domingo, 16 de noviembre de 2014

DANCING DREAMS (Kontakhof, Anne LInsel y Reiner Hoffman, 2010), FIVE DAYS TO DANCE (Rafael Molés y Pepe Ancreu, 2014)


 
DANCING DREAMS (Kontakhof, Anne Linsel y Reiner Hoffman, 2010)
 

FIVE DAYS TO DANCING (Rafael Molés y Pepe Andreu, 2014)
 
 


Cuando veo este tipo de documentales siempre me pregunto, el burócrata encargado de la gestión cultural ¿pensará en estas cosas?, ¿hará  por acercar el arte y la cultura a las nuevas generaciones? O ¿solo piensa en lo consagrado, en vender que trajo a tal o cuál bailarín, soprano, chelista a tal o cuál concierto o representación? A las preguntas de para qué sirve el arte, la cultura, y en este caso concreto, la danza, el mejor ejemplo lo dan estos dos documentales, muy parecidos, pero muy distintos, complementarios en todo caso.
 
 
 
 

El primero, más profesional, más mitómano, más pendiente del astro de la danza, pero igualmente cercano al universo de la enseñanza, se circunscribe a un proyecto apadrinado por Pina Bausch para, cogiendo chicos y chicas que nunca han bailado danza moderna, e incluso que nunca han bailado, conseguir, al cabo de un año, que se desenvuelvan en un escenario con la eficacia suficiente como para representar “Kontakhof”, una de las coreografías ideadas por la célebre bailarina y coreógrafa, una obra que las profesoras del grupo ya habían bailado profesionalmente 25 años antes. El no tener como horizonte la profesionalidad en la danza libera a estos muchachos alemanes de la responsabilidad del éxito o fracaso definitivo, pero les enfrenta con la inevitable proximidad de un reto artístico del que, ellos mismos, son ignorantes de sus capacidades para afrontarlo.  El largo año de ensayos les enseña, por supuesto que les enseña, les enseña a olvidarse de miedos y ridículos, les enseña a enfrentarse a su propia voz y su cuerpo, les libera de tabúes y encorsetamientos familiares y sociales. Consigan formar parte o no del primer reparto de la obra, hay una sensación de grupo poderoso y unido, los que solo escuchaban y bailaban “hip-hop” han aprendido a escuchar otro tipo de músicas, los tímidos y avergonzados por su cuerpo han sabido demostrar, y han aprendido, que más importante que un aspecto es la mente que consigue mover ese cuerpo y hacerlo importante.  La figura de Bausch va tomando más fuerza según se acerca el final, asumiendo, es posible, un protagonismo que  merecería no ser tan acusado, pero siendo el alma mater del proyecto y jugando el documental con el homenaje a la artista fallecida mientras se ultimaba, aporta ese aspecto de tributo último esencial.
 
 
 
 
 

Menos depurado, más visceral, más físico y más callejero, “Five days to dance” es un documental español que juega a hacer de la danza un instrumento de cohesión dentro de los colegios, en este caso un  colegio de San Sebastián, pero los dos bailarines viajan por Europa, de colegio en colegio, con su proyecto, conseguir que, en 5 días, chavales indolentes, con problemas personales, familiares, escolares, de relación, consigan formar parte de algo que les interese y les integre entre si. Los profesores del instituto y los propios bailarines son conscientes de que 5 días son pocos, son más símbolo que realidad, en 5 días han de aprender a expresarse con cuerpos poco entusiasmados, cuerpos que están en pleno cambio, y terminar representando las ideas en público. Los directores consiguen algo nada fácil, emocionar cuando el proyecto empieza a florecer, esos chicos y chicas anónimos en una clase, ocultos en la masa, desinteresados en casi todo que, de repente, asumen una posición de líderes desconocida, marcando el ritmo de todos los demás, encontrando un proyecto que les acerca a la idea de formar parte de algo interesante, olvidando por una semana el tedio de libros, apuntes, exámenes y un futuro más que incierto. Que 80 chicos y chicas consigan durante una semana compartir algo que les de esperanza emociona, sobre todo porque quienes asisten a la transformación (asistimos) también sabemos que ese subidón producto del trabajo y el esfuerzo puede ser flor de un día, porque sabemos que la educación, la cultura, el arte, no dejan de ser palabras malditas en nuestra tradición académica. Empeñados en formar currículos puede que olvidemos cómo conseguir ciudadanos, cómo conseguir solidaridad y aprender el sentido de la palabra compartir en una sociedad que se sostiene, y débilmente, en un tejido familiar que no hace sino colocar compuertas y ayuda a que el estado delegue sus responsabilidades últimas.

Dos buenas propuestas de cine documental con el mundo del arte como excusa.