viernes, 26 de septiembre de 2014

VOUS N,AVEZ ENCORE RIEN VU (Alain Resnais, 2012)



Elegancia, mucha elegancia en la despedida de Resnais, involuntaria, pero despedida, y también nada oculta en su última creación. No es Resnais un director que me emocione especialmente, de los “santones” franceses sería el primer sacrificado en caso de descarte, pero conozco mucho de su cine, sobre todo del último, y me atrevo a decir que, desde “On connait la chanson”, no volaba tan alta la imaginación y el saber del director. Como en un gran guiñol, Resnais se rodea de parte de la élite de la interpretación francesa, Matthieu Amalric, Michel Piccoli, Lambert Wilson, Pierre Arditi, Sabine Azema, Anne Consigny, Hippolyte Girardot, Denis Podalydes, Michel Robin, Vimala Pons……..y, haciendo la inmensa mayoría de sí mismos, somete al espectador, y a los actores, a un verdadero juego que transita entre el cine y el teatro a partes iguales.
 
 

El punto de partida es “grandguiñolesco”, una llamada intempestiva a cada uno de los actores consagrados les convoca a la mansión de Antoine d,Anthac (Denis Podalydes), autor teatral de éxito, quien acaba de fallecer, presumiblemente suicidado. La reunión tiene como objeto proceder a la lectura del testamento del autor en presencia de los actores que representaron su “Eurydice”. La película es una adaptación, de por sí, de la obra teatral de Jean Anouilh, de dos de sus piezas, Eurydice y Cher Antoine, y no reniega ni trata de ocultarlo. Una vez reunidos todos los actores en una presentación como si del juego del Cluedo se tratara y fuéramos a ser introducidos en un noir con asesinato de fondo, el tal testamento se transforma en una petición en video grabada por el propio director teatral. Agotado ya por las representaciones que se han hecho de su obra, antes de morir, una compañía joven y renovadora le ha pedido permiso para representar su Eurydice modernizada, el director pide ayuda a sus actores para que valoren si la propuesta es aceptable o no.
 
 

Cine y teatro se fusionan por cuanto la joven compañía ha grabado en video su representación, que es proyectada a los estupefactos actores consagrados, que asisten impávidos a la misma, hasta que el fuego del teatro resurge en ellos y se ven, como imantados, compelidos a dar las réplicas a los actores de la pantalla y a interpretar ellos mismos la obra de manera simultánea a las imágenes. Como narrara Godard en “Elogio del amor”, Orfeo y Eurídice aparecen sucesiva y simultáneamente, interpretados por tres parejas, las tres edades del amor, la joven procedente de la compañía aficionada, Vimala Pons (la hemos visto este año en “La chica del 14 de julio”) y Sylvain Dieuaide, la madura por Lambert Wilson y Anne Consigny y la cercana a la vejez de Pierre Arditi y Sabine Azéma. Las réplicas iniciales se intercambian de unos a otros y en espacios diferentes, de tal manera que la trágica historia de Orfeo y Eurídice se traslada a una estación de tren en Marsella, la cafetería de la estación, un viaje hacia el Languedoc y un retorno del mundo de los muertos para terminar cayendo en él, de la mano del gran Matthieu Amalric, que interpreta a un Mr. Henri que no deja de ser la representación de la muerte, es al historia de siempre pero vista de otra manera, no puede ser distinto si atendemos al título de la película.
 
 

“Vous n,avez encore rien vu” dice el título, y qué gran verdad, cada representación es un mundo, cada actor un episodio distinto en cada actuación, las interpretaciones de lo que se ve una distinta por cada espectador y por cada situación en la que nos encontremos. El ciclo de la obra termina con un “fin” que a la vida es el equivalente de una muerte. Y la película termina en una muerte y en un renacimiento, porque lo fundamental de la obra de arte es su permanencia, su permanente evolución a manos de los intérpretes y directores de cada momento, algo que lo que consigue es dotar de inmortalidad a la propia obra representada por encima de sus creadores e intérpretes. No hemos visto nada porque en el futuro y en el pasado la obra se representará y se representó, tan sólo conocemos la vida de la obra en el presente que nosotros la vivimos, pero la misma no se limita a ese escenario tan acotado, sino que vuela de forma permanente y variable, ni se puede vivir de la misma manera por cada uno ya que , a lo contado, hay que unirle lo vivido por cada persona que asiste a la representación, o que actúa en ella.
 
 
 

Y toda la película rezuma elegancia, sentido, equilibrio, armonía, belleza, pasión, como si el director fuera consciente de tratarse de su última creación, contiene múltiples despedidas en si misma, la despedida del amor no correspondido, la del amor etéreo, la del amor imposible, la del amor funesto, la del amor en fuga. Pero también la despedida de un director que hace mutis por el foro en el epílogo. Como esas reuniones de viejos amigos o de viejos conocidos con sentimientos comunes, la reunión de actores contiene el gozo del reencuentro, el de la despedida de alguien querido y respetado, la nostalgia de recuerdos de juventud, de madurez, sensaciones compartidas, quizás algún enamoramiento real aunque fugaz, o la fragilidad de quien ya está al cabo de todo, como un extraordinario Michel Piccoli en su papel de padre de Orfeo.
 
 
 

Pasado, presente y futuro de la escena, nadie es capaz de verlo todo ni de asimilarlo todo, pero la forma en que Resnais nos deja este “testamento” autoral es soberbia, del mismo modo que nos enfrenta con nuestras limitaciones, telón gozoso para uno de los grandes mitos del cine, “Noche y  niebla” ya no está sola en mi Parnaso particular, ahora estará acompañada de esta pequeña maravilla teatral llena de espejos y reflejos. Por cierto es una película de Cannes 2012........y aquí seguimos sin verla