martes, 7 de octubre de 2014

MES SÉANCES DE LUTTE (Jacques Doillon, 2013)




En un momento dado de la película, uno de los pocos personajes que, anecdóticamente, aparecen en pantalla, trasnforma “mes séances de lutte” en “mes séances d,amour”, no es erróneo, ni tergiversador, ni manipulador, la protagonista Sara Forestier utiliza la expresión lucha para referirse a su relación latente y a punto de explotar con James Thierrée, a sus encuentros que terminan con alguno de ellos lastimado, su amiga y medio confidente, con quien se relaciona vía Skype habla de sesiones de amor, porque en el fondo es lo que subyace, una tensión sexual no resuelta. Él y ella, sus nombres quedan en el anónimo de la complejidad de las relaciones personales, en este caso de una pareja heterosexual, tienen cuentas pendientes del pasado que hay que eliminar, y sólo mediante la lucha se conseguirá abandonar la fase de rencor y humillación para poder avanzar.
 
 
 

Los dos actores afrontan papeles de enorme complejidad, de enorme dificultad y de exposición permanente, la fisicidad de sus papeles deriva en la inevitable exposición de sus cuerpos desnudos, el combate permanente entre ambos, saldando viejas carencias o viejos espacios inexplorados divide la película en dos fases, la de la pelea consentida y la del sexo liberador, ambos igualmente violentos, salvajes, animales, pero con reglas. Desinhibidos de todas las taras que arrastran del pasado. El combate se desarrolla con coreografías donde los cuerpos se mueven descoordinadamente pero, al mismo tiempo, con una plasticidad envidiable. Estamos ante un ballet desesperado en el que se busca la liberación, el pasado no se puede olvidar, pero se puede intentar superar, si es con la persona con la que mantienes deudas pendientes el resultado puede ser enriquecedor, a peor no podrás ir.
 
 
 

Él rechaza, sin estridencias, y hasta con el deseo de que ella insista, las aproximaciones de Ella cuando regresa a la localidad, en un momento dado de su pasado, ella abandonó su dormitorio sin llegar a mantener la relación sexual que los dos querían pero que no llegó a concluirse. Ella mantiene una llama de rencor hacia su padre, para quien no era importante, y una vez muerto, motivo por el que regresa, necesita combatir y vencer esa necesidad de enfrentamiento, Él se prestará a luchar contra Ella como si fuera su padre y al mismo tiempo Ella actuará con la fuerza y fiereza que se la supondría para vencer el rencor paterno. Al mismo tiempo, ese combate físico agotador, en sesiones breves pero de una intensidad apabullante, aproxima a los dos, a la pareja inconclusa, a la pareja rota pero con un enorme paréntesis que no ha terminado y que puede cerrarse en cualquier momento para retomar la relación, no la misma que la de antaño, pero no peor.
 
 
 
 

La batalla deriva en provocación, el odio en atracción revivida porque nunca dejaron de desearse, el combate para hacerse daño en combate para seducir, como un cortejo violento en el que macho y hembra se buscan y se repelen. Si los 2/3 de la película la violencia predomina en lo físico pero con un toque erótico incuestionable, el último tercio es de violencia pero sexual, erotismo desbordado, violencia por lo desesperado de los encuentros, lo reiterado y lo animalizado de sus cópulas. Es ahora cuando el papel de los actores aumenta en dificultad, han de luchar y amarse completamente desnudos, expresar toda la rabia anterior pero con un deseo a satisfacer en el que recíprocamente coinciden. Terminado el sexo dudamos si el agotamiento es producto del éxtasis o del combate para alcanzarlo, nada es fácil ni es cómodo, a la fortaleza física de él se une la agilidad y flexibilidad de ella, el entrelazamiento en posiciones inverosímiles es lucha y amor, excitación y lubricidad, nada es azaroso sino consecuencia de un camino predispuesto por los combatientes por sus propias reglas, en apariencia el poderío físico de él haría parecer desequilibrado el combate, pero los dos tienen sus armas y saben cómo utilizarlas.
 
 

Compleja película, a veces críptica y elusiva, más de resultados que de desarrollo, pero envidiablemente interpretada por dos actores en estado de gracia, James Thierrée y Sara Forestier. A descubrir e interpretar.