miércoles, 30 de julio de 2014

SACRO GRA (Gianfranco Rosi, 2013)


 

Cuenta la leyenda que alrededor del G.R.A. hay coches abandonados con esqueletos en su interior, algunos dicen que han visto a gente desesperada dentro de sus coches dando vueltas durante años sin encontrar la salida del anillo. El G.R.A. es el “grande raccordo annulare”, la M-40 de Roma, 68 kilómetros de circunferencia, 8 áreas de servicio, 14 túneles, 42 salidas, y con el acrónimo G.R.A. se hace homenaje, paralelamente, a uno de los ingenieros encargados de su diseño, Eugenio Gra. Gianfranco Rosi es un experimentado documentalista, pero seguro que en sus sueños profesionales no se encontraba el de ganar un León de Oro en Venecia con un documental. Y así fue en 2013. Y no hay nada que reprochar a la propuesta del premio, y al mismo tiempo todo es reprochable. No hay fisuras en la película de Rosi, pero tampoco hay exceso de emoción, cuanto más se acerca la cámara al personaje más grande se hace el documental, que pierde hondura y trascendencia cuando toma distancia y nos ofrece panorámicas de la ruta.
 
 


“Sacro Gra” empieza como si se tratara de uno de aquellos programas de la vieja (¿vieja? ¡Pues anda que ahora¡) TVE, aquel “Vivir cada día” en el que una cámara seguía el devenir diario de una persona en su actividad cotidiana, aunque es verdad que en aquel programa no salían putas ni inmigrantes. Pero en el fondo de las imágenes lo que hay es una barrera física infranqueable que separa y divide la ciudad eterna, el interior y el exterior del anillo dejan de ser permeables, el interior es signo de progreso y el exterior es el colector, el recogedero de todo aquello que no queremos que se vea en la imagen  turística. Debe ser una solución urbanística sinónima de la modernez, el turista no quiere ver imágenes desagradables ni antigüedades echadas a perder, por eso arrasemos el casco antiguo de Barcelona, de Beijing, de Shanghai……. Obliguemos a sus habitantes de siempre a abandonar su entorno como consecuencia de rapaces políticas públicas de especulación subvencionada y provoquemos su éxodo allá donde no “ofendan” nuestra mirada.
 
 


Roma no tiene porqué ser diferente, y el entorno del G.R.A. se convierte en territorio comanche, en zona de aparente tranquilidad a punto de estallar, bolsas de pobreza acumuladas en viviendas sociales de calidad más que discutible, lugar en el que desaguan las ciudades todo lo que molesta o supone costo sin beneficio. La cámara muestra la vida de los habitantes de un edificio de acogida, viviendas siamesas todas ellas, pequeñas y amontonadas, ocupadas por ancianos, mujeres solitarias en las que imaginamos maltrato o rupturas matrimoniales sin patrimonio, parados, inmigrantes, no entramos en sus casas, los vemos desde un plano superior y a través de sus ventanas oyendo sus conversaciones, y estas viviendas nos recuerdan el extrarradio romano que Fellini nos enseñó en “La dolce vita” o Passolini en “Mamma Roma”. Como la prostitución de ambas películas se refleja en los márgenes de la carretera o en los bares mugrientos que la bordean, sólo que ahora el color de la piel ya no es la blanca del país , sino negra, oriental o del este de Europa. Inevitable, y dolorosamente jocoso, es el recuerdo de “La dolce vita” y la escena del milagro con el pasaje de un numeroso grupo de mujeres que se reúnen un día de la semana para contemplar una visión mariana. Casi estoy por asegurar que si aguantamos la visión unos segundos mirando al sol todos terminaríamos viendo contornos y figuras de color rojo sin necesidad de buscar soluciones virginales.
 
 


En torno al anillo también permanecen los resistentes, aquellos que han vivido siempre en esa zona con independencia de los cambios urbanísticos que han provocado las obras que dan título a la película, el viejo pescador de anguilas que navega por el Tíber y sus brazos pescando y lamentando la introducción de especies foráneas mientras conversa con la mamma o con su novia ucrania, el actor de fotonovelas ( es increíble, pero siguen existiendo) que da consejos a la novata para que no se acueste con cualquiera por un trabajo, salvo que le ofrezcan un papel protagonista en una película, entonces hasta él se hubiera agachado “para recoger la moneda”, o el noble romano, heredero y sucesor de una larga serie de “honorabili” predecesores que mantiene su palazzo a duras penas, con una suntuosidad interior que choca con el deterioro externo de la mansión, pero que le permite mantener su Rolls y lucir su capa de caballero de vaya usted a saber qué orden en una reunión con caballeros lituanos, noble en el que, sin embargo, advertimos más concomitancias gestuales con el más pasado personaje de De Niro y con el entrañable Tony Soprano, amarrado a un puro más ficticio que fumable.
 
 


Pero el G.R.A. también produce mucho trabajo y mucho stress, como el del enfermero de ambulancia que a diario tiene que asistir a víctimas de accidentes, salvarles la vida y animarles durante el trayecto hasta el hospital, aunque en el fondo es una persona arrasada por la soledad, que se comunica con sus seres queridos a través de Skype y que tiene que sacar tiempo para visitar a su madre enferma de alzheimer, cuya memoria apenas alcanza el tiempo en que se tarda en cambiar una inspiración por una exhalación. Y hay tiempo para el surrealismo más real y verídico, no ya el de las creyentes fervorosas (¿cuántas habrán terminado en el oculista de urgencias?), sino el del lugareño (y siempre quedará la duda de si es un científico real o una persona obsesionada por alcanzar un hallazgo científico que le proyecte en la posteridad) que graba el sonido que las larvas y adultos de un escarabajo hacen en las palmeras hasta matarlas, obsesionado por aislar los ruidos y conseguir detectar un ruido de peligro que haga emigrar a toda la colonia de la zona y salvar las palmeras que rodean una zona del G.R.A., pero por todas la imagen de un monje, vestido como tal, fotografiando los vehículos que circulan por el corredor y desapareciendo del objetivo de la misma manera que ha entrado.
 
 


Vistas unas cuantas películas de Venecia 2013 no se aprecia en ésta una mayor virtud que en otras, normalmente cuando un jurado no alcanza un acuerdo mayoritario busca una solución de compromiso. No es que estemos ante una película desdeñable, pero en un festival que, fuera de concurso, exhibió la gozosa maravilla y apología de la enseñanza pública que es “At Berkeley” de Wisseman, premiar como mejor película del pasado festival a “Sacro Gra” suena a broma, a chiste o a simple chovinismo italiano, no se, son conjeturas, reflexiones ligeras al hilo de lo visto. Visto y pasar página, no como pérdida de tiempo sino como documento que lo mismo dura hora y media como podía haber durado tres o media hora ya que, este espectador no ha conseguido discernir si se trata de un producto de denuncia, un mero documento realista de un espacio o contiene una identidad temática a reseñar que no he sabido encontrar. El estreno está previsto para el 29 de agosto, ya se verá si es verdad.

domingo, 27 de julio de 2014

BLOW UP (Michelangelo Antonioni, 1966)


BLOW UP (Michelangelo Antonioni, 1966)
 


“El ojo que ves no es

  ojo porque tu lo veas

  es ojo porque te ve” Antonio Machado

 
 


Como apunté ya en otra reseña descubrir tarde a Antonioni tiene la ventaja de asumir sus imágenes con otra perspectiva de mayor formación, de vivencias personales, de mayor capacidad de análisis y de capacidades para enfrentarse a un lenguaje cinematográfico diferente y difícil. Cuentas con el hándicap de perder espontaneidad porque a todo intentas encontrarle cierta explicación, mientras que en la juventud puedes tender a pretender entender lo que ves como lo ves, sin dobles intenciones, pensando, equivocadamente, que te encuentras ante un cine que cuenta una historia sin ramificaciones, sin presencias invisibles, sin dobleces. Y en el fondo Blow Up habla de lo que no ves,  bien por falta de interés, por falta de capacidad o porque el árbol no te deja ver el bosque. Decía el propio Antonioni sobre esta película que “cuando se utilizan ampliadoras pueden llegar a verse cosas que, a simple vista, sería imposible captar…. El protagonista de Blow Up es un fotógrafo, no un filosofo, quiere ver las cosas más de cerca, pero lo que sucede es que, al ampliarlas demasiado, el objeto se desintegra y desaparece, por lo tanto hay un momento en que asimos la realidad, pero eso momento pasa. Éste es, en parte, el significado de BLOW UP”
 
 
 
 


Segunda película en color de Antonioni tras “El desierto rojo”, es la primera de sus películas rodadas fuera de Italia, fuera de su Emilia Romagna natal, y no deja de resultar chocante ese cambio de idioma y de escuela de actores, pero Antonioni, esteta depurado y puntilloso creador de ambientaciones para sus películas entendió que esta película debería rodarse en el Londres del “swingning London”, el Londres de moda, el Londres de los 60, en plena ebullición económica y financiera superada la crisis postbélica, y en plena efervescencia creadora cultural. Imaginar lo que Antonioni conseguiría fotografiar ahora con las cámaras actuales y los tratamientos digitales de la imagen y el color causa vértigo con la simple comparación con lo que logra en este Blow Up en cuanto a composiciones estéticas de color, formas y erotismo en las sesiones fotográficas en el estudio del fotógrafo protagonista de la historia.
 
 
 
 


Para romper con la realidad, y mostrarnos una primera declaración de intenciones, una trouppe de personas vestidas y maquilladas como mimos circulan en un jeep por las calles de la City armando alboroto, para posteriormente deambular por la ciudad mezclando el mimo con el ruido, algo que, en principio , resulta incompatible con la condición de mimo. Sucede una escena de unos trabajadores abandonando una fábrica como si se tratara de la salida de una fábrica de la era de la revolución industrial, cabizbajos, agotados, sucios, con ropas viejas y usadas. A continuación uno de esos trabajadores aparece vestido a la última y conduciendo un descapotable de lujo con el que deambula por la calles de Londres hasta su estudio, donde comienza a trabajar con una modelo que espera resignada, y a la que, literalmente, hace el amor con la cámara. Este personaje, sin nombre en la pantalla, aunque según declaraciones del propio Antonioni se llama Thomas, no tiene un momento de reposo a lo largo de la película, ya sea trabajando, ya sea seduciendo, ya sea conduciendo, comprando una hélice de un avión, intentando comprar una tienda de antigüedades, tomando café, buscando la imagen que defina el Londres con la que quiere culminar el libro que está a punto de editar, visitando gente….. no para, es un cuerpo en permanente movimiento a la busca de algo que desconocemos, su objetivo o finalidad nos es desconocida, seguimos al personaje, a veces con planos subjetivos y otros en los que el propio Thomas participa de la escena, hasta que se produce un punto de inflexión, el que supone la visita del fotógrafo al parque Maryon, y allí cree encontrar la foto definitiva, una pareja que deambula por el parque en total intimidad y amparados en la ausencia de gente, parecen haber quedado allí para tener un encuentro clandestino, y Thomas, intentando no ser visto, saca las fotografías de lo que su ojo ve en ese momento, un juego de seducción entre un hombre y una mujer que termina cuando la pareja advierte la presencia del fotógrafo y la mujer se dirige a él para reclamarle el carrete, Thomas aprovecha la situación para pretender mostrar su superioridad y su situación de poder derivada de la posesión de algo que, captado por su cámara, alguien desea. “Nunca me has visto” le dirá  Vanessa Redgrave a David Hemmings antes de desaparecer del lugar, pero cuando el fotógrafo quiere darse cuenta a la única que ve marcharse del lugar es a la mujer.





No es hasta cuando empieza a revelar las fotos cuando Thomas advierte algo extraño que no cuadra con lo que él ha creido ver, lo que ha pensado una pareja de amantes, de enamorados o de amor clandestino queda en entredicho observando la cara de los protagonistas, comienza entonces a ampliar sucesivamente las fotografías, y cuanto más amplia más se diluye y difumina la realidad de lo que creyó ver, apareciendo entre el follaje la sombra de un hombre apuntando con un arma y posteriormente la silueta de un hombre caido en el suelo. Pese a no verlo, Thomas ha sido testigo de un asesinato, lo que él ha visto no es lo que ha sucedido, y es éste el tema central y fundamental de la película, basada en un cuento de Cortázar, “Las babas del diablo”, donde el escritor dice “creo que se mirar, si es que algo se, y que todo mirar rezuma falsedad, porque es lo que nos arroja más fuera de nosotros mismos …… si de antemano se prevé la probable falsedad, mirar se vuelve posible, basta elegir bien entre el mirar y lo mirado, desnudar a las cosas de tanta ropa ajena”.






La escena del parque, en un sepulcral e irreal silencio tratándose una gran urbe como Londres, y sólo roto por el viento que mueve las hojas, desmonta la actitud vital del fotógrafo, quien hasta ese momento confiaba en su ojo y en cámara se ve enfrentado con la realidad que no ve, o mejor dicho, con la irrealidad en la que vive, enlazando con el recurrente tema de Antonioni, la incomunicación, pues descubierto el crimen, será incapaz de ser tomado en serio por ninguno de sus conocidos, mucho más cuando las fotos desaparecen tras mantener un encuentro erótico con la mujer del parque, que acude a su estudio, y posteriormente con dos mujeres que acuden a su estudio para ser fotografiadas por el artista de moda. Thomas será incapaz de encontrar a alguien que crea su historia y seguirá su deambular sin rumbo por el Londres de moda (traducción de ese Swinging London) con concierto de los Yardbirds incluido, por perder hasta perderá el cuerpo del muerto que llega a ver en otra escena donde el fotógrafo acude al parque, de noche, con el mismo silencio, para contrastar que lo que ha creido ver en las fotos ha sucedido de verdad. La película termina en el parque, otra vez con la trouppe de mimos, con el mismo escándalo, rompiendo el silencio absoluto del parque y jugando una partida de tenis sin pelota y si raquetas, comportamiento que Thomas observa con curiosidad y cierta displicencia pero del será partícipe cuando un golpe demasiado fuerte lance la bola por encima de la verja que rodea la pista y uno de los jugadores mimo le reclame la pelota. Thomas ya ha advertido que aunque él no vea la bola eso no significa que no exista pues nuestra comprensión de la realidad no es idéntica a lo que estamos viendo pues lo que vemos, como se ha demostrado, no es todo lo que sucede, y una vez que Thomas devuelve esa bola imaginaria para él, la película termina.
 





 
 

 
La idea de la película, que Antonioni toma de un relato de Cortázar, tiene su base real, Sergio Larrain, fotógrafo chileno, que inmortalizó a Neruda en La isla negra, tomando una vez fotos a escondidas a una pareja de amantes, al revelarlas toma conciencia de haber sido testigo de un crimen, circunstancia que contó más tarde a Cortázar y de la que éste extrajo el material de arranque para su cuento. Al ampliar la realidad, la deformamos y podemos contar con diferentes realidades según el punto de vista, ya no podemos estar seguros de lo que vemos ni de que nuestra realidad sea lo que estamos creyendo ver, sabíamos que podía haber tantas realidades como personas, ahora tomamos conciencia de que nuestra realidad es parcial porque no lo vemos todo en el mismo momento. Del relato o de la película se obtiene el perverso mensaje de ¿porqué contar nada si no se puede llegar a la realidad? Si ésta es inasible para el ojo humano y la realidad no puede contarse con certeza, todo puede ser mentira o todo puede ser verdad, incluso puede haber una multitud de verdades simultáneas y concurrentes de un mismo hecho. Decía Antonioni que “Mi problema en Blow Up era el de recrear la realidad de una forma abstracta, quería discutir la realidad presente, éste es un punto esencial en el aspecto visual de la película, dado que uno de los temas principales de la película es ver o no ver el valor exacto de las cosas”
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Otro aspecto a destacar, y no menor, es la banda sonora, usada no como una sucesión de canciones sino como verdadera música incidental , al servicio de la historia, banda sonora creada por Herbie Hancock a petición del cineasta, amante del jazz, y que supuso un mazazo inicial para el músico, pues al ver la proyección de la película se sintió manipulado al no aparecer completas sus composiciones, y tras llamar al cineasta para pedir explicaciones éste le contestó “la usé como sentí que tenía que hacerlo”, tras colgar el teléfono Hancock recapacitó, reconoció que fue a ver la película para escuchar su música y no para ver las imágenes, y tras volver a llamar a Antonioni se disculpó, “ es cierto, tienes razón , es cine, lo siento, esta lección no la voy a olvidar nunca”. Antonioni no se deja capturar por la música del London swinging, la historia no pide continuamente música de los Rolling, de Beatles, Who, Cream o Pink Floyd, a excepción de una canción de los Yardbirds con un irreconocible Eric Clapton, la música que escuchamos es la de jazz, que encaja como un guante en este mundo irreal de la moda, la fotografía y el amor, porque lo que nos enseña Antonioni es a no creer en nada y a buscar las multiples verdades de las cosas


sábado, 26 de julio de 2014

A TOUCHE OF SIN (Un toque de violencia, Jia Zhangke, 2013)


 
A TOUCHE OF SIN (Un toque de violencia, Jia Zhang-ke, 2013)

Miguel Martín Maestro
 

Dos planos valen por toda una película, y ésta no está falta de planos, de historias, de tramas, de submundos y de ollas a presión. Como el frío que puede verse en la película, que se siente, que aturde los sentidos, el latido de la violencia es permanente en esta maravilla de película. El plano inicial y el final encierran dos secuencias nada gratuita la primera y nada inocente la segunda, empezar la película con un tiroteo en una perdida carretera de montaña en pleno invierno chino, donde un asalto con hachas a un motorista termina en masacre y acabar con un plano fijo de un centenar de humildes campesinos y mineros chinos de ambos sexos, que acaban de presenciar una representación de teatro tradicional y son interpelados de manera individual por la actriz con la pregunta ¿habéis entendido el sentido de vuestra violencia? ante su evidente ajeneidad a la pregunta, resumen de manera magistral una de las mejores, sino la mejor, película vista hasta la fecha este año, y ha habido ya una docena de impactantes pretendientes al título de obra maestra del orbe cinematográfico, pero la densidad y la complejidad de la obra de Zhang-ke es mayúscula, y sólo el paso del tiempo nos demostrará si persiste su densidad o ésta se evapora, pero ahora mismo es una película sobresaliente.
 
 

Las primera duda que asalta al espectador es la de ¿el gobierno chino se ha relajado? ¿no funciona la censura en el país? ¿tan aperturistas se han vuelto que permiten que una productora japonesa (Office Kitano para más señas) participe en el proyecto? ¿Qué ha fallado en la férrea dictadura política, que no económica, china, para que hayan permitido rodar este arrasador panorama de un país encaminado a la autodestrucción desde el poder, el dinero, la corrupción y la ambición? Y algo ha tenido que fallar cuando, una vez terminada y exhibida con éxito en Cannes 2013 (si, volvemos a lo de siempre, otro año de espera) se ha prohibido el estreno y la difusión comercial de la misma en su propio país. Demasiada realidad para ser tolerada por el régimen, y eso que no deja de basarse en cuatro episodios sacados de la realidad periodística del país, pero claro, puestos todos juntos y con evidente intención, el retrato de China no deja de ser más verídico y más creíble.
 
 
 

Sigue el director la estructura de capítulos, cuatro historias con cuatro personajes fundamentales, todos y cada uno de ellos colocados en situación de explotar, de usar la violencia como modo de expresión, y habrá para todo, desde el espíritu autolesivo al heteroagresivo, desde la violencia como limpieza y extirpación del tumor social hasta la violencia como defensa personal, incluso hasta la violencia como modo de evitar el aburrimiento vital. Los personajes podrán compartir espacios, cruzarse ocasionalmente, peno no estamos ante retratos de vidas cruzadas, ni el director se preocupa mucho en cerrar los círculos, porque lo importante no son las historias en sí, sino como esas historias representan otras muchas. Que conozcamos a una prostituta no evita saber que hay miles, decenas de miles como ella repartidas por todo el mundo, que una persona con dinero piense que puede avasallar a quien no lo tiene y pretender tratar a cualquier mujer como objeto sexual no impide saber que esa realidad es constante hasta en el país heredero del gran timonel.
 
 

El gran timonel nos mira desde su posición altiva de pedestal en más de una ocasión, pero la pregunta es evidente, ¿ésta era tu revolución? Primero acabaste con la cultura, o lo pretendiste, como signo de burguesía y contrarrevolución de las clases ilustradas, y después tus herederos pensaron que el ideal era el capitalismo comunista. El resultado de rigor ideológico y apertura económica no ha podido ser más peligroso, no sólo para China, sino para el resto del mundo que copia el modelo, humilla al débil, explota al trabajador, reparte las migajas y acumula riqueza a niveles nunca conocidos. En ese caldo de cultivo de abuso del poder, la presión que se ejerce sobre la base es directamente proporcional al empuje que puede generar la masa con su violencia una vez que asume ésta como único lenguaje admisible para hacerse oir.
 

 


El protagonista de la primera historia es el paradigma del ciudadano comprometido con el sistema comunista, pobre como una rata, con un viejo abrigo raído, mal visto por sus compañeros ante sus continuas reivindicaciones y reclamaciones, no duda un instante en intentar denunciar al comité disciplinario del partido al jefe del pueblo y al director de la fábrica porque se están lucrando con las ganancias que genera la misma, mina que era del pueblo, pública, y se vendió, privada, porque a partir de entonces se repartiría entre la comunidad el resultado de las ganancias, algo que no ha ocurrido, es decir, que se privatizó para enriquecer a unos pocos y no para beneficiar a la comunidad, modelo perfectamente transvasable a nuestro país, donde lo privatizado ni funciona mejor ni ha supuesto menor coste para el consumidor, pero ahí seguimos, perseverando. Obligados los trabajadores a recibir a su jefe y adularle cuando regresa de un viaje al extranjero con un avión nuevo, para conducir su Masseratti, nuestro antihéroe le espeta que cumpla su obligación con la comunidad o le denunciará al partido. La respuesta es que es brutalmente agredido por los guardaespaldas, se le tapa la boca con tres fajos de billetes y pasa a ser el hazmerreir del pueblo tras la paliza. Esa es la gota que colma el vaso, ese tapiz con un tigre que preside su casa refleja su espíritu, y su rifle de caza es el que va a poner orden ante la desidia, la burla y la falta de compromiso de sus compañeros que, prefieren vivir de un sueldo miserable y en la ruina a enfrentarse en masa a la corrupción generalizada que les rodea. En el camino, y ya puestos, no sólo eliminará las cabezas visibles de la corrupción, sino también a aquellos vecinos cuyo comportamiento le repulsa, eliminará a los corruptos y a los cabrones, según su lenguaje.
 
 
 

Este es el primer episodio, la violencia persiste y abruma al espectador, la violencia del campesino que azota sin compasión al viejo caballo, la violencia del accidente de tráfico, la violencia en el sacrificio del pato, la violencia gratuita durante una partida en el bar, ……….la violencia nos rodea y sólo el temor a la ley o al castigo nos socializa como comunidad para evitar la ley del más fuerte, pero eso sólo en teoría, Zhang-ke nos demuestra que la ley tiene dos escalas, la del poder y la de la gente normal, para el poder, normalmente vinculado al dinero y, por tanto, a la política, las reglas del juego son muy distintas, para estos hay posibilidad de meter la mano en la caja, de pagar a mujeres o a hombres, de comprarse coches de lujo a costa del salario de tus vecinos, de jugar en el casino millonadas que proceden del ilícito y abusar de quien trabaja. Y mientras el 99 % de la población vive sometida al vaivén caprichoso del poder, a la decisión de dónde vamos a enriquecernos hoy y a quien vamos a empobrecer mañana. En ese caldo de cultivo el individuo puede reaccionar haciendo de justiciero, puede usar la violencia para defenderse, puede usar la violencia como motivo de vida o puede verse anulado como persona ante la imposibilidad de salir de esa espiral insana y lanzarse al vacío.
 
 

La película de Zhang-ke no ha de sorprender si se ha visto su devenir, Plattform, Naturaleza Muerta, Historias de Shanghai…….. son radiografías milimétricas de la nueva China, la sexta generación de cineastas chinos ha decidido fijar sus historias en el tiempo presente, con el riesgo de que el mandatario asuma como ataque directo lo que ve en pantalla. No sería descabellado, como a tantos directores iraníes por ejemplo, que a Jia se le prohíba dirigir, o se le “reeduque” para que se dedique a hacer “wuxia” del gusto oficial como han ido doblegándose los de la quinta generación, Yimou, kar Wai, desapareciendo como Kaige, o bien consigue irse del país y refugiarse en Francia para hacer el cine que le gusta, aunque perderemos el referente real de la China actual, ésta que ha asombrado al mundo decían, el país que crecía al 9 % anual a costa de masacrar a sus ciudadanos en Tiannamen, de encarcelar a sus disidentes, incluidos premios Nobel, acosar a sus artistas como Ai Weiwei para hacerles callar, todo ante el silencio y el mirar hacia otro lado de todos los países del mundo.
 
 

Las diferencias económicas entre los ciudadanos se amplían ante el silencio e inactividad de los encargados de evitarlas, cuando no su complicidad o su participación. La brecha social aumenta y el cabreo ciudadano también. Hacer, como dice China, que estos casos son individualidades, no es más que una parte del discurso oficial tendente a hacer silencio de lo incómodo, que ahora se trabaja mucho más por mucho menos, que ahora se te amenaza con el despido a la mínima de incomodidad, que nadie puede atreverse a hacer una huelga en una empresa privada con contratos de un año sin derecho a indemnización por despido, que con el dinero de todos tapamos los agujeros de banqueros y políticos a quienes se regalan bancos sin deudas, que a los políticos corruptos tiene que haber empresarios corruptos que les paguen, aunque ahora el sistema se perfecciona y aumenta la autocontratación, crear empresas para contratarlas y que todo quede en casa…………y ante todo ello, el ciudadano asiste impasible, desconectado, lobotomizado a la par que sodomizado. No nos sorprenda la película de Zhang-ke, la violencia forma parte sustancial de nuestra naturaleza y sólo el contrato social la mantiene latente, la violencia es la consecuencia en estas cuatro historias de violencia, somos violentos porque todo lo que nos rodea es violento, pero si el contrato social salta por los aires por culpa de unos pocos, la mayoría puede pensar que tiene derecho a defenderse. En los siglos precedentes a esto se llamaba revolución, queda mucho para eso, pero la ceguera del poder fruto de su embriaguez hasta puede ser capaz de provocarla.
 
 

Hablaba de China por supuesto, nada que ver con España, donde atamos perros con longanizas y el dinero fluye en todos los bolsillos. En la película de Zhang vemos la conexión de la corrupción política, económica y social, en España basta poner el telediario y veremos a niños que no pueden comer tres veces al día mientras algún ministro mantiene su cargo pese a que en su casa se viajaba gratis, enfermos que no compran medicinas por no poder pagarlas mientras un paterfamilias reconoce haberse olvidado durante 32 años de haberse olvidado declarar unos cuantos centenares de millones de euros, asistimos a un retroceso de los medios en educación, sanidad, justicia…que cada vez nos separa más de los niveles de excelencia presupuestaria de los países desarrollados mientras unos sindicalistas se reparten centenares de miles de euros falsificando facturas, a la mayoría de asalariados se les cruje a impuestos mientras a las grandes fortunas se les permite crear un instrumento financiero para pagar un 1 %, o la comunidad internacional consiente paraísos fiscales que serían borrados del mapa en cuanto alguien con dignidad y poder se lo propusiera, pero que utiliza esos paraísos fiscales para asaltar las arcas públicas mediante redes clientelares y de corrupción que, a fuerza de sobrecostes y comisiones han enriquecido a los conseguidores y mantienen sobresueldos en las clases dirigentes. Si, hablábamos de China, pero ese retrato crudo de una sociedad desestabilizada, donde la violencia impera desde la familia hasta la amistad, donde el individuo piensa que sólo en el consumo encontrará la felicidad, donde el rencor personal se acrecienta cada vez que sufres un recorte más y la élite, o en términos actuales, la casta, cada vez se enriquece más, no nos hace muy diferentes al mundo socioeconómico chino. Es cierto, podría ser peor, todavía queda el modelo de Corea del Norte, pero, piano piano, haremos camino y quien sabe, se empieza viendo al  presidente en una pantalla de plasma y se le acaba llamando “Amado líder”.
 
 
 

Y como complemento a esta obra de ficción, un documento excepcional de lo que hace China con sus ciudadanos, “Ai Weiwei, never sorry”, excepcional documental sobre el artista disidente chino, programa doble de lujo el que podrían disfrutar así, pero puestos a escoger, hay que aprovechar la cartelera y correr a ver este “A touch of sin” o “Un toque de violencia”