miércoles, 15 de octubre de 2014

JOVEN Y ALOCADA (Maryali Rivas, 2012)


JOVEN Y ALOCADA (Maryali Rivas)
 



 
 
 
Había un tiempo que cualquier película premiada en Sundance y de nacionalidad estadounidense se estrenaba de inmediato, claro que también había un tiempo que los estrenos de calidad llenaban las salas de versión original, y ahora cada vez menos cines nos quedan que se atrevan con aventuras de dudosa rentabilidad.  Cuándo se estrenará comercialmente esta película en España pese a no tener que doblarse es un misterio, máxime cuando está comprada desde el año pasado para su distribución, pero tampoco sería descartable imaginar que el distribuidor se ha asustado al ver sexos erectos, vaginas penetradas y diálogos abiertos y sin tapujos sobre sexo. Esta primera película de la directora chilena Maryali Rivas ganó el premio a mejor guión en Sundance y se exhibió en el festival de Berlín, empezando a correr un runrún entre la crítica que la vió de tal manera que se hablaba de ella como apuesta fresca y sorprendente del nuevo cine sudamericano, y dado que el cine sudamericano es más fácil de encontrar por canales alternativos he tenido el gusto de disfrutarla abiertamente, harto de esperar la llegada de un cine anunciado y nunca encontrado en salas. Los diálogos son difíciles de seguir, a fuerza de haber visto cine argentino y mexicano hay giros y modismos que ya controlamos, pero en Chile también tienen su forma de hablar el castellano, pues hablando todos la misma lengua resulta difícil entenderse.
 
 
 
 

Del avance de las iglesias evangélicas en Sudamérica tenemos noticias frecuentes, como del temor católico por perder esa primacía secular en el continente, y en ese ambiente de integrismo religioso, de moral estrecha y rigor exacerbado, de pecado constante y donde el sexo no sólo es peligro sino el mayor peligro para cualquier persona, y mucho más para una joven adolescente, se desenvuelve la vida de Daniela, en el periodo entre los 17 y 19 años, contando sus experiencias vitales de manera clandestina, a través de un blog donde habla con sus interlocutores abiertamente de sexo, del sexo que le gusta, del que practica y del que siente, utilizando como válvula de escape ante tanta represión familiar este canal de comunicación. Sin embargo el film destila ironía, fina ironía, sarcasmo contra las situaciones de aparente contradicción entre la vida religiosa y la vida secular, frases puntillosas que rematan lo que no deja de ser la educación sentimental de esta joven, que no sabe si apostar por el pico o por el queso (variante chilena del a pelo o a pluma español) y que, haciéndose pasar por virginal muchacha destinada a perder su yo original por Jesús (Yiesus en argot bloguero) mantiene una activa vida sexual con una amiga y con su novio mientras decide qué es lo que quiere.
 
 
 

Contada a modo de versículos, hasta el “Ebanjelio 1.12”, y mezclando, como ya hacía la película de Elena Trappé “Blog”, las nuevas tecnologías para introducir el mundo juvenil en la historia, y abusando del primer plano como mecanismo visual que nos envuelve junto con los personajes y sus vivencias tan físicas, las reflexiones personales que acompañan a la joven dejan clara una madurez irreal que desemboca en un final valiente y decidido, y en una última frase lapidaria. Recomendadísima película por mi parte, amena, irónica, física y espléndidamente interpretada por la joven actriz protagonista (y supongo que tanta explicitud sexual, verbal y física, no ha tenido que ser nada fácil), un zas en toda la boca a los integrismos de todo tipo, un canto a la libertad individual pues nada mejor que la propia experiencia y equivocación personal para decidir el rumbo personal a tomar, sería una versión àcida y más llevadera, aun con cargas de profundidad, de la “XXY” de Lucía Puenzo, y como dice la protagonista en su blog ante la amenaza de la madre de enviarla a las misiones de Ecuador al ser expulsada del colegio por “forniciaria”, “soplaré, soplaré, tu castigo derrumbaré y el palo culearé”, y qué decir tiene que ni soplar ni el palo significan lo mismo que en España.