lunes, 5 de enero de 2015

EQUÍ Y N,OUTRO TIEMPU (Aquí y en otro tiempo, Ramón Lluis Bande, 2014)


 
EQUI Y N,OUTRO TIEMPU (Ramón Lluis Bande, 2014) Calificación: 7
 


 
 
 

El tiempo, gran escultor, o como dice Godard en su última película, “memoria histórica, mentira histórica”, al final la memoria histórica puede quedar en manos de vencedores o revisionistas. No es el caso de la propuesta audiovisual de Ramón Lluis Bande, que para algunos puede considerarse grandiosa, pero al mismo tiempo para no pocos puede resultar plúmbea y reiterativa, o incomprensible. No está destinada a grandes audiencias, ni mucho menos, digamos que a sectores minoritarios necesitados de nuevas propuestas, nuevas historias. El formato es sencillo pero muy arriesgado, 70 minutos, diez de presentación a base de fotografías de un grupo de guerrilleros asturianos en el año 1942, el testimonio oral de uno de ellos, el único que pudo escapar de la muerte, y después casi una hora de filmación en segmentos de alrededor de 1,40 minutos, medio minuto para relatar el nombre de los maquis ajusticiados o suicidados en enfrentamientos con la guardia civil y la fecha de la muerte y el resto del tiempo con un plano fijo del lugar en que cayeron los militantes antifascistas en la actualidad. El espectador ante el lugar de la barbarie, todos tenemos en la memoria la foto de esa recta vía que se aproxima a un arco de entrada en el campo de exterminio de Auschwitz, forma parte de nuestra cultura personal, acercar nuestra barbarie a nuestra memoria también es una obligación, y Bande lo consigue.
 

Aguantar la visión proporciona la profundidad de la propuesta, la acumulación de hechos y de muertes aporta la visión trágica de la magnitud, abarcando un periodo desde 1938 hasta 1952 comprobamos la barbarie postbélica, e incluso previa al fin de la guerra, y el sacrificio de un grupo de personas decididas a luchar hasta la muerte por unos ideales, por una libertad secuestrada y eliminada de un plumazo. El tiempo y el espacio crean la película, la imagen fija del paisaje sólo es rota por el sonido ambiente, un sonido puro y natural cuanto más inaccesible es el lugar, pero también por la cercanía de nuevas carreteras o construcciones que han ido extendiendo su espacio donde antes no existían, un homenaje al maquis asturiano en el mismo emplazamiento donde cayeron uno a uno.
 
 

Como un memorial, la película se transforma en monumento, monumento nada imparcial por cuanto su objetivo y finalidad es clara, reivindicar a unas personas que lo dieron todo sin obtener nada a cambio, ni tan siquiera el reconocimiento ciudadano, sino el olvido absoluto oficial, el olvido de unos lugares en los que, en la actualidad, nada existe que conmemore su sacrificio. No es la cámara objetiva ni neutral, ni lo quiere ni lo pretende, los textos incluyen la palabra “asesinado” para cada uno de los muertos a manos de la guardia civil, bien puede provocar esa rotulación la conexión con la actividad que los propios guerrilleros llevaban a cabo matando guardias civiles en emboscadas de las que, a veces, eran víctimas, como lo eran de traiciones.
 

Una película en imágenes, ausente de palabra en su práctica totalidad, el espectador situado en el espacio sin figuras, un espacio que permanece aunque cambia. Provoca un shock leer “cabaña donde fueron asesinados….” “vega donde ….” y enfrentarse a las imágenes de una carretera o de una construcción moderna de pisos, nada permanece inalterable, tan sólo el recuerdo y el homenaje, pero éstos también a término, el de la memoria de los que vivieron esas épocas, y las generaciones próximas a las víctimas. La guerra civil no acabó en abril de 1939, la barbarie se extendió y permanece en nuestras cunetas sin visos de reparación, por eso una película pequeña y de difícil acceso se transforma en un monumento, como una placa a la entrada de un campo de concentración o en  el lugar donde se encontraba una fosa común, unas imágenes arriesgadas para las que su difusión precisa de la colaboración pública, justo aquélla que niega recuperar los cuerpos de los desaparecidos.
 
 

“Somos obreros y defendemos un ideal, somos obreros y por eso el fascismo nos quiere matar” es la última estrofa de la canción que concluye la película, pantalla en negro y la voz como final, la oscuridad del silencio, el olvido de los orígenes, la pérdida de la noción de clase para acomodarnos en el capital que nos arroja como desechos en cuanto no somos necesarios o no consumimos. Una película homenaje de difícil digestión y amplio discurso, un tiempo que parece pasado pero al que el presente se aproxima con otro tipo de exterminio no menos radical, de la esclavitud de las ideas a la esclavitud de las personas, más de 70 años nos contemplan y unos cuantos se ríen a carcajadas. La película comienza con fotografías de personas y acaba con la voz cantada en nombre de muchos.
 

Otro cine español sigue cocinándose desde el coraje y la valentía de saberse condenado de antemano a cosechar elogios y parabienes en la misma medida en que sufre el desprecio institucional, otro signo de los tiempos.