miércoles, 29 de octubre de 2014

COHERENCE (James Ward Byrkit, 2013)


 
COHERENCE (James Ward Byrkit, 2013)

Coherence pertenece a la categoría de cine visible, de cine con interés que termina yéndose por la puerta trasera cuando el guión resulta imposible de manejar. Es inevitable establecer conexiones entre esta película y otras que han iniciado ciclos, como “Pi” de Aronofski, “El proyecto de la bruja de Blair”, “Monstruoso” o, sobre todo, porque tiene más puntos de conexión, aunque menos trasfondo filosófico y reflexivo, con “Primer” de Shane Carruth. La cámara es nerviosa, desencuadrada muchas veces, en imitación a un video casero, a una grabación con un iphone, no en balde la inmensa mayoría de la película se desarrolla en el interior de una casa donde se va a producir una reunión de amigos.


Reuniones de amigos hay a mansalva en la historia del cine, viejas envidias, infidelidades, antiguas novias que pasan de unos a otros, inseguridades, fracasos…….pero la película es otra cosa, la película pertenece con derecho propio al género de ciencia ficción. Estamos en la noche del cometa, desde 1923 el cometa Miller no pasaba tan cerca de la tierra, y entonces provocó desorientación e incluso denuncias porque alguna persona avisaba a la policía de que la persona que se encontraba con ella no era su marido o su esposa.  Una luz que se va, un teléfono que se rompe, las líneas telefónicas y de internet que no funcionan, la casa que queda rodeada de oscuridad mientras otra casa a lo lejos mantiene la luz eléctrica, unas notas que aparecen misteriosamente pegadas a la puerta, una caja conteniendo fotografías numeradas de las personas que se encuentran en la vivienda………..
 

Con este simple material, escaso costo de producción porque no se necesita nada más que media docena de actores, y un inquietante desarrollo en el que cada vez que alguno de los personajes sale de la casa la inquietud aumenta porque todos ellos siempre vuelven pero no parecen ser los mismos o no parecen encontrarse en el mismo sitio que los demás, la película mantiene cierto interés, aunque resulte imposible de rematar, de ahí que su abrupto y enigmático final no parece tanto una solución fílmica como la única posibilidad de romper el círculo vicioso. No conviene romper el misterio que rodea a la historia para quien no gusta de conocer la trama, digamos simplemente que, situados en la tesitura de encontrarte con varios “yos” de uno mismo, ¿serías capaz de asesinarte para que sólo sobreviva uno? La figura del “doppleganger” adquiere dimensión fílmica con el paso de este cometa que se va desintegrando a lo largo de la noche, del mismo modo que la identidad de los personajes. (En las leyendas nórdica y germánica, ver el propio Doppelgänger es un augurio de muerte. Un Doppelgänger visto por amigos o parientes de una persona puede a veces traer mala suerte, ser un mal augurio o una indicación de una enfermedad o un problema de salud inminentes. Según escribió el dramaturgo sueco Strindberg: El que ve a su doble es que va a morir.)
 

Mejor guión del festival de Sitges 2013 se ha estrenado de tapadillo y como con vergüenza, cuando realmente lo que da vergüenza es la mayoría de cine exhibido en las salas comerciales con propaganda a bombo y platillo.  No esperen una joya de película, pero si una meritoria historia de bucles, disfunciones temporales y agujeros negros en la tierra, si se encuentran con el gato de Schrödinger avísenme, no estará de más hacerle una entrevista, o aun rostro de lo más sugerente en pantalla, el de Emily Foxler.
 
Para aficionados a la física cuántica copio una entrada de la Wikipedia sobre el famoso gato (Erwin Schrödinger plantea un sistema que se encuentra formado por una caja cerrada y opaca que contiene un gato en su interior, una botella de gas venenoso y un dispositivo, el cual contiene una partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse en un tiempo dado, de manera que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato muere. Al terminar el tiempo establecido, hay una probabilidad del 50% de que el dispositivo se haya activado y el gato esté muerto, y la misma probabilidad de que el dispositivo no se haya activado y el gato esté vivo. Según los principios de la mecánica cuántica, la descripción correcta del sistema en ese momento (su función de onda) será el resultado de la superposición de los estados «vivo» y «muerto» (a su vez descritos por su función de onda). Sin embargo, una vez que se abra la caja para comprobar el estado del gato, éste estará vivo o muerto. Sucede que hay una propiedad que poseen los electrones, de poder estar en dos lugares distintos al mismo tiempo, pudiendo ser detectados por los dos receptores y dándonos a sospechar que el gato está vivo y muerto a la vez, lo que se llama Superposición. Pero cuando abramos la caja y queramos comprobar si el gato sigue vivo o no, perturbaremos este estado y veremos si el gato está vivo, o muerto. Ahí radica la paradoja. Mientras que en la descripción clásica del sistema el gato estará vivo o muerto antes de que abramos la caja y comprobemos su estado, en la mecánica cuántica el sistema se encuentra en una superposición de los estados posibles hasta que interviene el observador. El paso de una superposición de estados a un estado definido se produce como consecuencia del proceso de medida, y no puede predecirse el estado final del sistema: solo la probabilidad de obtener cada resultado. La naturaleza del proceso sigue siendo una incógnita, que ha dado lugar a distintas interpretaciones de carácter especulativo.)

 http://youtu.be/P584y5XxfsI (película completa "Primer")

lunes, 27 de octubre de 2014

LA PIEL QUEMADA (Josep María Forn, 1967)


 

La película empieza y termina enseñándonos piel, pieles “quemadas”, pero las quemaduras son, o van a ser, de diferente origen, las primeras son las que produce el primer mundo, las del turismo, el dinero sobrante, el tiempo de ocio al sol en la playa, cuerpos de mujeres en bikini en la España del desarrollismo, las segundas son las pieles quemadas de los que han construido las residencias de veraneo, los que se han quemado y partido la espalda por sueldos miserables, abandonando tierra y familia huyendo de la necesidad más acuciante.
 


Cuando en Francia está la nouvelle vague en apogeo, en el Reino Unido se iba terminado el movimiento de los angry young man y en Italia hace tiempo que el neorrealismo ha sido superado, en España hay tiempo y lugar para hacer una excelente película neorrealista y social, enfrentando diferentes estratos y sustratos de un país tan distinto en apenas 1000 kilómetros de distancia, odios regionales, odios de clase, odios internacionales, envidias e imposibilidades, opresión y represión.
 
 
 
Josep María Forn terminó integrado en las redes del poder cultural oficial de la Generalitat incluso antes de que ésta existiera, asumiendo el cargo de presidente del Instituto de Cine catalán en 1975, y de 1987 a 1991 como director general de cinematografía de la Generalitat, luego sus relaciones con el poder fueron cercanas, aunque su producción cinematográfica sufrió un parón evidente con esta “La piel quemada”, ya que no volvió a rodar nada hasta 1975, y hasta 2006 apenas creó cinco películas más. Me resulta imposible saber si el rodaje de esta película tuvo algo que ver con el parón productivo en el periodo 1967-1975, pero lo que demuestra es que, o la censura no era nada efectiva o la relajación de la misma era evidente y sólo se prohibían los ataques frontales al régimen y no los sutiles o inteligentes como los que se recogen en la historia de José y su esposa Juana.
 


 


Dos mundos absolutamente imposibles de mezclar asoman a esta película, el de la vida fácil y el de la vida inalcanzable. Busco en la hemeroteca, y encuentro en ABC, la crítica a esta película en el momento de su estreno, y la misma resulta positiva, habla de cine social con  resortes populares que pueden atraer al espectador “porque ¿qué es el cine social sin espectadores?” dice el periodista, quizás su interpretación es demasiado lineal, demasiado anclada a los personajes en pantalla en vez de extender el análisis a un país en cambio y con enormes desigualdades. Ver “La piel quemada” 45 años después de su realización produce el efecto de una puñalada. Esa España de 1967 es equiparable, mutatis mutandis, a la España del pelotazo urbanístico de 1995 en adelante, cuando se desregularizaron los mercados y la costa fue urbanizada y urbanizable a gusto del constructor y del alcalde de turno. Cambiemos emigrantes andaluces por subsaharianos, magrebíes o sudamericanos. ¿Cuántas veces hemos visto hacinadas a decenas de personas en casas derruidas que a la mañana siguiente eran recogidas por el “negrero” de turno para trabajar en el campo o en una obra? ¿cuántas veces hemos oido al español quejarse de que los extranjeros se quedan el trabajo y las ayudas sociales? ¿cuántas veces más este país seguirá apostando el todo o nada a la industria del turismo y dando la espalda a la investigación y desarrollo?
 
 


José es un jornalero andaluz, harto de humillaciones, de pasar hambre, de malvivir en una casa miserable que, en la España de los 60, decide emigrar a Cataluña, como tantos cientos de miles procedentes de Andalucía, Extremadura o Murcia en busca de un trabajo que parece sobrar, en el turismo, en la construcción, en las fábricas. Y lo encuentra, pero no por ello pierde la sensación de extrañamiento, de encontrarse fuera de sitio, en eficaces flashbacks, José recuerda su vida en su pueblo, las romerías, los cantes, el hambre, el embarazo de la novia, el matrimonio forzado. Al tiempo, la acción corre paralela con la de Juana, la esposa, avejentada, desarreglada, a cargo de la casa y los hijos. Todo se desarrolla en un corto espacio de un par de días, lo que tarda Juana, su hermano y los dos hijos en desplazarse desde el pueblo de Granada a Lloret de Mar, para Juana el viaje es miedo y esperanza, para José el final de la libertad y la repetición de una vida de la que creía haber escapado, sus correrías nocturnas van a acabar en cuanto llegue la familia, esa mirada al deportivo de la chica tras la noche de desenfreno es una especie de despedida y de odio contenido.
 
 


En el ínterin José y sus amigos tendrán ocasión de ir de fiesta, de beber y emborracharse, de hacer uso y abuso de su cultura, de enfrentarse a los catalanes que afean su comportamiento o quedarse con su trabajo, o enfrentarse por la lengua. Al tiempo reciben el bofetón de otra vida muy alejada a la española, la de los y las turistas europeos, desinhibidos, provocadores para mentalidades tan atrasadas, donde una mujer sola y en bikini es poco menos que una invitación al manoseo y al piropo obsceno. Por eso la mirada de José según avanzan las horas se va nublando, se va introduciendo en el pozo de quien sabe que, por mucha turista belga que abra su cama a un obrero español en una noche de borrachera y de discusión con el novio, su sitio no es ése, su sitio es el de la esposa reprimida, el de los hijos que lleguen y sigan llegando, el de la casa abandonada  alquilada en las afueras del pueblo, extraño de si mismo en su pueblo y extraño de si mismo donde ha emigrado. Esperando un futuro mejor las pieles se van quemando, las pieles y los corazones. El odio de clase maltratada apenas podrá desplegarse en un régimen autárquico, el odio personal aparecerá en cuanto se pueda, y se desahogará en quien más cerca se encuentre. Mirar hacia las alturas del apartamento donde duerme la belga no es sino reflejo de impotencia, de deseo pero de deseo inalcanzable, el fin de una libertad ficticia y el choque brutal con la realidad de una familia muerta de hambre y creciente
 


Película dura, que entronca con los “Surcos” de los años 50, aquella hablaba de la emigración a Madrid, ésta a Cataluña, del campo a la ciudad para repetir años de sacrificio y explotación. Un cúmulo de insatisfacción condenado a convertirse en despojo del sistema, sea éste cual sea. Una curiosidad, la actriz que hace de turista belga es tan española como ustedes y yo, hablamos de cine.

domingo, 26 de octubre de 2014

SEMINCI 2014 ( y IV)


 
SEMINCI 2014 (IV y final)




 
 
 

Las dos últimas películas a concurso cumplen con las expectativas que uno cree han motivado su inclusión en la sección oficial. Una comedia y una película experimental, una comedia británica que se titulará muy próximamente en España “El último verano en Escocia” de Guy Jenkin  y Andy Hamilton, necesaria tras una semana de cine pretendidamente trascendente y de autor, sin mayor pretensión que la de hacer pasar el rato, que tiene un nivel más que aceptable cuando es más gamberra y más incorrecta (lo justo), en la que en el seno de un matrimonio acabado hay que mantener las apariencias de convivencia para acudir al último cumpleaños del abuelo, eso que los adultos no son capaces de aparentar, se pide, además, a tres niños de 10, 6 y 3 años de los que vienen el 90 % de los gags. A mitad de película la historia se transforma en algo más previsible, más familiar, más “como tiene que ser”, y pierde chispa y gracia. La otra propuesta es de mayor empaque y mayor riesgo, el del numeroso público que salía confesando no haber entendido nada.”Little feet” de Alexander Rockwell juega al exorcismo familiar, interpretada por el propio director y sus hijos, se rueda como una especie de super 8 casero, en blanco y negro de grano crudísimo, recordando los paisajes de “La ley de la calle” o las primeras películas de Gus van Sant, en la que unos niños han perdido a su madre y tienen que cuidarse a si mismos ante un padre que maltrabaja y ahoga en el alcohol la pena de la pérdida. Creyendo que su madre les puede ver bajo el agua, la hora de película es un viaje, actuando como niños, desde su casa hasta el río sin agua, y desde éste hasta el mar, para reencontrarse con su madre. Siendo una película que sólo puede aspirar a ser carne de festival cuenta con el interés resultante de su brevedad, del recuerdo y asunción de la muerte de un ser tan cercano y querido y la actuación de “dos bestias del sur salvaje” en la gran ciudad.
 


El palmarés no ha dejado de ser desconcertante, y si se quiere hasta provocador, no es que se haya optado por premiar, en términos generales, la mediocridad, a películas que no pasarán a ningún almanaque de la historia del cine grande, sino que, encima, los premios a las mismas han sido dobles. La espiga de oro ha ido a la israelí “Mita tova”, “La fiesta de despedida” se va a titular en su inminente estreno, película correcta, de alcance amplio por su temática, la eutanasia, el miedo a la muerte y el miedo a la pérdida de la propia dignidad ante innecesarias prolongaciones de la vida, con toque de ironía y humor negro inicial que se va desdibujando hasta el relato trillado y tópico, una película muy comercial para considerarse de “autor”, y con demasiado premio si al premio gordo se une el premio a las actrices.
 

 
 
 Como exagerado es premiar por partida doble una película tan plana como “Diplomatie” de Volker Schlondorf, a quien se le nombra mejor director del festival y se comete una injusticia palmaria premiando sólo a Nils Arestrup y no a André Dussolier, dado que la película son ellos dos, y si se ha premiado exaequo a las actrices de la israelí no encuentro explicación para no hacerlo con “Diplomatie”. Que “El corderito”, película turca correcta y que desbarra en su segunda mitad, obtenga el premio al mejor guión resulta incomprensible, y si además se lleva el premio a la mejor fotografía resulta infladamente retribuida para lo mínimo de su propuesta, salvo si seguimos confundiendo la fotografía con el paisaje.



 
Que Chazelle, director de Whiplash, se lleve el premio al mejor nuevo director no tiene objeción que hacerse, más allá de lo efectista de su propuesta, su “facilidad” para llegar al gran público y lo retrógrado de su mensaje, la película tiene ritmo, agilidad y no aburre. “Kreuzbeg” se queda con el premio de consolación de la espiga de plata siendo, para mi gusto, una de las dos únicas grandes películas del festival, e inexplicable es el olvido absoluto a la película de los Dardenne, justamente las dos películas mejor valoradas para la crítica son las peor tratadas en el palmarés. Fipresci y el Jurado joven han decidido que la mejor película del festival es “Kreuzweg”, que en su próxima distribución en España se titulará “El camino de la cruz” (lo que siempre se ha llamado Calvario, pero vamos, a veces nos da por la literalidad y en otras por inventarnos el título).




 
 
 
Balance decepcionante, poco riesgo y muy poco cine de “autor”, y encima el cine de “autor” ninguneado en el palmarés. 20 películas en la sección oficial son demasiadas como para poder disfrutar, si fuera posible, de otras secciones paralelas, de esas 20, 13 llegan vendidas de antemano, de las 20 hay bastantes (si hablamos de cine de autor) que son carne de multisala. Como en los diez últimos años hay que seguir diciendo que este festival necesita reorientarse, aunque quizás ya lo ha hecho pensando más en el consumo local, la fiesta institucional y la foto o el reportaje en la prensa regional más que en volver a atraer a las grandes publicaciones periodísticas (si quedan) o a la crítica y distribución internacional, dar un premio a una bodega no deja de ser un bofetón simbólico a los verdaderos artífices de cualquier festival, los creadores y no los que pueden poner el dinero. El festival va achicándose cuanto más se amplían las posibilidades de acceder al cine de manera diferente para ver cine de autor, las sedes se mantienen por exclusión y no porque reunan las condiciones para un festival, el deficiente estado de la subsede de la sección oficial, o mezclar salas de festival con películas de multicine lleva al espectador a entrar en proyecciones con palomitas, cortezas y demás derivados del cine de autor, pero claro, si uno de los carteles oficiales de esta semana de cine de autor representa a un espectador con un recipiente de palomitas ¿qué se puede esperar?
 

jueves, 23 de octubre de 2014

SEMINCI 2014 (III)


 
SEMINCI (III)
 
 

https://www.youtube.com/watch?v=jtGAyNXOMqc

Hoy ha sido un gran día en la Seminci, pero no se fíen, no hablo de la sección oficial, hablo de tres extraordinarias películas españolas que merecerían haber participado a concurso en sus respectivas secciones, y secciones no faltan en este festival. En el mismo día se han proyectado “Paradiso” de Omar Razzak, “Sobre la marxa” de Jordi Morató y “Otel.lo” de Hammoudi al-Rammoun, queda dicho, sobradamente lo mejor de los últimos dos días de festival y convenientemente ninguneadas en una sección que nació para dar a conocer el cine español a la crítica y distribución extranjera, pero eso era cuando la había, pues cada vez es más escasa.
 
 
 http://noshacemosuncineenorion.blogspot.com.es/2014/09/sobre-la-marxa-jordi-morato-2013.HTML
 
 
 

Como una maldición bíblica uno sigue tragando películas como las vacas que pastan, que no se sabe si vienen o van, o simplemente se quedan, apenas queda nada que ofrecer a punto de acabar el pase de películas a concurso. Escaso bagaje, encefalograma muy plano en la sección oficial donde, o la cosa remonta mañana con una comedia británica y un sugerente experimento estadounidense o la sobredosis de cine convencional terminará afectando mis ritmos cerebrales, ya bastante alicaídos.


KUZU de Kutlüg Ataman, turca, cuya traducción es “El corderito”, para ser el día de Turquía en la Seminci escaso favor hace esta película al concurso oficial y al país al que representa. Tampoco vamos ahora a ponernos exquisitos y a defender que la cinematografía turca tiene un peso de calidad extraordinario. Paralelamente se desarrolla una sección que muestra una selección de 18 películas de la última década en la que se advierte una estética muy uniforme en las que he visto y un exquisito cuidado por fotografiar la naturaleza, esta “Kuzu” podía haber formado parte de esa selección pero su propuesta desbarra de tal manera que, aun estando impecablemente fotografiada, la historia se transforma en un sinsentido cuando el marido que se resiste a endeudarse para celebrar la fiesta de circuncisión de su hijo, de la noche a la mañana, se empeña hasta las trancas por una “artista” que llega al pueblo. Ese cambio de comportamiento inexplicable, que no se justifica por el hecho de sentirse acosado por su esposa, para la que la celebración de la fiesta es una forma de integrarse en la comunidad, se hace más irreal cuando elegimos para esposa a una mujer que aparenta una modelo mientras la “artista” tiene como 20 años más que el marido. Inexplicable selección para el concurso, eso si, no hay película que no se lleve su salva de aplausos al terminar la proyección.
 
 

https://www.youtube.com/watch?v=kvcv2ayRG4U

RISSE IM BETON, o “Grietas en el hormigón”, de Umut Dag, director austriaco con raíces kurdas, cuyo anterior trabajo, “La segunda mujer”, ha tenido este año distribución comercial en España, tiene un inicio impactante, una mujer madura, cercana a los 60, abofetea repetidamente a un hombre joven con cuerpo de culturista. El inicio de la película es espléndido, pero solamente eso, el inicio, el planteamiento de la historia, lo que parece que van a ser flashbacks contándonos una historia juvenil de bandas que han formado al protagonista de la película recién salido de la cárcel, rápidamente el director lo transforma en un drama convencional, encargándose de desvelar la realidad cuando el joven y el adulto que creíamos la misma persona, comparten plano, a partir de entonces asistimos a la enésima historia de padre e hijo que no se conocen, de padre que intenta actuar de ángel guardián para evitar que su hijo cometa los mismos errores sin identificarse como tal, algo que se revelará en el momento que se cree oportuno, de expiación de pecados. Estamos ante otro globo que se desinfla rápidamente, no llega a ser una mala película pero si una película en la que, aun quedándote dormido, serías capaz de contar a tus amistades todo lo que ha pasado entretanto.




 
 
PARKOLO, de Bence Miklauzick, propuesta húngara de cierto interés, imperfecta y mal concluida, o concluida de forma muy convencional a tenor de lo que hemos visto hasta entonces, dos hombres enfrentados por una plaza de aparcamiento, el dueño del parking del título que mantiene un espacio sotechado en el que no deja aparcar a nadie, y el ejecutivo acostumbrado a conseguir todo lo que quiere y que pretende aparcar su Ford Mustang en esa plaza cueste lo que cueste o haciendo todo lo posible por desequilibrar al hombre de pasado convulso y que se ha creado una isla artificial en medio de Budapest, en la que cree que no será molestado por nadie. Ese duelo interpretativo entre ambos actores se encuentra al nivel que ofrecieron Dussolier y Arestrup en esta Seminci en Diplomatie, obviamente me quedo con estos dos últimos, pero en  la actuación de Ferenc Lengyel como “El legionario” y de Tibor Szervet como Imre hay un buen ejemplo de duelo fordiano, de western urbano. Quien gane no es relevante, el porqué si lo es, los espacios de libertad apenas existen, y desde luego son dificiles de mantener cuando alguien se propone acabar con ellos, es una lástima que la historia venga remarcada por tramas paralelas insignificantes que nada aportan y afean el conjunto, el niño, la vecina con problemas conyugales, que sólo sirven para otorgar una coartada final y que todos queden contentos, pero ¿era necesario que aunque todos pierdan todos consigan algo?
 
 

https://www.youtube.com/watch?v=5xv4cf804h0

MITA TOVA de Tal Granit y Sharon Maymon, la propuesta israelí es una de las candidatas al premio del público, a su favor tratar con cierto respeto, pero sin obviar el drama ni el sentido del humor un tema como la vejez, la soledad y la muerte, la muerte mediante la eutanasia cuando la vida ya no es digna de continuar para quien tiene que soportar la supervivencia. Pese al entusiasmo del público no alcanzo a comprender el mismo, la película es divertida en su primera media hora, pero se va volviendo “mortecina”, nunca mejor dicho, previsible y convencional. No deja de fastidiar que el personal se ría por ver a dos hombres que se quieren acostados en una cama, parece que todavía quedan muchas cosas por cambiar en este país. Al menos los directores saben terminar la película en “su momento”, esto no significa que la película no sea larga, como la mayoría, pese a que su duración apenas alcance la hora y media, no hay peor cosa que saber lo que va a pasar desde un principio.
 
 

Como conclusión, y a falta del último día de películas a concurso, lo mejor visto en estos dos días ha sido “Hermosa Juventud” de Jaime Rosales, un repaso lúcido y fino a nuestra juventud desinformada, a nuestros políticos que miran hacia otro lado, a la dureza de la vida diaria para millones de jóvenes, maduros y viejos que sobreviven de chapuzas, de hacer porno, de pequeños trabajos sin seguro ni seguridad, y que piensan que en Alemania regalan el dinero, el final es tremendo y muy significativo, te has marchado de tu casa, de tu familia, de tu hija y terminas teniendo que hacer lo mismo que no querías hacer aquí. ¿Seguro que no queremos ver cine español? Pues mira que lo hay y bueno
 

martes, 21 de octubre de 2014

SEMINCI 2014 (2ª ENTREGA)


 

El ritmo mortecino y de interés limitado se ha instaurado en la Seminci, era previsible aventurarlo, pero todos los años uno tiene  la esperanza de una cosecha envidiable (la palabra cosecha no es un recurso lingüístico, es que seguimos confundiendo arte y cultura gastronómica, algo muy propio de esta ciudad) pero la realidad te devuelve al vino cosechero en vez de al gran reserva. Alguien debería empezar a preocuparse cuando empieza a generalizarse el comentario de que este festival parece ser de nuevo un festival de valores religiosos y humanos.....algo tendrá el agua cuando la bendicen
 
 

LO MEJOR.- ¿Mi película del festival? Es posible, ojalá todo lo que falta de ver fuera de esta profundidad, de este riesgo, de esta mala baba y de este calado, formal y de contenido. “Kreuzweg” de Dietrich Brüggeman, que viene precedida de cierta buena crítica en otros festivales, incluido Berlín, ha conseguido emocionarme en el retrato de un grupo familiar en las antípodas de mi ética personal, no es que sean católicos alemanes, es que son ultraortodoxos, la equiparación alemana a aquella corriente francesa de Lefevre, y con ciertas resonancias del “Paraiso, Fe” de Ulrich Seidl, ………. y que se lanza a la compleja y dura propuesta de contarnos la historia de María, una joven de 14 años, empapada de la idea de sufrimiento, de pecado, de entrega y de devoción, quien decide entregar su vida a cambio de que su hermano de 4 años se cure de una “enfermedad” que le impide hablar. Si, ya se, suena a “Ordet”, pero no es Ordet, obviamente no es tan sutil, pero sí que esta familia católica recuerda a los ambientes calvinistas del cine danés más rotundo. El director opta por rodar la historia en 14 exquisitos, y alguno de ellos, memorable, planos-secuencia, siguiendo, y perdonen mi ignorancia, las 14 estaciones del calvario de Jesús. Asistimos a los últimos días de la vida de María, a su renuncia a vivir, con golpes de humor negro notables, como su imposibilidad física de tragar la ostia en sus últimos momentos, o la divertida escena de la clase de gimnasia donde María se niega a hacer ejercicios al ritmo de música satánica y es ridiculizada por su clase, que la tacha de intolerante, es cierto, en el fondo una persona intenta imponer su visión del mundo al resto de la clase, y provoca la reacción contraria, el que dice que su religión le impide correr, o aquel otro que dice que tiene que correr hacia atrás para no ser afectado por los mensajes satánicos de las canciones. Cómo las religiones anulan al individuo, le impiden ser racional, permiten el manejo y su dominio, le impiden el libre desarrollo de su personalidad y cómo los adultos pueden disponer de vida y persona de los menores provocan una sensación de enorme desasosiego que el espectador libera riendo ante lo extremo de las situaciones, pero ¿alguien duda de que la historia no pueda ser cierta?, qué duro tiene que ser vivir en la creencia de que todo lo placentero es pecaminoso y que el demonio no tiene nada mejor que hacer que ver la tele o poner música.
 
 

LO NORMAL. MISS JULIE de Liv Ullman, por su parte, redunda en el preciosismo de las imágenes, en la cuidadísima composición simétrica del encuadre, en la perfección del entorno, sacando a los personajes de la obra de Strindberg demasiadas veces de la cocina, rompiendo el ambiente opresivo, y lastrada, quizás de dos interpretaciones nada afortunadas, Jessica Chastain se ve superada en el final de la película y no mantiene su cuidada y buena interpretación de la primera mitad, mientras que el John interpretado por Colin Farell es un personaje que supera, en demasía, los valores artísticos del actor, imposibilitado de dar una réplica solvente a la actriz. Cuatro o cinco apariciones capitales de Samantha Morton como la cocinera prometida a Colin Farell son suficientes para demostrar quien actúa con valía más que suficiente y quién no. Personalmente opino que se trata de otra versión más de “La señorita Julia” que nada aporta, es más, habría que eliminar esa copia del cuadro prerrafaelita de Ofelia al final de la película porque nada nos ilustra sobre la complejidad del personaje y sólo busca el preciosismo de la imagen más que la psicología compleja y dolorosa de dos personajes enfrentados en una lucha de clases a muerte.
 
 
 

EN DU EKSNER, de Pernille Fisher no engaña, es una película ya vista muchas veces en el cine nórdico, tan dado al drama familiar, bien rodada, bien interpretada, bien diseñada, pero perfectamente reconocible, en la que antes de que ocurra algo dirás “y ahora va  a pasar….” y efectivamente, pasa lo que habías presentido. El cine de Pernille es conocido ya en la Seminci, sus dramas familiares, sus generaciones enfrentadas, padres ausentes, hijos rencorosos, deudas de sangre y de familia a cobrar, tiempo a recuperar, redenciones, perdones, reparaciones, todo en un drama buenista de escaso recorrido para el recuerdo del espectador, se ve, se intuye, y se olvida al terminar, la historia del abuelo cantante, millonario y que regresa ocasionalmente a Dinamarca para actuar se transforma en una película de abuelo y nieto obligados a conocerse, el final es fácilmente imaginable por más que ocurran desgracias y desencuentros.
 
 

GIU LAI (Regreso a casa). Zhang Yimou, quién te ha visto y quién te ve, de chico malo del cine chino, llamado al orden por los herederos del gran timonel, a cineasta del régimen, casi reducido a director de comerciales de encargo, manteniendo el preciosismo de muchas imágenes en una historia que no engancha, en una mezcla de “El hijo de la novia” y “Good bye Berlín” a la que hubiéramos despojado de todo sentido del humor para ceñirse solamente al melodrama. Gong Li es la sufrida esposa de un disidente político condenado por intelectual, rehabilitado tres años después de su última detención en una escena muy poco afortunada en una estación de tren, cuando el marido regresa a casa, su esposa no le reconoce como tal, no estamos ante el Coronel Chabert de Balzac, aquí todo el mundo sabe que el que ha regresado es el marido, menos la esposa, cuya memoria ya no funciona. La película es el retrato del continuo intento por recuperar esa memoria maltrecha, eso si, haciendo abstracción completa de la realidad china. Una película correcta pero sin alma, y se nota.
 
 

LO PEOR.- El cine mejicano está siendo maltratado en la sección oficial del festival, la segunda intentona tampoco consigue captar mi atención, innecesariamente alargada, reiterativa, demasiado contemplativa, con apenas diálogos, con alguna escena cuyo encaje no alcanzo a interpretar ni a ubicar, dos mujeres embarazadas del mismo hombre, la primera casada con otro hombre, la segunda la hija de la pareja del embarazador. Las dos caen la tirisia del título, una especie de depresión postparto, una se libera abandonando el árido paisaje del desierto mejicano en una salina explotada por una población indígena, la otra queda enferma de espíritu para siempre, no hay mucho más que contar, “La tirisia” de Jorge Pérez Solano. En otra división intenta jugar el dúo Adán Aliaga y David Valero con su “Arca de Noé” particular, son buenas y nada forzadas las referencias a nuestra crisis actual, económica sobre todo, de valores también, pero su inicio ya peca de pedante, Godard sólo hay uno, y un Godard feísta mucho menos, iniciar una película con una alocución metafísica en francés es una “boutade” más de las muchas que se van a soportar durante 75 minutos, propuesta arriesgada pero absolutamente fallida, que ha provocado el segundo pateo de la sección oficial, bien es cierto que eran las dos películas más arriesgadas, más rupturistas, pero también las menos logradas, las más absurdas y las de guión más encriptado, o a lo mejor es que el guión es muy malo y se ha pretendido enmascarar esa deficiencia en lo críptico.