viernes, 26 de diciembre de 2014

STILL ALICE (Richard Glatzer-Wash Westmoreland, 2014)


 
STILL ALICE (Richard Glatzer-Wash Westmoreland, 2014) Calificación: 5
 



Hay cine alimenticio, cine preparado y cocinado en programas informáticos destinado a un público amplio, hay cine alimenticio, cocinado, obscenamente maniqueo, y hay cine que sin ser ninguna de estas tres cosas, termina pareciendo un producto de diseño que vive de las rentas de los grandes actores que lo interpretan. Tres notas musicales acompañan la frágil presencia de Alice en pantalla mientras asistimos a su desintegración, notas delicadas, cuyo ritmo se desacompasa, se torna más moroso, en ocasiones se agita y toma velocidad, pero que termina sumiendo en la confusión y la desorientación.

 
No hay porqué engañar, estamos ante un producto diseñado para un fin, si el fin es honesto o no, si es lícito usar la enfermedad para competir en unos premios de pura mercadotecnia, allá cada uno, me arriesgo a que alguien diga que es una forma de hacer visible una enfermedad tan terrible como el Alzheimer, utilizando un best seller norteamericano, una actriz de campanillas como Julianne Moore y acompañada por un actor solvente como Alec Baldwin, por si fuera poco introducimos en papeles de cierta relevancia a la Bella de la serie Crepúsculo para irle dando cancha como actriz “seria” en plan hija rebelde (aquí con la Moore, en Sils Marie con Juliette Binoche) junto con otros dos hermanos bellos y perfectos. La familia americana de clase acomodada y felizmente integrada con las rencillas propias de las envidias y las ataduras que se trata de imponer a la libertad individual.


 
¿Interés? Relativo, ¿Sorpresas? Ninguna, ¿Aburrida? No puede decirse. ¿Publicidad o mercadotecnia? Asistir a un producto de una “major” dedicado al Alzheimer en el seno de una familia sin problemas económicos ya falsea la realidad del día a día de muchísima gente asediada por esta plaga del mundo moderno occidental. Cuando te sobran medios, aun persistiendo el dolor, la carga es mucho más soportable. Si algo es de agradecer es que la película no se recrea en el drama innecesario, no hace sangre con la pérdida, “Still Alice” se deja ver, puede llegar a emocionar comprobar el progresivo deterioro de memoria de nuestra triunfante lingüista que, de pronto, empieza a perder el control sobre el lenguaje, asistimos a sus periodos de lucidez y de desorientación, comprobamos que todo lo que vemos es creíble, se siente cercano, nos conmueve el papel de Baldwin, a quien parece pintarse de egoísta y poco considerado con su esposa pero a quien le atenaza el miedo, la imposibilidad de asumir una situación que sabe irreversible y progresivamente devastadora, y sin embargo la película no tiene enganches para crecer, se advierte el drama desde el principio, pero sus amagos de drama multiplicado y de final valiente se diluyen en el olvido de las tramas paralelas y en el tan manido plano final, dejándonos con la pantalla en blanco, como la memoria de Alice.

 
Acompañamos a Alice en su miedo, en su pavor, una enfermedad que para el tiempo y el reloj comienza a andar hacia atrás, el pánico que produce ser consciente de las lagunas, de los olvidos, de las desorientaciones, no reconocer a tus hijos y tratarles como extraños, una enfermedad que primero ataca tu memoria mientras tu cuerpo permanece intacto, una enfermedad cruel para quien la padece y para quien convive con ella, agotadora. “Still Alice” apuesta por mostrar la fase inicial, no hay pornografía del dolor ni del sufrimiento, aunque éste, inevitablemente, tiene que estar presente. No obstante, formalmente, la película es mediocre, el recurso del plano-contraplano, las consabidas tomas de reacciones del público, de los hijos en determinadas escenas de coraje de la protagonista, recuerdan la más simple de las tv movies de sobremesa, probablemente sin Julianne Moore y sin Alec Baldwin esta película no existiría.