jueves, 22 de enero de 2015

FINDING VIVIAN MEIER (John Maloof, 2013)


 
FINDING VIVIAN MEIER (John Maloof, 2013) Calificación: 7

 
 
 
 


Una maleta y una subasta, un estudiante habituado a comprar restos de serie, viejas fotografías o efectos personales de personas fallecidas que nadie quiere, de los que puede salir una historia o no, un paquete de fotos que, abierto, revela una sorpresa mayúscula, una tal Vivian Meier y una serie de retratos, estampas, paisajes urbanos y rurales de la América de los 50, 60 y 70 dignos de cualquier gran maestro de la fotografía. ¿Qué impide a esta obra alcanzar la cota de reconocimiento propia de Dorotea Lange, Diane Arbus, Helen Leevit, Garry Winograd, y tantos otros fotógrafos de la sociedad norteamericana de posguerra y anteguerra, pues seguramente su clandestinidad, su ocultación, su acumulación y encierro en un trastero y su no exhibición.
 
 
 
 


La casualidad hace que John Maloof compre esa primera remesa de material y su inherente calidad le haga buscar quién fue Vivian Meier. Nada en google, lo que debe significar que no existes, si ahora no encuentras enlace de tu persona en un buscador debe significar que el mundo se ha olvidado de ti y no perteneces a esta sociedad. Una pista entre el material comprado, unas señas, un almacén que guarda todo lo que Vivian dejó tras su muerte. Un material complejo de clasificar y de interpretar que nadie quiere, Vivian padecía una especie de síndrome de Diógenes, todo  era guardado porque todo podía servir para un futuro. Las fotografías se transforman en alrededor de 150000, rollos sin revelar, blanco y negro y color, películas de super8 y 16 mm filmadas por la propia Vivian.
 
 
 
 
 


Un ojo privilegiado para captar a los individuos en su espacio natural, la calle y sus proximidades, sus barrios, sus actividades, sus actos cuando creen que nadie les ve. El ojo y la mirada de Vivian salen fortalecidos y aventajados por el tipo de cámara que usaba, una vieja cámara cuyo visor se situaba en la zona superior, de tal manera que quien veía que manipulaba la cámara no advertía que estaba enfocando o disparando, si no que pensaba que estaba preparando la cámara para después llevársela a la cara. Cuando el sujeto creía que iba a ser fotografiado y podía decir que no, resulta que Vivian ya había obtenido la captura, la toma gozaba de la naturalidad de quien no creía ser fotografiado, pero al mismo tiempo de la suspicacia de quien cree que va a ser objeto de una violación de su intimidad.
 
 
 
 
 


Acopiado el material la labor de investigación se ve facilitada, aparecen nombres entre sus papeles, cheques de Hacienda sin cobrar, facturas, recibos, domicilios, …..el director inicia la fase de averiguar quién fue Vivian y no tanto qué fue o qué significó su obra. Vivian pasa de ser el actor de la mirada a ser el objeto de nuestra visión, de fotógrafa a radiografiada y escaneada. Su intimidad queda al descubierto, o una parte de la misma. Era una “nanny”, desgarbada, muy alta, muy fuerte, con andares de pato y que movía los brazos como un soldado desfilando, estricta, dominante, sus niños la recuerdan con cariño y con horror, los padres la echan de menos y la consideraban imprescindible el tiempo que estuvo con ellos, pero al final su carácter terminaba poniendo punto y final a la relación mercantil que para Vivian era su vida, en el fondo Vivian terminaba queriendo adoptar un papel de familiar o integrante de la familia en la que estaba que no le correspondía.
 
 
 
 
 


Su cámara iba siempre con ella, pero nunca nadie vió sus fotos, ni sus niños, permanentemente objeto de fotografías o filmaciones recuerdan haberse visto en papel. Su celo en guardar su intimidad era absoluto, su exigencia de contar con un espacio en todas las casas y la necesidad de una cerradura convertía sus habitaciones en auténticos cuartos inhabitables donde maletas, cajas, revistas, periódicos, se apilaban hasta el techo. Pero ni un rastro de amigos, de amantes, de novios, de familia. La gran simulación a que sometía su persona hacía creer a los demás que procedía de Francia, sin admitirlo ni desmentirlo, simulando un acento que no le era propio porque realmente había nacido en Nueva York, ocultando sus viajes a Francia para verse con familiares de esa nacionalidad, reflejando en pequeños reportajes entre los vecinos su activismo político en la América de Nixon, amante de la naturaleza y absoluta misántropa, hasta llegar al odio y al miedo al género masculino, la persona de Vivian Meier guarda muchos interrogantes, su vida parece un paréntesis entre foto y foto, de un absoluto vacío personal e intrigada por guardar recortes de crímenes sangrientos y sexuales, como si algún hecho del pasado hubiera moldeado su vida futura para siempre, y sin que su obra intentara ser enseñada o conocida, hasta que un papel aparece entre sus recortes y resulta que la fotógrafa intentó comercializar sus fotos ……. en Francia. Es evidente que Meier no quería ser conocida ni reconocida en EEUU, ¿porqué? No lo sabemos, sólo ahora, por la voluntad e interés, y porqué no decirlo, el negocio derivado de su obra, Maloof recorre el mundo exponiendo selecciones de su obra y vendiendo reproducciones a gran tamaño de sus fotos………..si alguien aparecerá reclamando derechos hereditarios o de autor sería interesante conocerlo, aislada y obviada en vida sería paradójico que a su muerte y tras la aparición de las fotos, hubiera familia en EEUU, pero ya se sabe, la victoria tiene muchos padres y el fracaso ninguno.