jueves, 15 de enero de 2015

BIRDMAN o la inesperada virtud de la ignorancia (Alejandro González Iñárritu, 2014)


BIRDMAN, o la inesperada virtud de la ignorancia (Alejandro González Iñárritu, 2014): Calificación: 7,5




De recuperaciones: “Birdman” recupera a un cineasta en decadencia, Iñárritu había adormecido su discurso, dejando a un lado si la propuesta convence o no, si es excelsa o mediocre, si supera los precedentes o simplemente los distorsiona, lo que si implica es un salto adelante,  incluso un salto al vacío para practicar vuelo sin motor. Iñárritu pilota hacia rutas desconocidas en su cine precedente, no sabemos si encontrará aeropuerto seguro que le acoja, como en el plano final de la película, los que hemos visto su cine podemos sentirnos como Emma Stone mirando al cielo y alegrándonos por el vuelo. Sin  riesgo no existe recompensa, sólo por el riesgo merece la pena apostar por esta película. Otra recuperación es la de Michael Keaton, no para mí, su cine, sus películas nunca, o casi nunca me han interesado, incluso su presencia expulsaba mi interés por determinadas propuestas. “Birdman” retrata este sentimiento personal pero que muy bien, Keaton es consciente de sus limitaciones y de sus errores cinematográficos, ha contado con el aplauso unánime de la crítica en su interpretación de un actor en horas bajas que busca reivindicarse con un producto de calidad, para mi tiene momentos muy intensos y deslumbrantes junto con escenas donde su sobreactuación quita mérito al conjunto, creo que en los duelos interpretativos con Eduard Norton éste se lo merienda vivo, y la película también se regodea de ello, probablemente hacía tiempo que nadie daba unos puñetazos en la cara tan bien dados a un personaje tan detestable como el de Norton, pero claro, es un actor “de verdad”.






De confirmaciones: La primera el tándem Iñárritu-Bo, una promesa que empieza a confirmarse, si ya trabajaron juntos en “El último Elvis” de Bo, ahora ambos firman conjuntamente, con otros dos autores, el guión de la película, un guión complejo, en ocasiones con apariencia de ser fruto de un exceso de consumo del ácido lisérgico, como si el dúo hubiera atemperado alguna fantasía imposible de rodar de Terry Gilliam. Superado el equipo Iñárritu-Arriaga confirmemos la buena noticia de la consolidación de una pareja. Otra confirmación es la solvente, casi es un seguro en cualquier película, presencia de Eduard Norton en la réplica masculina de Keaton, actor consagrado, actor de papeles de verdad, “actor” frente a la “celebridad” que representa Keaton en la película, y sin olvidar la reivindicación de Emma Stone como hija de Keaton, con su confirmación en la última película de Allen, estos dos papeles suponen un salto adelante y el abandono del papel de veinteañera pija y destinada a productos comerciales, a la espera de nuevas noticias, que la cosa no se tuerza.





De decepciones: El tratamiento de los personajes femeninos que no son Emma Stone. Dejando de lado que la intervención de Naomi Watts no me convence en absoluto, quizás poco acostumbrada a no ser la reina de la fiesta, ella y Andrea Riseborough interpretan a dos de las actrices del elenco de la obra de teatro que intentan representar en Broadway, actrices que, al tiempo, mantienen sus historias sentimentales con Norton y con Keaton respectivamente. Aparecen como personajes poco dibujados, anecdóticos, siendo secundarios respecto a Keaton su tratamiento no es, ni mucho menos, el de Stone o Norton, ni se ha cuidado su presencia e importancia como el de la exmujer de Keaton interpretado por Amy Ryan. Quedan como bosquejos de mujeres débiles, sometidas a vaivenes sentimentales producidos por el egoísmo de sus parejas y que les impiden crecer en todos los sentidos, son caricaturas de mujer que más que ser necesarias para la trama se convierten en muletas en las que apoyarse durante el relato, inseguras, clichés de poca monta, indecisas, anuladas por las presencias masculinas.




De referencias: En el salto al vacío de Iñárritu hay mucho truco, desde el plano secuencia, bastante falseado pero eficaz, existe un brillo reluciente que denota brochazos recién dados, como si, por decir al vuelo unos cuantos, hubiéramos tomado a Bergman, a Cassavettes, a Fosse, sobre todo a Fosse y su All that jazz, y hubiéramos decidido reactualizarlo. Como dijo aquel secretario de Estado, no es plagio es intertextualización, y no existiría historia del arte si unos creadores no se hubieran inspirado en los precedentes para reinventar su contribución, sólo muy pocos son capaces de tener un lenguaje visual, pictórico, literario original, o que creemos original, los demás copian para recrear. Tan completa es la recreación de All that jazz que hasta esa nariz operada de Keaton fruto de la trama identifica su fisonomía a la de Roy Schneider y su añorado Gideon. Rigan es un Gideon del siglo XXI como el superhéroe que anida en la mente de Rigan-Keaton hace las veces de muerte de Jessica Lange, hay un estreno de por medio, problemas financieros, una novia despreciada y una exmujer a la que se sigue queriendo, hay una hija algo más crecida, la mente de Keaton alucina como la de Gideon, éste era por las drogas y el alcohol, aquél por una evidente enfermedad mental, y al final del espectáculo, el teatro revienta a aplaudir en una ceremonia de la muerte como liberación.





De burlas: Los guionistas se ríen de casi todo, las más ácidas reflexiones dirigidas a los críticos, una profesión que me parece necesaria para descubrir, para orientar, pero en la que se suele opinar con mucha ligereza sobre el trabajo ajeno sin aceptar la crítica del propio (buena escena la del enfrentamiento entre la crítica y Keaton en la barra de un bar, aunque algo maniquea y además, sirve para descubrir las limitaciones del no actor pero sí celebridad), dando por supuestas determinadas convenciones, prejuzgando antes de ver, rechazando lo diferente por sistema en vez de arriesgarse a recomendar obras diferentes de las estrenadas. Una buena pregunta es la de que ¿para qué sirve criticar lo estrenado si obedece a razones comerciales cuando hay mucho por reivindicar que no encuentra espacio disponible? ¿No estará la crítica, de manera involuntaria, espero, destinada a seguir los dictados del mercado?. Se burlan de facebook, de twitter, de los « guasaps », del « tremending topic », de la tendencia, del cine de acción sin historia, del superhéroe, del actor porque lo dice el estudio y del actor porque él se lo cree, se burla del teatro como genuina esencia del arte de interpretar, se burla de la muerte y de la vida, se burla de la enfermedad mental y de la rapacidad de agentes y abogados, se burla del star system y del “on Broadway”, falta sátira más allá del cine o del teatro o de la interpretación, y falta burla de las relaciones de pareja, para esto se toma muy en serio la función y acudimos a Carver.





De homenajes: La presencia de Carver y un uso de la luz y el color en la escenografía teatral que me recuerda a Hopper, pero sobre todo Carver, uno de mis escritores de referencia en la adolescencia, un mazazo de hiperrealismo más que de realismo sucio, más elegante y menos soez que Bukowski, pero más afilado, sutil y dañino para la imagen del género humano y de las relaciones de pareja, su escasa obra merece un punto y aparte en la historia de la literatura moderna, cualquier biblioteca ha de tener, y ser leídas, ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? y De qué hablamos cuando hablamos de amor, cuentista excelso de la ruina de las relaciones, de la incomunicación derivada del paso del tiempo, del desgaste de cuerpos y almas hasta el desprecio y el resentimiento mutuo. La simbiosis entre Carver y el destrozo mental y personal del personaje de Keaton resulta muy interesante. La trasposición del argumento literario a la vida del actor, hundido en su afán de actuar al no gozar de prestigio, pero hundido también en su desastrosa vida personal por la que han pasado mujeres y hombres sin dejar poso y en la que ha abandonado el cuidado necesario de quien realmente importa, eleva la propuesta fílmica de Iñárritu, Carver, como Salinger, como Cheever, han dado una imagen del falso sueño americano que Iñárritu transporta a la pantalla saliendo más que bien librado, otro éxito de este vuelo sin motor que es Birdman.





De la trama: De la trama no cuento nada, y ya lo he contado todo, hay que dejarse envolver por el ritmo desquiciante de la batería que retumba en la mente de Rigan (otro logro, enervar mediante la batería cuando la mente de Keaton trabaja en solitario, la música clásica en los momentos de ensayo e interpretación, la música de jazz en los momentos de lucidez o de conversación compartida), la música de esta película no es más que otro personaje, tan importante como el del propio Keaton porque define su estado interior, hay que liberarse de prejuicios, marearse ante movimientos de cámara forzados para no romper el plano de la secuencia aunque sea con truco visual, el conjunto puede tener fallas tectónicas importantes, puede ser más un soufflé que una tarta, puede que las interpretaciones tan pretendidamente sublimes no lo sean tanto, pero es una película necesaria, una película para volver a temas muchas veces tratados, el artista y su creación, el papel del arte en la sociedad, la necesidad de cultura, las fallidas relaciones personales, nada nuevo pero todo con apariencia de nuevo, ¿Cuánto durará esa apariencia? ¿cuándo saldrán las primeras manchas de moho? Yo creo que antes de que acabe el invierno, pero de momento disfrutemos de una película que no deja indiferente y que recomiendo de verdad.