domingo, 4 de enero de 2015

The babadook (Jennifer Kent, 2014)


 
THE BABADOOK (Jennifer Kent, 2014) Calificación: 5,5
 


Te he parido, pero te odio. Sigo en fase femenina ( pura casualidad, ha coincidido así, ni miro nacionalidad ni sexo, solo intento ver buen cine en un mundo donde, habiendo muchas cineastas, el mercado está copado por el género masculino salvo en las nuevas generaciones), y aprovecho una cinta de género, opera prima de próximo estreno, para recomendar un poco de terror psicológico para los amantes de la tensión en una sala oscura o en la noche de un salón casero a media luz.
 
 
 
 
 

Quizás para un estudiante de psiquiatría o un especialista en psicoanálisis la lectura de la película sea de primero de primaria, pero lo más interesante de la misma para quien no sabe nada de psiquiatría, salvo un poquito de la forense, no es si consigue, o no, hacer pasar un rato de tensión con mínimos efectos especiales, sino el trasfondo psiquiátrico de esa madre que, aparentando un amor desmedido por un hijo, un instinto de protección exacerbado, sin embargo encierra un odio profundo, un rencor que hace nacer en su interior al “hombre del saco”, al “babadook” con el que su insatisfacción sale a la luz para vengarse de un hijo que le privó de amante y marido al sufrir un accidente de circulación mientras trasladaba a su mujer al hospital para parir.
 
 
 
 
 

Por eso el babadook del título es la excusa para retratar algo incómodo, políticamente muy incorrecto como es una madre que, en el fondo, odia a su hijo y está dispuesta a eliminarlo creando un personaje que sale de su subconsciente, directamente es incapaz, pero si tienes un usurpador en casa que domina tu mente y tu cuerpo la excusa es perfecta. El babadook entra y crece en tu interior, advierte el enigmático libro que aparece un día en la casa y que es indestructible porque siempre vuelve y reaparece por más lejos que lo lances. Como buena película de terror en espacios oclusivos, la casa también juega como personaje, subconsciente, consciente e inconsciente se reflejan en las tres alturas de la vivienda, el subconsciente en el sótano, la fase de consciencia donde el babadook es menos peligroso y más controlable, en la planta baja, y el inconsciente incontrolable durante el sueño, en la planta alta donde se encuentran los dormitorios.
 
 
 
 
 

El hijo, que aparenta ser el personaje problemático al inicio de la película, sin embargo es el más centrado a lo largo de su desarrollo del problema, de su origen y de su solución, tan consciente como que sabe cuál es el problema real de su relación con su madre. Al jugar la película en el ámbito del cine de género, es muy probable que el espectador medio quede absorbido por la historia de terror y no avance mucho más en la trama psiquiátrica que rodea a madre e hijo, como mito freudiano por excelencia, ese hijo ha usurpado hasta el derecho de sexualidad de la madre, poco a poco ese odio irracional hace crecer ese peligro derivado de un ente imaginario que reside en la mente de los ocupantes de la vivienda, ese hijo está preparado para defenderse antes incluso de que el babadook se manifieste, esa pista es una evidencia más de que el problema no es el babadook, sino que el babadook se encuentra dentro desde hace mucho tiempo. Tan solo cuando la madre sea capaz de romper con el pasado, matar al marido muerto, asumir el mundo real y cerrar con llave ese sótano, será capaz de diferenciar la dimensión real y la imaginaria. Para controlar al babadook deberá alimentar al monstruo, una terapia ocupacional como la de cualquier enfermo psiquiátrico, domada la bestia siempre hay el peligro de que te muerda y te haga daño, o se escape y ataque lo más cercano que encuentre, será un riesgo para el futuro, pero, al menos, esta familia aparentará cierta normalidad a partir de ahora y evitará a los servicios sociales.