miércoles, 8 de octubre de 2014

SIN CITY 2. A DAME TO KILL FOR (Robert Rodríguez, 2014)


 
SIN CITY 2. A DAME TO KILL FOR (Robert Rodríguez, 2014)
 


Es cierto, esta película se sale completamente de la “línea editorial” de mi blog, pero ¿quién dijo que fuera a ser consecuente todos los días? Que Frank Millar es uno de los autores de historias gráficas más considerado del mundo y con una legión de seguidores es un hecho incontestable, y que su serie “Sin City”, apocalípticamente violenta, en un mundo sin más regla que la ley del más fuerte o del más poderoso, según las órbitas, ha de pasar, si no lo ha hecho ya, a la antología del comic, lo mismo.



 
 
 

Esta, y no otra, es la razón de ver la segunda entrega de Sin City, obviamente no lo hago por Robert Rodríguez, cuyo cine me pilla un poco a desmano, me cansa y me agota tanta violencia sin sentido, aunque pueda ver su “Mariachi” original con agrado, ante la ingenuidad y bisoñez de su propuesta (no hablo de los mariachis banderiles sino del genuino), o su “Abierto hasta el amanecer” me congratule mientras George Clooney y Hayvey Keitel llenan la pantalla, o me siga encantando el baile erótico de Salma Hayek antes del desbarre final.

 
 


“Sin City”, como en su momento “300”, pudieron atraernos por la estética más que por el contenido, pero a salvo la sorpresa de ver estas películas primigenias de un estilo, la reproducción de la fórmula no aporta nada, cansa y resulta repetitiva. El esquematismo de un cómic, donde el número de páginas estandarizada obliga a ser conciso en imágenes y en desarrollo parece trasladado punto por punto a la película, y salvo que seas fan de la serie y conozcas a los personajes, te costará saber de dónde viene cada uno, como si la película se hubiera hecho pensando única y exclusivamente en quienes vieron la primera entrega.



 
 
 
La versión original permite comprobar las buenas voces de Micky Rourke, de Joseph Gordon, de Josh Brolin-Lewitt o las limitaciones de Bruce Willis y Ray Liotta, también cómo cuerpos bonitos pueden, además, pronunciar con bella voz y sensualidad sus papeles, como las reconocidas Rosario Dawson y Eva Green, o la más limitada Jessica Alba. Todos los personajes que repiten , repiten su primer aparición, los nuevos se someten al mismo esquema de presentación, violencia y desenlace, las mujeres continúan relegadas al papel de mujer fatal o de mera exhibición corporal, en este sentido el único “papel” de verdad es el de Eva Green (ay, Eva Green), aunque ese papel queda reducido al exhibicionismo epidérmico continuo, y la película deambula en ese discurrir de historias cruzadas o personajes que se mezclan para ir concluyendo poco a poco cada episodio y dejar el final abierto a nuevas inversiones futuras.

 
 


Cine consumible, sangre en blanco y negro y violencia estetizada, mucho envoltorio y poco contenido, ni tan siquiera el de la sorpresa visual. Para incondicionales fáciles de agradar