sábado, 1 de noviembre de 2014

DIPLOMATIE (Volker Schlöndorf, 2014)


 
DIPLOMATIE (Volker Schlondorf, 2014)


 

Esta producción franco-alemana pasaría por las pantallas sin pena ni gloria si no fuera por tres (dos en realidad), “pequeños” detalles. El primero, que el director es Volker Schlöndorf, quien siempre será recordado por su “El tambor de hojalata” en la que Oskar se negaba a crecer en medio de la barbarie nazi y de la segunda guerra mundial, creador de una carrera cinematográfica poco extensa y con demasiados altibajos, donde ha dominado la transposición de grandes narraciones de la literatura alemana, como este tambor, o “El honor perdido de Katherina Blum”, “Homo Faber” o de la literatura universal como “Muerte de un viajante” o “El amor de Swann”, o autor del clásico del cine alemán de los 70, “Deutschland in Herbst”. El segundo elemento, el trascendental para poder recomendar la visión de esta película muy menor, es la selección de los dos intérpretes principales, el gran Niels Arestrup en el papel del general von Choltitz, último defensor de París antes de la rendición, y el no menos grande André Dussolier en el papel del diplomático sueco Nördling, quien tuvo una activa participación para conseguir el cese del alto el fuego entre alemanes y aliados, incluso con participación de la resistencia, alrededor de Paris.

 

 
No pretendamos buscar rigor histórico en la película, estamos ante una obra de teatro llevada al cine, y se nota mucho (defecto de la propuesta), pero asistimos a un espléndido duelo actoral entre un diplomático convencido de que tiene que evitar la destrucción de París y un general atrapado entre dos situaciones insalvables, obedecer como ha hecho siempre y siguiendo la tradición familiar de una vieja familia de generales prusianos o desobedecer siguiendo los dictados de la razón, del derecho de la guerra, poniendo en peligro su vida y la de su familia. La historia al servicio de la ficción, imaginar lo que pudo ser una decisión como consecuencia de una negociación que no pudo existir de esa manera, pero que funciona muy bien sobre la sólida interpretación de dos de los grandes del cine europeo.
 
 
 
En este duelo la evolución de la trama es muy escasa, prácticamente la presencia de los dos actores es permanente en pantalla y se basta y se sobra para rellenar las enormes fisuras del relato. Las fisuras y la falta de emoción, situar la acción con personajes reales, en tiempo real y en un escenario histórico concreto tiene un enorme riesgo, como es que el espectador no se siente involucrado en la acción ya que conoce desde el principio el inevitable final. Por eso el recurso de las últimas escenas es asombrosamente barato, de cine “mainstream” innecesario, sin desvelar el argumento ese recurso al cine de héroes en el último segundo y la aparición del anónimo salvador choca con la seriedad de la propuesta y aporta un guiño “hollywoodesco” innecesario.