jueves, 24 de abril de 2014

THE SPECTACULAR NOW (James Ponsoldt, 2013)


THE SPECTACULAR NOW (James Ponsoldt, 2013)




 

Ser joven e inseguro es una de las peores combinaciones posibles, el paso de la adolescencia al momento de la toma de las primeras decisions trascendentes de una vida supone dares cuenta de que la vida no es una cabaña de chocolate de la que puedes comer hasta hartarte sin que nadie te pida cuentas. Madurar puede convertirse en una putada si no eres capaz de sobreponerte a los continuos sinsabores de la vida, puede marcarte definitivamente e incapacitarte para siempre, huyendo de problemas o de lo negativo te irás anulando hasta ser incapaz de disfrutar del momento o de agarrarte a lo positivo.




 

“Nunca seremos más jóvenes que ahora”, frase redonda y que encierra un poso de amargura pero que define la personalidad de Sutter, el protagonista de esta película que empieza con lo que parece una nueva comedia más de adolescentes preuniversitarios y que va fluyendo hasta convertirse en un perverso retrato de todo lo que rodea el momento de convertirse en adulto, el fin del paraíso prometido y la llegada de lo que hayas sido capaz de buscar y atreverte a encontrar. Sutter vivía una relación de atracción y deseo con memorables broncas con su novia de “siempre” (cuando se tiene 18 años el “siempre” siempre hay que entrecomillarlo) Cassidy, hasta que ésta encuentra la excusa para romper, frente al deseo y la atracción Cassidy advierte una relación negativa, dañina para ella. A cambio, y sin tomárselo en serio, Sutter entabla relación, tras una de sus frecuentes y suicidas borracheras, con Aimee, la chica dulce, sensible, madura pero insegura con los chicos, una persona capaz de amar desinteresadamente, de preocuparse por Sutter, algo que está fuera de toda posibilidad de alcance para una persona tan potencialmente destructiva como Sutter.




 

Contada en el tono sentimental melancólico propio de, por ejemplo, la serie “Aquellos maravillosos años”, Sutter tendrá que enfrentarse a la realidad de que su vida está disfrazada de mucho autoengaño, la aparente frivolidad y falta de compromiso de Sutter esconde un miedo tremendo al fracaso y la soledad, no querer comprometerse es una manera de no sufrir desengaño alguno ni frustración, pero también es una forma de evitar los buenos momentos de la vida, considerar a la madre como un ser perverso y castrador, en el fondo, es un intento de idealizar al padre ausente,  pero también es el reto que hay que superar y descubrir que el padre no es bueno por el solo hecho de ser padre, y la revelación de que se trata de una persona egoísta y ajena a su vida, pese al momento inicial de frustración, convence a Sutter de que las cosas espectaculares están por llegar y que nunca es tarde para conseguirlas, o , al menos, para intentarlo.




 

Las punzadas de melancolía rodean al personaje de Sutter, los continuos encuentros con Cassidy en el ambiente del instituto no ayudan a romper definitivamente con la ensoñación de que, tarde o temprano, ella reconsiderará su decisión y podrá volver con ella aunque sea rompiendo el corazón de Aimee, enfrentado a tener que decidir si mantener el trabajo prometiendo que no se volverá a emborrachar, Sutter reconoce que no puede prometerlo, el alcohol le permite sobrellevar su propia debilidad, hasta que descubre en lo que puede convertirse cuando finalmente visita a su padre, ejemplo vivo del miedo que tiene al futuro, a ser igual que esa persona a la que tenia idealizada pero de la que ha descubierto la verdadera cara oculta, esa de la que su madre le trataba de proteger.




 

The spectacular now es de esas películas que, sin ruido, perforan los sentidos, te enfrentan con tu propio pasado o con el de los que te rodearon, te hace pensar en aquellas personas que fuiste abandonando o que te abandonaron y, de una u otra manera, te ayudaron a ser lo que eres, o lo que crees ser, algo que no tiene siempre porqué coincidir, como le pasa a Sutter, que se cree peor persona de lo que en realidad es, oculto tras una  máscara de perdedor. Y ese plano final merece una película entera, si , es verdad, ¿y ahora qué? Pues ahora empieza lo espectacular, para bien, o no, pero te has atrevido a buscarlo, una manera como otra de quitarnos la máscara.

miércoles, 23 de abril de 2014

L,IMAGE MANQUANTE (La imagen perdida, Rithy Panh, 2013)


L,IMAGE MANQUANTE (La imagen perdida, Rithy Panh, 2013)
 





España ostenta uno de esos records o puestos de privilegio que solo sirven para avergonzarnos como pueblo, como país y como proyecto. Somos el segundo país del mundo en número de personas desaparecidas como consecuencia de represiones dictatoriales, enterramientos clandestinos tras ejecuciones sumarias, torturas, desapariciones forzadas………segundo país tras el protagonista de este excepcional documento visual y exorcismo personal, Camboya, aunque en mi opinión con un agravante notable, en España se tienen catalogadas, identificadas y localizadas la mayoría de las fosas comunes, falta la voluntad política de reparar un daño causado a la ciudadanía entregando a los familiares los restos tras su identificación y falta la voluntad estatal ( de los tres poderes) de respetar, cumplir y hacer cumplir  la legislación internacional suscrita por España.




 

Camboya, por su parte, cuenta con otros inconvenientes, la cercanía relativa del holocausto causado por los jemeres rojos en su propio país, en ese momento en que el Sudeste asiático se convirtió en un polvorín, donde la influencia norteamericana se vió mermada y reducida a Tailandia e Indonesia, mientras el resto de países giraban en la órbita chino-soviética, embarcados en guerras vecinales y fraticidas. Esa cercanía temporal hace que si visitas el país todo el mundo tenga historias personales y directas que te pueden contar acerca de la represión sufrida, familiares asesinados o reeducados hasta la muerte, pero también produce que muchos de los verdugos, de los abducidos por la tiranía de Pol Pot y sus secuaces sigan con vida e integrados en la sociedad. Si a esto le unes una pobreza patente, una imposibilidad de atención hacia los propios ciudadanos que dificulta o excluye destinar recursos a recuperar los cuerpos de las víctimas del genocidio, explica el porqué estamos ante el primer país del mundo con desaparecidos en su haber.




 

El título francés (otra vez Francia y el cine, ¿qué sería del cine “alternativo” actual sin el dinero y la producción francesa) es mucho más respetuoso con la idea que intenta transmitir Rithy Panh, víctima del holocausto, que la traducción puesta en España. Realmente no estamos ante una imagen perdida, sino ante una imagen que falta, y esa imagen a la que el director se refiere es la imagen que acredite la realidad del asesinato de 2000000 de personas en apenas tres o cuatro años de régimen sanguinario. A diferencia de la URSS stalinista, la China maoísta, la represión posterior a la guerra civil española, los crímenes nazis en la 2ª guerra mundial……..Rithy Panh echa en falta la imagen definitiva del holocausto camboyano, algo que los jemeres rojos, ya por su aversión a la tecnología o por planificación premeditada, consiguieron evitar, falta porque no ha existido, no porque se haya perdido. Rithy Panh no puede reconstruir esa imagen porque no le consta su existencia, sufre penurias, la muerte de su familia, ya por enfermedades, por hambre, directamente ejecutados………. pero la falta del referente fílmico o fotográfico es la imagen que falta, no la imagen perdida, porque la imagen está en su mente, pero no en el imaginario colectivo.




 

Rithy Panh retoma su tema cinematográfico por excelencia, los años de plomo desde la entrada de Pol Pot y sus tropas en Phnom Penh hasta la entrada de los vietnamitas liberadores en el país cuatro años después y cientos de miles de víctimas después. ¿Cuál era el crimen de todos los camboyanos asesinados? Su formación, su vida en ciudades, su nivel cultural, su conocimiento de cualquier materia formativa, su profesión intelectual. Como hicieron los nazis (y los soviéticos, algo que se ha contado muy poco) en la Polonia ocupada, la reeducación de las personas preparadas intelectualmente, y de sus familias, en Camboya, pasaba por su extrañamiento, por su desplazamiento forzoso a la jungla, a vivir hacinados, sin comodidad ni higiene alguna, a merced de enfermedades e infecciones, a trabajar con las manos el campo, retomando practicas ancestrales de cultivo superadas por la técnica, trabajando a lo tonto con la simple finalidad de doblegar el espíritu al tiempo que se doblega el cuerpo. El fin último era el exterminio, su desaparición absoluta como clase intelectual porque se trata de instaurar una sociedad agrícola, pero tras un sufrimiento prolongado, aunque en ocasiones muchos elementos “dañinos” de la sociedad comunista camboyana no podían ni sufrir esperando tiempos mejores porque un simple libro guardado, unas gafas, una palabra en inglés o francés, bastaba para ser ejecutado.




 

Las grandes ciudades del país pasaron a ser ciudades fantasmas, abandonadas a la fuerza, muertas, con la población en campos de reeducación donde la psicopatía criminal de un grupo de dirigentes daba carta libre a todos los subalternos para tratar a sus compatriotas peor que a animales. La ambición de Pol Pot le llevó a equivocar su enemigo, tentar a la suerte pretendiendo extender su modelo inflamando la región provocó la intervención “humanitaria” del victorioso Vietnam para eliminar a la colonia de ratas inmundas que disfrutaban exterminando y sumiendo al país en un referente medieval y colocar un régimen títere en la órbita de Ho Chi Minh.



 

El sufrimiento y la evolución de esos cuatro años de plomo Rithy Panh los relata sin personas, con unas cuantas escenas sacadas de noticiarios propagandísticos de la época, con alguna fotografía del momento y con centenares de pequeñas figuritas de barro realizadas para el momento, reconstruyendo escenas desde la vida cotidiana previa al holocausto, la entrada de los jemeres en la capital, el éxodo a la jungla, la obligación de vestir de negro, de deshacerse de gafas como producto burgués e innecesario porque leer es un acto reaccionario, como todo intento de formación, las formaciones, las clases en marxismo revolucionario, las sucesivas reducciones de las raciones de arroz, la muerte, la supervivencia del día a día, la enfermedad y la ¿liberación? como pequeños cuadros o escenas en su ambientación propia .¿Alguien puede liberarse de esa experiencia? ¿Puede uno recuperarse de haber sobrevivido a la masacre, de haber visto morir a tanta gente, incluidos tus seres más próximos? ¿Cómo se recupera un país al que se le arranca de cuajo la gente más preparada? ¿Cuántas generaciones se necesitan para reparar ese daño, cuánto se puede soportar conviviendo con el asesino como vecino sin reparación alguna? ¿Podemos hablar de perdón o de imposibilidad de venganza? La Camboya actual es un ejemplo de país injusto, el país donde el trabajo infantil y miserable se desarrolla ante tus ojos y donde las nuevas construcciones, los coches de lujo, los famosos Hi-Wi del ejército estadounidense desfilan ante tus ojos conteniendo todo tipo de corrupciones y connivencias modernas mientras la mayoría del país vive sin energía eléctrica, sin agua corriente, condenada a sobrevivir y al albur de las catástrofes naturales.




 

Con S21 del propio Rithy Panh, con  The act of killing de Joshua Oppenheimer, con Shoah y El último de los injustos, esta película forma un cuadro formidable del horror del s. XX, ese del que está tan orgulloso un personaje como Kissinger, o como el propio Donald Rumsfeld retratado por Errol Morris en Unknow know……….. una clase de historia, una biografía personal a modo de exorcismo a la busca de la imagen necesaria para superar tamaña barbaridad, y cine, sobre todo cine, ese cine molesto y que te hace revolver en la butaca, el cine que hace pensar o que te enfrenta con las miserias perennes de la humanidad. Indispensable para abrir los ojos de quien nunca haya oído hablar de Camboya, de la Kampuchea de mediados de los 70, de los herederos del reino próspero de Angkor, de lo que ocurre cuando miramos el mapamundi como un simple reparto de áreas de influencia sin pensar en las personas, vamos, en definitiva, nuestra eterna historia como género, cultura por un lado y barbarie en el poder.
 
 

domingo, 20 de abril de 2014

THE CONGRESS (Ari Folman, 2013)


THE CONGRESS (Ari Folman, 2013)


 

Ari Folman es el director que hace unos años realizó un mural preciso y molesto para el poder sobre la relación de Israel con los territorios ocupados, y con los palestinos, en la soberbia “Vals con Bashir”, y en su última película, con mucho más artificio, con mayor complejidad y dificultad en lo que se trata de contar, y que se anuncia como fábula futurista, nos ofrece lo que no deja de ser una pesadilla presente, con el inestimable aliciente de una ruptura argumental completa  a media película que, descoloca, y al mismo tiempo, produce un magnetismo hacia las imágenes y la deriva del relato que lo eleva sobre la medianía del cine en cartelera, con la salvaguarda de que esa ruptura no es más que apariencia, porque primera y segunda parte están íntimamente ligadas.


 

Que la excusa argumental del relato se haya tomado de una obra de Stanislaw Lem apunta ya la dificultad de la propuesta, la dificultad inherente al escritor se suma a la derivada de  poder realizar una película apta para todos los públicos y para aquel tipo de espectador acostumbrado a cine mascado y predigerido, de ahí, quizás, las dudas del distribuidor español a la hora de estrenar esta película, que sucesivamente se ha ido postergando y que, parece, ahora si va a ser estrenada en las próximas semanas, “solamente” un año después de que el mundo civilizado la haya podido ver. Lem (Solaris, Ciberiada….) en su relato “The futurological congress” presenta un escenario de inminente revuelta social en el que un grupo internacional de científicos debate sobre las soluciones para encontrar una salida al más que probable estallido ciudadano, decidiendo el suministro a toda la humanidad de sustancias como el altruismol, la benefactorina o el felicitol para sumirla en un estado de catatonia colectivo donde todo el mundo será inducidamente feliz.




 

Sin embargo Folman  va un poco más allá, a esa situación a la que dedica la segunda parte de la película, fundamentalmente la que está pensada y realizada en dibujos animados que deambulan del Tex Avery más loco, al cine checo de animación reconocible, al anime y a todos los géneros y estéticas de la bande dessinée recordables, pasando por todos los iconos imaginables de la representación artística, política, religiosa, social de la historia de la humanidad, le precede un preámbulo perfecto y alejado del desarrollo posterior pero con una clara intención, la falta de perspectiva vital de un personaje juega como demiurgo de toda la humanidad, la falta de futuro artístico de Robin Wright haciendo de si misma puede trasponerse al de toda la ciudadanía en cada uno de sus respectivos ámbitos.



 

Nuevamente, y son bastantes las películas recientes que, de una u otra manera, hablan del tema desde diferentes perspectivas, el fin del cine como lo conocemos reina en el ambiente. Robin Wright, apurada económicamente, no recibe ofertas para rodar, sus espantadas antes de los rodajes, sus malas elecciones, su inestabilidad emocional, la hacen , a los ojos de la productora “Miramount” un valor en total declive, de ahí que reciba la oferta de su vida y última, dejarse “escanear”, permanecer joven y bella para siempre, como la protagonista de “La princesa prometida”, sin necesidad de actuar, vender su rostro, su cuerpo, sus emociones, para que el estudio ruede las películas que quiera sin necesidad de contar con la actriz real sino con una imagen digital imperecedera e inmortal. La mano de obra material ha devenido sustituible y prescindible, lo que prevalece es la imagen y no la persona, el espectador no quiere ver envejecer en pantalla, como el empresario no quiere plantillas envejecidas y resabiadas en sus empresas, sino mano de obra dócil, dúctil, “proactiva”, estajanovistas del tornillo o de la imagen, todo es asimilable en un mundo en ruina como el presente, que es el de la propia película.




 

Vender el alma al diablo, como El maestro y Margarita, como Fausto, como tantos otros. Aquí el diablo es el productor, el jefe del estudio, el que desprecia, en definitiva, tanto a la actriz como al agente (un conmovedor Harvey Keitel enamorado de su protegida), desprecia a los directores, que han pasado a ser sustituidos por programadores informáticos y ahora se dedican al clonaje informático de los actores intentando que hagan lo mejor posible su última actuación, aquélla en la que el sistema copia las reacciones emocionales y físicas de los que firman el contrato de por vida, que tiene que ser la mejor, pero al mismo tiempo la última representación del actor, a quien desde ese momento se le prohíbe, por contrato, cualquier aparición pública. Muerte en vida, en suma, incomunicación forzada y nexo de conexión con el relato de Lem, el retrato individual de la actriz, tras unos minutos en que el espectador se ve confundido ante el cambio de registro e historia, se transforma en relato social, el de una humanidad que avanza, impávida, sumisa, inconsciente, hacia su destrucción de la mano de un grupo de oligarcas ajenos al sufrimiento, empujada al consumo compulsivo para alcanzar la felicidad, la humanidad, imposibilitada de alcanzar el volumen de satisfacción necesario, también se ha vuelto, como los actores, prescindible, y por lo tanto, impredecible en su comportamiento.






 

En ese entorno, y salvo contadas excepciones de gente con principios que prefiere una vida real, alternativa o naturalista según  opciones, la absoluta mayoría de la humanidad acepta ser drogada para siempre, olvidar su pasado y su futuro y dedicarse a vivir la vida soñada como el personaje de realidad o ficción que siempre se ha querido ser, esto nos lleva al mundo animado del que no se puede regresar salvo que se cuente con un antídoto que te haga recomponer tu psique y regresar a tu estado real. Robin ingresa en ese mundo alternativo, ficticio, del que no puede escapar una vez tomada la dosis, ingresando en lo que no deja de ser un guetto, de lujo, pero un guetto. Dos elementos ayudarán a Robin a no desconectar del mundo real y poder regresar al mismo, la pasión que siente por Aaron, su hijo enfermo y que no quiso tomar la droga de la felicidad, y Dylan Tuliner, un personaje animado (voz de Joe Hamm, nuestro Don Draper de Mad Men) que ha estado durante años gestionando el escaneado de Robin y se ha enamorado de ella, quien conserva un antídoto que entrega para que ella vuelva al mundo real y busque a su hijo. La vuelta al mundo real de Robin nos demuestra que en ese estado de ideal felicidad inducida al que no se deja arrastrar, ha supuesto el paso de una veintena de años y el estado de alegría interna que disfrutan los habitantes es absolutamente producido por las drogas, porque la realidad a la que se enfrenta Robin es el de un mundo de pordioseros, gente sucia y desastrada que vaga por el mundo inferior como una plaga de zombies (al estilo de Hijo de los hombres de Cuarón), mientras los poderosos, uniformados, una selecta grey de afortunados bon vivants, habita en un mundo superior, encarnado en este caso por un zeppelín conectado a la tierra por una cometa, un diseño de los que Aaron hacía cuando era un crío y su enfermedad sensorial se estaba desarrollando progresiva e implacablemente. Robin sólo podrá conseguir encontrar a su hijo mediante un nuevo sacrificio, en este caso volverá a tomar la droga que le entrega el doctor encarnado por Paul Giamatti y regresará al submundo, ahora con un objetivo, encontrar a Aaron, y para ello sólo podrá encontrarlo si se reencarna en el propio Aaron y cumple los sueños de su hijo, hacer volar diseños de los hermanos Wright, aeroplanos voladores y maquetas del pasado hechas realidad. Todo existe en nuestra mente, todo lo que pase una vez consumida la droga pasa porque nuestra mente lo quiere, y si en ese mundo quieres ser infeliz también lo conseguirás, sólo hay que proponérselo, la diferencia es que, siendo infeliz o antisistema dentro de ese mundo paralelo, el poder no sufre ni se resiente porque nadie puede regresar, si hay revueltas son revueltas en la mente de Robin pero que en el fondo no se están produciendo, se está idealizando así a un grupo de resistentes o a  grupos de vida alternativa, pero eso puede pasar fuera de la masa y del campo cerrado en el que se encuentra la mayoría de la población, que permanece anestesiada, son proyecciones mentales individuales sin reflejo en la masa, lo ideal para cualquier poder.






 

The congress es una fábula nada complaciente con nuestra forma presente de vida, alienados e insatisfechos, nuestro último objetivo vital es el de hacer cosas, cuantas más mejor y devorar etapas sin reflexionar y sin pensar en lo vivido, en lo que haya que mejorar o en lo que haya que mantener. Convertirnos en masa sumisa fácilmente pastoreable por una minoría que, mediante capitalismos populares, avances tecnológicos, desmotivación personal y ciudadana, consiga el absoluto individualismo para el fácil sojuzgamiento. Enfrentarse así al poder resulta heroico y suicida, nadie quiere asumir la propia responsabilidad en lo que le sucede y es más fácil achacar las propias insatisfacciones y pérdidas a otros, cuanto más poderosos parezcan mejor, y si de paso cualquier “droga” adormece los sentidos y ayuda a pasar el día a día mucho mejor, sea esto una semana de procesiones, una sucesión de partidos del siglo o el último modelo de iphone, en definitiva, parafraseando la película “consumid, consumid, malditos”, quien no compre y piense será expulsado del sistema, te quedará la guerrilla o el campamento naturista, ¿alguien se apunta?