martes, 23 de diciembre de 2014

LA CHAMBRE BLEUE (Matthieu Amalric, 2014)


 
LA CHAMBRE BLEUE (Matthieu Amalric, 2014) Calificación : 5
 
 
 


Oh Simenon, mi Simenon…….. en la complejidad de las narraciones sencillas Simenon se movía como un auténtico maestro, sus relatos, escritos con espíritu stajanovista, pueden ser leídos como narraciones convencionales de presentación, nudo y desenlace, o bien dejarse arrastrar por personalidades endurecidas, vidas al límite, escondites del alma que se condensan en una furia interior dispuesta a revelarse en lo más infame en cualquier momento. Mayoritariamente son relatos de género criminal, pero su profusión creativa da pie para que Simenon aparezca como ejemplo de una literatura social, no confundir con comprometida, ambientada en el relato detectivesco o de intriga, con la serie Maigret como identidad de la casa, pero no por ello el descubrimiento del culpable elimina un perfecto retrato del mundo en que esas historias tienen lugar, un mundo envidiable, el de la perfecta y boyante sociedad del bienestar europea, perfecta y boyante para los de siempre, e imperfecta y ruinosa para quienes se cruzan en el relato, por debajo de lo perfecto terminan asomando las miserias humanas.
 
 
 


Desconociendo el relato de Simenon, y la fidelidad de Amalric a la idea original, en cuanto transcurren unas cuantas secuencias me viene a la cabeza el pensamiento “si esto lo hubiera cogido Chabrol”, y si, porque aquí no estamos ante gente perdedora, no estamos ante excluidos sociales, nos encontramos en el ambiente de la burguesía acomodada del interior francés, gente de “provincias de toda la vida”, gente de aparencia recta e intachable cuyo listón moral termina dejando mucho que desear cuando alguna pasión se cruza en su camino, pero siendo el envoltorio y el desarrollo perfecto, hay algo en la historia que no llega a engancharme, hay algo que me dice que todo ya lo he visto y nada me sorprende, incluso hay algo que me hace larga y pesada la historia que apenas dura 70 minutos, pese a su rupturismo estético y hasta formal en la manera de contar la trama, el envoltorio no rellena cierto vacío interior.
 
 
 


Me resulta sugerente la conexión visual que establece la habitación azul del hotel con los planos finales del tapizado azul de la sala de vistas del Tribunal donde se consuma la unión definitiva de esa relación pasional entre los personajes de Matthieu Amalric (Julien Gahyde) y Esther Despierre  (Stephanie Cleau) pero el juego de versiones, de contradicciones, cómo la película va revelando poco a poco lo sucedido, el papel del juez de instrucción………me suenan a convencionalismo, a intentar hacer novedoso lo ya reconocible. Este juego doble del cartero siempre llama dos veces, la culpa real o moral en los crímenes, las venganzas propias o ajenas termina expulsándome el relato y comprobando de reojo si falta mucho para que acabe, no se si la mirada de Julien Gahyde es sincera, es confusa, es de un ser perdido o es que Amalric no sabe dirigir a Amalric, la indefinición acerca de lo sucedido evidencia esa duda moral que sobrevuela toda la película, juzgamos pero no queremos ser juzgados pese a no ser tan diferentes. En definitiva, no se qué me ha querido vender Amalric con esta película. “«La vida es diferente cuando la vives que cuando la cuentas después», es lo que dice Julien, pero a veces las películas son una cosa en la mente del creador y otra en su plasmación en imágenes