domingo, 11 de enero de 2015

THE DARK VALLEY (Das finstere tal, Andreas Prochaska, 2014)


 
THE DARK VALLEY (Das finstere tal, Andreas Prochaska, 2014). Calificación: 6
 
 
 

Cuán larga la imagen y la figura del predicador que recreara Clint Eastwood en su maravillosa “Pale Rider”, y cuanto cine posterior ha usado y abusado de la iconografía del personaje para adaptarlo a sucesivas películas. El jinete solitario, la figura erecta, el largo guardapolvos, el caballo elegante, el semblante amenazador, un pasado desconocido, unos nervios de acero, un camino a seguir y una decisión imperturbable. El western sin venganza sería otra cosa, venganza o autoprotección inspiran la mayor parte de los relatos clásicos con pistolas y caballos de por medio, pero, ¿cuántos westerns rodados y ambientados en Austria habéis visto?




Si, porque el género ha roto fronteras, y de manera casual, pendientes de estreno en España, se encuentran un western norteamericano como The homesman, un western danés como The salvation y un western austriaco como “The dark valley”, recientemente premiado en la gala del cine europeo en categorías secundarias, pero que quizás son las que verdaderamente otorgan interés a la película, no tanto por su historia como por su singular ambientación.

 
 
 

La transferencia americana funciona perfectamente, el continente americano llega a Europa a lomos de un caballo cabalgado por un jinete que se presenta en un pequeño pueblo del sur del Tirol, una comunidad cerrada, asfixiada por el control feudal de una familia, siete varones que no son siete novios para siete hermanas, un padre que mantiene el derecho de pernada y seis hijos, cada uno con su psicopatía particular, y que mantienen el orden y la tradición con el uso de la violencia, aunque la obediencia está tan inmersa en los genes de los habitantes que su condición de súbditos es incuestionable. Ese jinete es americano y viaja por los Alpes fotografiando rostros y paisajes, comprando voluntades a golpe de saquitos de monedas, y ocultando un winchester de la prohibición de portar armas que ha instaurado la familia dominante. Si el fotógrafo oculta un rifle es que no es quien dice ser, y además habla alemán porque su madre era austriaca.

 
 
 

Un largo invierno nevado cerrará el valle del título, se crea así una ratonera temporal en la que del primer al último vasallo deberán asumir el peso de sus culpas pasadas y presentes. Nuestro “predicador” ajustará cuentas con su pasado y despejará su camino hacia el futuro, de paso confirmará los mitos, porque matar al padre siempre ha sido un buen mito griego, como renacer de las cenizas. Capturar almas oscuras y sucias mediante retratos de una comunidad enferma, estudiar el cáncer que corroe el alma humana, codicia, mentira y sexo mueven a esta comunidad y a casi todas, apenas si hay almas puras destinadas al sacrificio.

 
 
 

Que la película tiene defectos innecesarios como utilizar música electrónica en una ambientación del siglo XIX, el consabido uso del ralentí en las escenas violentas, algo en lo que nadie podrá igualarse al Peckimpack de Grupo Salvaje por mucho que se intente, el alargamiento innecesario de un desenlace esperado, una historia de rescate en la que el héroe y los depravados hermanos quedan emplazados para la mañana siguiente cuando la lógica te invita a pensar en una solución mucho más coherente con lo visto y con lo que el protagonista ha hecho hasta entonces………pero sin embargo el poderío visual de la película soporta lo manido y copiado de otras películas menos interesantes y más olvidables, ambientación, decorados, vestuario, interiores, paisajes, silencios (muy buena la escena de la tala de árboles, momento en que empieza el relato verdaderamente noir de la historia) y una interpretación convincente de Sam Reiley como Greider (Control y Byzantium en su curriculum) y de Xenia Assenza como María consiguen que esos instantes dedicados al “gran público” (vuelvo a repetirme, como si el gran público fuera imbécil) no desmoronen el conjunto, que sobrevive por su poderío visual. Sin fecha de estreno, lo exótico de su localización invita a su visión, no hay nada novedoso en su relato, pero no desagrada verla, ni mucho menos. Al final no todo el mundo está dispuesto a disfrutar de su libertad, verdad de las buenas.