo del dinero negro, no con hipotecas basura, acciones subordinadas o tarjetas black.
 
 


La adaptación que Denis Lehane hace de su propia novela adolece de cierta fuga paralela innecesaria, obvia y deudora de un cine más comercial que la película no merecía, la convencional necesidad de introducir un personaje femenino en la historia que permita descubrir un lado menos asocial en Bob y, al tiempo, la aparición de un pretendido psicópata encarnado eficazmente por la mole humana de Matthias Schoenaerts, relacionado en el pasado con el personaje femenino, sólo sirve para aventurar y facilitar un desenlace violento a la historia, pero horada la solidez de la propuesta criminal y la negrura de la historia donde un desaparecido sobrevuela incesantemente el pasado de casi todos los intervinientes.
 
 
 


El traslado al sistema americano del cine de Roskam no es desafortunado, pero pierde parte de la solidez de su propuesta precedente en el cine europeo con una película que vuela más alto que esta “La entrega”, es más genuina y sombría “Bullhead” que su hermana americana, la identidad temática y hasta de desarrollo argumental y de personajes se mueve con mayor solidez en las llanuras flamencas que en los suburbios neoyorkinos. Hay algo en “La entrega” que anuncia todo lo que va a llegar, dilatar desenlaces o mostrar objetos prolongando la toma son recursos que merman la calidad del conjunto y pretenden tomar al espectador por una persona dura de mollera cuando no lo suele ser.
 
 
 


Por eso “The drop” es una propuesta interesante y entretenida, muy vista y hasta demasiado arquetípica en determinados momentos y personajes, pero en la que por encima de todo sobrevuela una presencia fundamental como es la del personaje muy bien interpretado por Tom Hardy, un tipo de sólida apariencia que ha de proporcionar estupendas interpretaciones en lo sucesivo, un personaje verdaderamente bien construido y con un armazón psicológico de gran altura, un tipo “al que no se ve venir”, una virtud insuperable para el mundo criminal aunque suponga una clara losa para su vida social. Tom Hardy es el alma de una película que gira a su alrededor y en la que el resto de intérpretes, incluido James Gandolfini, son meros comparsas necesarios para revestir el esqueleto, por eso el conjunto queda descompensado entre un personaje construido al completo, otro muy bien dibujado como el de Gandolfini y un resto de sobras que se convierten en caricaturas que aportan muy poco al desarrollo de una historia de bajos fondos en los que la vida apenas tiene valor. Si vas a misa a diario y no comulgas nunca, te transformas en alguien impredecible, sólo que queda demasiado evidente que ese personaje oculta en su pasado algún hecho imperdonable e inconfesable, ese es el principal problema de la película para no volar mucho más alto, que el espectador, como si fuera un rumiante, tiene que ver las cosas varias veces porque el director piensa que no es capaz de entenderlas a la primera.