lunes, 24 de noviembre de 2014

NOCE BLANCHE (Jean Claude Brisseau, 1989)


 
NOCE BLANCHE (Jean Claude Brisseau, 1989)

 


El sexo y el deseo como motor vital es un elemento consustancial con el cine de Brisseau, en este caso con la relación que se establece entre un profesor (Bruno Cremer) y una alumna de 17 años (Vanesa Paradis), película que supuso, según declaraciones del propio director, la decisión definitiva del autor para dedicarse en el futuro a ser director de cine, una persona que dudaba de sus capacidades tras “De bruit et de fureur” y que pensaba que esta “Noce blanche” iba encaminada al desastre comercial, y terminó convirtiéndose en una de las pocas películas rentables comercialmente del director. Con la colaboración de María Luisa García, presencia constante en su filmografía, Brisseau elabora un discurso que siempre deambula por la cuerda floja de lo estéticamente visual y lo dudosamente moral, presentándonos un enamoramiento entre un maduro profesor y una joven estudiante donde los roles se difuminan y persiste la duda acerca de la limpieza de sentimientos de ambos implicados, que rivalizan en discursos filosóficos, auditorio de estudiantes presente, que no desentonan ni chocan en un personaje tan joven.
 
 
 


El actor que encarna a François (Bruno Cremer) inmediatamente evoca a la figura poderosa del propio director, puesta aún más de manifiesto cuando comparte plano con la actriz Vanesa Paradis, la inmensidad del cuerpo del actor y la fragilidad de la fisonomía de la actriz enfrentados como en un duelo desigual. Por su parte, Mathilde Tessier utiliza su cuerpo como reclamo nada oculto, desde el principio aparenta seducir con una doble intención al profesor, circunstancia que hasta le es advertida al profesor de filosofía por una compañera porque algún profesor de otros centros ha visto destrozada su vida por su relación con la joven. En el medio, la esposa de François, Catherine, otro personaje nada infrecuente en el cine de Brisseau, el de la esposa que siente la amenaza de una infidelidad, inicialmente como una sombra pasajera y finalmente como un hecho desestabilizador contínuo e irreversible. La cómoda vida burguesa de un matrimonio tipo en el que las rutinas se han instalado y nada parece amenazar la convivencia se ve destruido por un agente externo que, en el fondo, viene a poner de manifiesto el aburrimiento de los cónyuges y el mantenimiento de una situación más por hábito y costumbre que por amor.
 
 
 


El origen de esta película se sitúa en un encargo no fructificado al director para que, para la precedente de la cadena ARTE, realizara una historia sobre un amor imposible. Declara Brisseau que su película es heredera del 68, todavía son muy limitadas las prohibiciones, ya que estaba prohibido prohibir, por ello sitúa su acción en un instituto, sacando la temática de una escuela para evitar que la pedofilia gravitara sobre los protagonistas, apostando fuerte por una actriz que hasta entonces no era más que una cara bonita del pop francés. Brisseau opta por una joven menor de edad, fuera del riesgo de la pedofilia y, al tiempo deseable, en un marco donde lo moral y lo legal se sitúan al límite, como el director dice, si el romance lo hubiera establecido en el ámbito universitario entre profesor y alumna, el shock no hubiera existido.
 
 
 


Brisseau, en una entrevista con ocasión de un  ciclo sobre su obra en la Filmoteca de Cataluña, decía “ en mis películas no hay ningún personaje ficticio, siempre me he inspirado en personas que existen realmente, por ejemplo, ………. el personaje interpretado por la joven Paradis en “Noce Blanche” es la mezcla de tres chicas diferentes, ninguna de ellas, por otro lado, fue alumna mía. La gente pensó que explicaba directamente una aventura que había tenido con una alumna, y, sin embargo, había observado historias idénticas en otras personas. Estoy convencido de que para un profesor, enamorarse de una de sus alumnas es el peligro número uno de su trabajo, porque es bien cierto que eso pasa al revés. Si la gente se dejase llevar en la escuela……..”. Brisseau intenta, de esta manera, consciente o inconscientemente, eliminar la sombra de sospecha sobre su persona que ha perseguido su carrera, condena penal incluida, y que le ha relegado a un ostracismo autoral que le lleva a la autoproducción una vez que Rohmer y sus “Films de Losange” no siguieron financiando sus obras, quedando éstas en su propia productora “La sorciére rouge”. No hay elementos mágicos o fantasmagóricos en la historia, persiste cierta dosis de misterio o intriga que pretende hacernos dudar de la verdadera motivación de la joven hacia el maduro profesor. De éste no dudamos, estamos convencidos que, si no fuera por el convencionalismo moral y social, abandonaría a la esposa y reanudaría su vida con la adolescente menor de edad, sin embargo albergamos la duda acerca de ella cuando pensamos que la relación no es bilateral, sino unidireccional y que la joven tiene una finalidad oculta. ¿Prejuicio o juego consciente del autor para desencajarnos con el giro final de la historia?

 
 
 


A su manera, François y Mathilde tiene algo de almas gemelas, separadas por un abismo generacional, pero ese desencanto de Mathilde, su desilusión por la vida, su lucidez en boca de François ante ese desencanto vital, no hace sino replicar la figura mortecina de François de casa al trabajo, del trabajo a la cama y su aparente desinterés por su propia esposa y todo aquello que no sea la filosofía como escape. La idea de que, sin la barrera de edad, y la duda permanente sobre el pasado de  Mathilde, esa pareja hubiera sido invencible, airada, apasionada. Todo un logro que sea el pasado de la joven la que marca la sombra de la duda en el rostro de François, los 17 años de ella aparentan más arriesgados y más vitales que los del maduro profesor, toda una declaración de intenciones. Como no es ocasional que la acción se desarrolle en Saint Ettienne y Dunkerque en vez del Paris inicialmente pensado, una pequeña ciudad de provincias del interior siempre es más dada al fácil escándalo  y a la murmuración que una ciudad moderna como Paris, una macrourbe donde todo es posible.

 
 
 


Obviamente nos equivocamos, y la historia se convierte en un drama digno de novela romántica del XIX, la damisela lánguida es sustituida por una joven sin prejuicios pero que lucha, a su manera, sin las armas que da la edad pero cargada de dotes de experiencia impropias cuando relata haberse prostituido con 12 años de edad, por conseguir un amor real del que hasta el propio profesor duda, aislado y extrañado de su tierra y obligado a huir vergonzantemente cuando todo se descubre. Cuando el océano llegue a Mathilde será demasiado tarde para François, y éste será consciente del amor verdadero que la joven sentía por él, algo que, quizás, no fuera del todo cierto a la inversa, produciendo un giro argumental que desplaza el objetivo del ser amado y del amante del lado masculino al femenino.