viernes, 28 de febrero de 2014

PHILOMENA (Stephen Frears, 2013)


PHILOMENA (Stephen Frears, 2013)

 

¿Qué fue del joven Frears?, el de “Mi hermosa lavandería”, “Ábrete de orejas”, “Sammy y Rosie se lo montan”. Del underground y el cine imperfectamente vivo, quiso transformarse en un sucedáneo de Ken Loach, con películas como “The van” o “Café irlandés” después de haberse dejado querer, y bien, por el star system con “Las amistades peligrosas”, “Los timadores” y hasta “High fidelity”, para pasar a un cine convencional con momentos de esplendor (mas por los actores que por la historia y las formas) como en “The queen”, diluyéndose en miniproductos como “Negocios ocultos”, “Mrs Henderson presenta” o “Chéri”…….. y “Philomena” entra en la categoría de cine bienintencionado, del que no molesta ni sorprende, del que pasa como un soplo o como el que se lleva una hoja arrancada por el viento, aunque muchos lleguen a soltar la lágrima.



 

Obvio es decir que, como cualquier película, la versión doblada palidece ante la original porque pierdes uno de los grandes atractivos, la voz de sus dos grandes actores, Judi Dench y Steve Coogan, pero el antetítulo, “basado en una historia real”, no se a ustedes, pero a mí ya me coloca con las orejas tiesas, como si lo que ha pasado en la realidad, o lo que nos dicen que ha pasado en la realidad, fuera equivalente a indiscutible veracidad en lo que se cuenta y colocara el producto, por ese solo hecho, en posición de ventaja frente a una historia de ficción que contara lo mismo. 


Veo la publicidad de la película y leo que se vende como comedia con tintes dramáticos o un drama cómico, y no salgo de mi asombro. ¿Comedia? La vida es una mezcla de momentos alegres y tristes, de risas y llantos, pero la historia es demoledora, es todo menos comedia, por más que, puede que deliberadamente para rebajar la trascendencia y tensión de lo que se cuenta, se incluyan momentos cómicos o divertidos. Hay que situarse, esta película empieza donde acaban “Las hermanas de la Magdalena”, así que ya podemos prepararnos a ver monjas auténticas hijas de puta, silencio y oscurantismo oficial, nula ayuda pública, discriminación, abuso del poderoso, y el momento de suerte, que “la historia de tintes humanos” de la que toda la vida ha huido el periodista encarnado por Steve Coogan, termine interesando a éste y a una editora que huele la sangre, la víscera y el “toque humano”, es decir, el dinero. 


Probablemente no puede señalarse ningún defecto a la película, cumple a rajatabla todo aquello que debe animar al mayor número de espectadores a salir satisfecho del cine, pero a mi no me ha convencido, ni me ha conmovido la historia de la vieja mujer, que forzadamente internada en una de esas instituciones esclavistas de la Irlanda postbélica se vió obligada durante años a “reeducarse” dominada por unas monjas de la contrarreforma, castigada familiar y socialmente por quedarse embarazada una noche en que se dejó llevar por su instinto y su deseo de vivir, algo que pesará toda su vida sobre ella como si hubiera cometido el peor de los crímenes. Esas monjas decidían qué niños de madres solteras se vendían o no, y aunque en aquel momento la joven madre decidió dar en adopción al niño, como si hubiera tenido otra posibilidad, llegados los 70 años decide buscar a ese hijo que le quitaron a los 4 años de edad con la esperanza de conocer si alguna vez pensó en su madre biológica o en su Irlanda natal.




 

La película es un viaje, con un maestro de ceremonias que va abriendo las puertas en el papel del periodista descreído, cínico, materialista, desvencijado por la profesión y por su descenso personal a los infiernos, que ve en la historia la posibilidad de una redención, y una mujer frágil pero con voluntad de hierro, dispuesta a perdonar todo y a todos y a no perder su fe religiosa en la doctrina que tanto daño íntimo le ha hecho. A lo largo del camino, de ida y vuelta, en un círculo que termina donde empezó la búsqueda (si no no sería un círculo) Philomena Lee enseñará a Martin Sixsmith las ventajas de ser dúctil para sufrir menos, de gozar de la capacidad de perdonar las mayores ofensas para no caer en el juego del odio y el rencor, de ser vital en la más dura de las adversidades para descubrir las sorpresas de la vida. Ni que decir tiene que me quedo con el papel cínico y descreído de Coogan, aunque actuar como Philomena es una tranquilidad para una vida pacífica consigo mismo. 



Una historia de niños robados, con toques de agridulce viaje externo e interior, donde supone una gozada el duelo de acentos entre la popular y humilde Philomena y el estirado y culto Martin, da lo mismo no saber inglés, ambos actores, tan dúctiles, tan asibles, permiten darse cuenta de esa diferente educación y procedencia, lo mejor de la película sin duda. La historia es importante y trascendente, pero su reflejo en imágenes es monótono y plano, como un camino conocido que nos va a llevar del dolor supremo a la posibilidad de esperanza. Una pena, falta fuste y mala leche para mi gusto, qué le vamos a hacer.

miércoles, 26 de febrero de 2014

GEBO ET L,OMBRE (Manoel de Oliveira, 2012)


GEBO ET L,OMBRE (Manoel de Oliveira, 2012)

 
 
 

Cómo está el patio cuando el último de los mohicanos, de quien se dice que es el único director vivo que conoció el cine mudo y trabajó en él, no es objeto comercial en España ni sus películas se consiguen estrenar. No digo yo que sea un cine de masas el de Oliveira, ni mucho menos, pero tiene su público, y no escaso precisamente, no tan escaso como para que desde hace dos años su última película (su historia en Centro histórico no merece la pena ser considerada como película) permanezca inédita comercialmente en este erial cultural oficial que se llama, dicen , España.



 

Por si tuviera pocos alicientes el nombre del director, en el reparto de la película se reúnen tres nombres que harían palidecer a cualquier cinéfilo, Michael Lonsdale, Claudia Cardinale y Jeanne Moreau, acompañados por los habituales Leonor Silveira, Ricardo Trepa y Luis Miguel Cintra, rodada en francés y visualmente impecable con una fotografía de Renato Berta. Determinada crítica oficial y mayoritaria hace muy poco por la difusión de este tipo de cine, no hace falta dar nombres porque son de sobra conocidos, y que hacen profesión de fe de cuánto se aburren con el cine de Oliveira, de Kiarostami, de Panahi…………


 

Retoma Oliveira un drama teatral del s.XIX de Raul Brandao, y no oculta la formalidad teatral del desarrollo de los diálogos, las situaciones de los personajes, el escenario casi único e inamovible durante toda la película, los juegos de luces totalmente elocuentes y sugerentes. No es Oliveira persona que se destaque por sus riesgos formales, ni tampoco por su academicismo, pero en el presente caso, de clásico, se vuelve rompedor en sus formas con un desolador retrato de la pobreza, la dignidad y la vejez. Tres personajes arrasados por la pobreza, la edad, la pérdida de un hijo que no termina de volver a casa, y ante todo la dignidad de no haberse enriquecido mediante la especulación o la corrupción.


 

Gebo (Michael Lonsdale) vive con su mujer (Claudia Cardinale) y la esposa de su hijo (Leonor Silveira), padre y nuera mantienen a la madre en la interesada ignorancia sobre lo que le ha pasado al hijo ausente, Joao (Ricardo Trepa), ausente de la casa desde hace 8 años, ¿en la cárcel, huido, fugitivo? No lo sabemos, sólo sabemos que el hijo se ha convertido en una sombra, todo el mundo sabe que está en la ciudad o en sus alrededores, pero no termina de aparecer por la casa, ni padres ni esposa suponen un reclamo suficiente para que regrese. Sabiéndolo el padre y la esposa, ocultan la verdad a la madre, a quien mantienen en un interesado mundo ficticio que, al final, termina provocando frustración y reproche en la madre, acusando al padre y a la esposa de lo que le ha pasado al hijo, reprochando al marido la vida miserable que llevan, sin futuro, días monótonos, oscuros, grises como el cielo lleno de nubes y lluvia continua. También reprocha al marido que haya querido más a la nuera que al hijo.


 

Cuando regresa el hijo, que aparece una noche de manera sorpresiva, ya sabemos que mejor hubiera sido que se mantuviera al margen, al dolor de la incógnita va  a añadir el dolor que provoca el constatar que rechaza a su familia, que se avergüenza de ellos y de su manera de vivir, que no hay familia que vaya a coartar su libertad, porque hay muertes que mejoran vidas como la de su familia, revelando el propósito final de su aparición, robar al padre la recaudación de una sociedad que, por su trabajo de contable, guarda en la casa.


 

El epílogo es el último acto de sacrificio del padre, lo lógico, desengañado por la personalidad del hijo, hubiera sido denunciar a éste, revelar a la madre cuál es la verdadera naturaleza del hijo e intentar seguir adelante en el ocaso de sus vidas. Pero ante todo, prefiere salvar una inocencia preservada como la de la madre amante del hijo, inculpándose del robo de los 750 escudos. La película se inicia en un muelle, en la penumbra, un decorado que, de evidente, resulta subyugante y creíble, con el hijo en plano medio de perfil, caracterizado como un vividor, un perdulario, un buscavidas sin escrúpulos. Poco después unas manos que salen de la sombra atacan a un paseante. Al final la oscuridad de la habitación donde se desarrolla la acción se ve truncada por la luz del sol. Al acabar la película, cuando la policía abre la puerta de la casa, la luz del sol se proyecta sobre Michael Lonsdale, ha salido la luz, se ha liberado de una pesada carga asumiendo los errores del hijo. El enorme peso de la dignidad se convierte en una carga vital, se honrado y justo y caerá sobre ti el peso del fracaso social. Una historia del XIX de profunda actualidad, la codicia humana y la desvergüenza no son caracteres nuevos del género humano, lo lamentable es que no haya manera de atajar su proliferación. Impresionante Michael Lonsdale.

 

martes, 25 de febrero de 2014

WOMB (Benedek Fliegauf, 2010)


WOMB (Benedek Fliegauf, 2010)


Película incómoda, dura, seca y fría como el paisaje en el que se desarrolla. Historia de amor más allá de la muerte que lo único que provoca es vacío y frío interior. Benedek Fliegauf estrenó este año uno de los paisajes dolorosos de la Europa contemporánea, el de su real y permanente racismo, a través de los ojos de un par de jóvenes hermanos gitanos acosados por el viento que procede del bosque en la estupenda “Sólo el viento”. Como consecuencia de esa estupenda historia decidí buscar alguna película más de este director húngaro, y mediante las conexiones cibernéticas oportunas he conseguido ver y disfrutar (es un decir) esta particular historia de amor.


 

La naturaleza vuelve a jugar un papel preponderante en el cine de Fliegauf, una isla de dimensiones desconocidas, una comunidad cerrada que apenas se comunica, un país indeterminado, que puede ser el Reino Unido porque los actores hablan en inglés, pero sólo por eso. El viento y el mar, otra vez el viento como portador de muy malos presagios en la vida de la protagonista, siempre bella aunque no siempre tan buena actriz como guapa mujer, Eva Green.



 

Película circular que en su propio círculo encierra un ambiente morboso y contra norma. El preámbulo muestra a una joven pareja de preadolescentes enamorándose en un verano nórdico, ella comparte unas semanas con su abuelo mientras él reside permanentemente en la isla. Llega el día de la despedida, pasan 12 años y en el mismo barco que se fue, vuelve ella en busca del eterno amor suspendido en el tiempo. No se han vuelto a ver, no se han vuelto a comunicar, pero ambos mantienen la misma chispa, sólo que ahora se pasa del amor platónico al amor físico y carnal. Un tonto accidente acaba con la historia de amor, ¿acaba?




Entra en juego el aspecto futurista de la historia, la ciencia ya ha avanzado lo suficiente como para clonar seres humanos. Esa clonación genera un rechazo visceral en quienes no han practicado la misma hacia los nuevos seres y quienes los traen al mundo. Se necesita un recipiente humano, como si se tratara de fecundación in vitro, para que la clonación empiece como una gestación natural. ¿Cuál es el problema? Que el personaje de Eva Green decide clonar a su pareja, parir a su propio amor, criar al hijo que fue su novio, vivir paso a paso el crecimiento de aquél a quien ya conoce.



Entramos en la locura de amor con este desarrollo, la madre que se siente más amante que madre y sufre cuando el hijo es indiferente hacia los sentimientos de la madre, o es arrasada por los celos cuando su hijo convive con una pareja. La relación se va complicando cuando el hijo advierte comportamientos anormales de su madre, primero pensando en una depresión causada por el aislamiento y la soledad, después porque advierte el insano comportamiento de la madre. No revelaré el final de la película porque es potente y absolutamente desconcertante para ambos protagonistas, pero queda en el aire la pregunta, ¿son verdaderamente madre e hijo o son amantes transportados a otro tiempo y generación? El clon tiene recuerdos vagos de otra vida, recuerda caras, situaciones, espacios, algo que le genera confusión y aturdimiento, agravados por la situación familiar.



 

WOMB une y centrifuga toda una serie de emociones humanas que normalmente se reparten entre varias personas, aquí el amor, la amistad, la familia, el sexo se mezclan entre ambos protagonistas generando un ambiente claustrofóbico que el inmenso espacio vacío que rodea la cabaña marina no subsana. El espacio interior de los personajes no puede sustraerse a su falta de libertad, su vida viene plenamente determinada, la de la madre por una obsesión, la del hijo porque no sabe ser quien es y no sabe lo que puede ser. Dos vidas arruinadas, una por la fatalidad y la otra porque no debería existir. Como dice la madre del amante muerto, “somos ateos, pero hay que saber aceptar las consecuencias de la vida”, la muerte del amor no se puede resucitar, salvo que estemos dispuestos a permanecer en los límites de la locura.






Fliegauf se convierte, de manera retroactiva, en un creador a seguir con garantías, sus dos películas vistas hasta ahora descubren un estilo propio, un juego del espacio exterior en ambientes que oprimen y generan desconfianza e inquietud, personajes al límite del control de su propio destino escogiendo siempre la solución más complicada y dolorosa. WOMB es una estupenda película de sentimientos humanos, poco apta para la jerarquía eclesiástica, pero que nos coloca ante la dualidad moral de escoger lo que queremos y lo que conviene, pero cuando el amor se cruza de por medio es difícil ser objetivo.