domingo, 11 de enero de 2015

CUATRO AVENTURAS DE REINETTE Y MIRABELLE (Eric Rohmer, 1986)



CUATRO AVENTURAS DE REINETTE Y MIRABELLE (Eric Rohmer, 1986)



Si te hacen un cuestionario rápido y te preguntan el título de tres películas de Rohmer es probable que no dijeras ésta, la mente te lleva rápidamente a los Cuentos, o a La rodilla de Claire, Ma nuit chez Maude, Pauline, El rayo verde…….. pero si tienes más tiempo para hacer un listado algo más amplio, cuando lees la filmografía completa, siempre terminas incluyendo (hablo por mí) estas cuatro aventuras de dos jóvenes universitarias. Y recuerdo a  la perfección dónde y cuçando la vi, el mismo año de su estreno, a una edad muy parecida a la de las protagonistas, en un desaparecido cine de arte y ensayo que había en mi ciudad que combinaba los estrenos en versión original con retrospectivas de Kurosawa, Hermanos Marx, Visconti, Ozu, Bertolucci…….., apenas 60 butacas en una sala que entonces parecía un salón de casa ampliado y que el paso del tiempo ha transformado en una sala habitual de nuestros cines. Eran los años en los que permanecían las grandes salas con cerca de 1000 butacas y donde no se adivinaba la fuga masiva de espectadores, ni la visión de cine en otro soporte, donde el video nunca fue una amenaza para los estrenos, tiempos en los que todavía creías que nada iría a peor.






Reinette y Mirabelle son dos jóvenes que comparten, nada más, la edad, campo frente a ciudad, ingenuidad frente a desenvoltura, mente artística frente a mente racional, confianza frente a cálculo. En el camino de los pocos meses que compartimos con ambas es posible que piensen que ninguna ha cambiado, pero entre las dos aprenden cosas que desconocían en si  mismas. El azar, tan característico en el cine de Rohmer vuelve a provocar la existencia misma de la historia. Sin azar casi no habría cine de Rohmer, de hecho sin azar el cine de Rohmer se convirtió en pasto de clasicismo, como sus últimas y fallidas películas, Triple agente, Astrée y Zeledón o La inglesa y el duque, el azar, en esta ocasión en forma de pinchazo, provoca el encuentro campestre entre las dos chicas, la urbanita envidia la desenvoltura y libertad de Reinette y la campestre la adaptación y vida en París de Mirabelle, tras el paseo campestre, la reivindicación de lo bucólico y la búsqueda de esa “hora azul” que remite a la posterior búsqueda del rayo verde en otra de sus películas, las tres siguientes historias se desarrollan en Paris.






Para Rohmer “La misión del cine es más la de dirigir nuestros ojos hacia los aspectos del mundo para los que todavía no tenemos una mirada, que la de situar ante nuestros ojos un espejo deformante, por muy buena calidad que tenga”. En el cine de Rohmer se habla mucho, en ocasiones hasta aturdir al espectador, pero se habla con lenguaje reconocible, sin grandes sentencias, son las conversaciones de la gente normal en su ambiente diario, conversaciones sobre las relaciones humanas o sobre arte, sobre rupturas o sobre cine, sobre familia o literatura, e incluso sobre el silencio de una relación. Aventurar si cualquier director primerizo hubiera obtenido financiación o beneplácito crítico realizando esta película es mucho imaginar. La película es tan simple como contar cuatro anécdotas de la vida diaria, desde el conocimiento inicial del mundo de ambas jóvenes hasta la complicidad última para conseguir un propósito mercantil sin que ninguna de las dos falta a su palabra, aunque finalmente sepamos que las dos han vendido demasiado barato.






El mundo de Reinette y Mirabelle se desenvuelve observando el engaño ajeno, la ruindad, la desconfianza, la mala educación, el ejercicio banal de la oratoria barata. Son jóvenes y están aprendiendo a vivir por sí mismas, o eso creen, advertimos quién de las dos está más preparada para los reveses de la vida, para soportar un hipotético paso de los días con escasos momentos de esplendor, advertimos quién es más generosa, más altruista, más ingenua, más desprendida y, en definitiva, más vulnerable, más dispuesta a rendirse antes o a no conseguir adaptarse al medio hostil y regresar a su pequeño mundo, tangible, abarcable, asumible, aun a costa de renunciar a mejorar con ayuda y permanecer en el autodidactismo de quien tiene algo que contar pero no se atreve a lanzarse. Reinette y Mirabelle son dos jóvenes de los 80, cuando proliferaron las hombreras y la música tecno, los peinados imposibles y la ropa fea. Incluso el cine de los 80 se ha ido quedando feo con los años, nació viejo quizás, en una época de cambio entre lo analógico y lo digital, entre la importancia de las historias o de las imágenes impactantes, entre un mundo que representaba un antiguo régimen y un nuevo sistema prometedor. Al final nada es lo que parece, y tras las hombreras puede ocurrir que coexistan las permanentes, o la reivindicación del bigote. Pero al final siempre quedan los que sobreviven, y el cine de Rohmer pasa los 60, los 70, los 80 y los 90 y ahí permanece, permanece su frescura y la profundidad de las cosas sencillas. Un pequeño clásico a revisitar cada cierto tiempo porque solo envejece el decorado, no el fondo.