jueves, 15 de enero de 2015

REMINE (Marcos M Merino, 2014)


 
REMINE, el último movimiento obrero (Marcos M. Merino, 2014)
Calificación: 8
 
 

“Si luchamos como lo estamos haciendo podemos perder, pero si no luchamos ya estamos perdidos, compañeros”.


¿Qué fue del movimiento obrero? ¿qué fue de la conciencia de clase? ¿y de la lucha obrera? ¿Dónde quedó la fuerza sindical que negociaba para aumentar salarios, primas, dias de descanso, pluses y ahora mendiga que en vez de un 50% el ERE quede en un 30, o que los sueldos se bajen un 10 % en vez de un 20? ¿Qué fue de los casi tres meses de huelga minera en 2012?. “Remine”, como tanto buen cine español, se distribuye en circuitos cuasiiniciáticos, su visión se convierte en un “boca-oreja”, en un encontrar en youtube el documental a trozos, en coincidir en algún pueblo de la cuenca minera que lo exhiba, alguna sala alternativa de gran ciudad dedicada a este tipo de películas, y sin embargo, ¡cuánto cine grande encierra en su interior!
 
 


Un ejemplo, cuando Claude Lanzzman consiguió terminar y exhibir “Shoah”, Jack Lang, en su segunda ocasión como ministro de educación y cultura francés, le pidió una versión reducida para distribuirla a los estudiantes de los colegios franceses, y Lanzzman hizo una versión de tres horas que se repartió gratuitamente entre los escolares. No hablamos de la misma trascendencia entre una obra y otra, pero si de la forma de tratar la cultura y la importancia que ésta merece para unos y otros. Que haya dinero público en “Remine” (poco, apenas para financiar la copia digitalizada que se exhibe en salas, también muy pocas)  procedente del principado de Asturias no será sino consecuencia del signo político del gobierno autonómico, pues sería impensable que la obra fuera subvencionada por un gobierno del PP o de FA, y sin embargo la enseñanza de la película debería estar fuera del juego partidista. Para algo existe la televisión pública, y bienvenida su nueva apuesta por exhibir el cine clásico español, pero ¿y el actual?, ¿Es que el directivo de turno piensa que viendo Plácido la gente no va a hacer traslación a la situación actual y si el conflicto está latente es malo exhibirlo y que la ciudadanía pueda formarse opinión?
 
 


El documental tiene muchas virtudes, y una de ellas es no cuestionar si lo que se persigue por los mineros es asumible o no, sino que se trata de mostrar el ejemplo de una lucha digna, como dice el portavoz de uno de los sindicatos, de una labia portentosa, podremos usar métodos cuestionables, pero ¡es que somos mineros!, si el resto de sectores se hubieran unido a nosotros otro gallo hubiera cantado a este gobierno. La cámara es testigo silencioso, está dentro de las actividades reivindicativas pero la cámara está, no dirige las acciones, no manipula el comportamiento, reportaje desde el interior y sentido modélico del montaje para exhibir una realidad. Y así es, si el documental produce tristeza y decepción es como producto de la melancolía resultante de un esfuerzo inútil, la soledad del corredor de fondo espera una recompensa, no espera la traición propia y, quizás, la suma de elementos externos. Aquí no ha ocurrido ese sumarse, mucho aplauso pero poca unión de otros sectores productivos tan masacrados como el minero, ante una sociedad bastante adormecida, que amaga con rebelarse en las urnas pero que, en el fondo, aspira  a su sueldo algo más digno, sus vacaciones, su coche y su hipoteca, lo de los derechos perdidos no quita el sueño, pero a estos mineros les va la supervivencia en su protesta, su lucha, su actuación con tácticas de guerrilla, la suya y la de sus familias, donde las mujeres asumen en plan de igualdad una reivindicación de manera tan comprometida como la de los propios trabajadores, nunca se pudo ver tan en su esencia el fin de los papeles tradicionales por sexo.
 
 


“La película muestra una proximidad emocional que no se ha visto nunca. Están muy receptivos, muy abiertos, al final yo formaba parte como del mobiliario. Hay diálogos entre ellos y ahí está la cámara, pero nadie está pendiente de ella. Al principio era un forastero al que nadie conocía, ni siquiera los periodistas o los fotógrafos. Podrían haberme confundido con un policía perfectamente. Poco a poco, yendo todos los días a trabajar y publicando las cosas que estaban pasando con Javier Bauluz a través de Periodismo Humano, fui metiéndome en el grupo. El hacer la marcha a Madrid con ellos fue definitivo. Todo con paciencia y respeto.” (Marcos Merino a eldiario.es)

 
 
 


No en vano el director recurre a imágenes de la revolución del 34, a la guerra civil, al maquis, para ilustrar de dónde viene esta casta indomable, gente que se juega la vida y cuyo horizonte laboral viene mermado por el deterioro físico que produce el trabajo. Imágenes de protesta en la cuenca, de enfrentamientos violentos con la Guardia Civil a cohetazo limpio, protestas de las mujeres de los mineros, huelgas generales en la comarca, la marcha a Madrid, los cantos mineros que hacen bueno el refrán de acordarse de santa Bárbara cuando truena… producen en más de una ocasión un nudo en la garganta, gente tan dura atenazada por los sentimientos pero no acobardada, gente solidaria que termina siendo vencida aunque no derrotada, con una reflexión  de desamparo ante sus líderes regionales y nacionales. Una crónica de una muerte anunciada, cada vez serán menos mineros los que trabajen y los que puedan protestar, así que llegará un momento en que el desmantelamiento será mucho más fácil, ellos ya no estarán pero los poderes si, y los poderes hace tiempo que tienen marcado con un círculo rojo esta reconversión, aun a costa de que muchos territorios sean condenados a la despoblación ante la falta de alternativas. Puede que el negocio no sea sostenible, pero lo que es indudable es la dignidad y el compromiso de todo este grupo retratado con esmero, con cariño y con rigor cinematográfico en un documental que une imagen, sonido y música a lo largo de casi tres meses. Los lemas son bonitos, me quedo con dos “la próxima visita, será con dinamita”, y el otro contextual, cuando la marcha minera va atravesando el territorio desde Asturias hasta Madrid se cruzan con un burro al que “cariñosamente” empiezan a llamar Soria, yo no lo entiendo, ¿ustedes? ¿será por decir que el meridiano de Greenwich pasa por las Canarias?