lunes, 22 de septiembre de 2014

SOBRE LA MARXA (Jordi Morató, 2013)



 
SOBRE LA MARXA, el inventor de la jungla (Jordi Morató, 2013)
 

“Aquí en mi selva no me falta nada. Ésta será mi vida. No quiero saber nada más del hombre blanco civilizado”

Resulta paradójico, cuanto más se habla de la falta de financiación para crear arte audiovisual en España, mayor es el número de propuestas interesantes que surgen desde los nuevos creadores. Quizás sea cierto que la creación y la interpretación no sean ya trabajos rentables como única opción para poder ganarse la vida, y esa necesidad de contar necesite de trabajos alimenticios paralelos para dedicar el tiempo libre a hacer lo que la mente quiere y exige, pero una cosa está clara, el cine español como industria generadora de dinero podrá estar en crisis o en quiebra, pero la creación en el cine español no lo está. Ayer recibió su último premio esta pequeña joya.
 
 

Es paradigmático que, cuando se habla de celebrar una reunión a varias bandas y al más alto nivel, para tratar de encontrar soluciones a la crisis del arte cinematográfico (¿no querrán hablar sólo de lo económico?) el personaje central de esta historia sea el ejemplo concreto y máximo del arte por el arte, el creador ajeno a lo que le rodea pero deseoso de expresarse con absoluta libertad exista o no el rendimiento. Echando la vista hacia atrás, y pensando en la historia de los grandes genios de la humanidad, ¿cuántos de ellos pudieron vivir en la opulencia y cuántos han sido reconocidos en su valía tras su muerte y habiendo pasado una vida de penurias y calamidades? Por cada Picasso han habido cientos de Modiglianis, por cada Rossini, cientos de Mozart.
 
 

Garrell es el seudónimo de nuestro protagonista exclusivo, también conocido como el “Tarzán d,Argelaguer”, “garrell” es alguien que tiene las piernas arqueadas y camina con las rodillas separadas, Garrell viene y va, en perpetuo movimiento, infatigable, con voluntad inquebrantable en un espacio abierto y ajeno, construyendo un ecosistema personal digno de un robinson, como un personaje salido del “Walden” de Thoreau o de las teorías de Emerson, se dedica a transformar el espacio natural en un refugio personal cargado de mitología, plegando los elementos a su albedrío, sin un plan preconcebido, donde el corazón, o las circunstancias le lleven. Primero domina el agua, después la tierra y sus resultados, por fin el fuego que vuelve a traer al agua, la piedra……..y todo con un propósito lúdico que termina siendo un propósito artístico.
 
 
 

Y el cine cobra una dimensión impensada en su comportamiento, consciente de lo efímero de su obra, a expensas de una voluntad humana determinada a destruir lo construido con tanto esfuerzo, su forma de perdurar es grabar lo hecho, pero siempre con un objetivo, no el de mostrar la creación por si, sino como ejemplo de un refugio personal. “Tarzán” pasa a ser su Mr. Hyde particular, sus primeras manifestaciones de “brut art” tratan de modelar el paisaje a su gusto, modificando el curso del agua crea cascadas, lagunas, pozas, alrededor de esas construcciones naturales comienza a construir cabañas con materiales del propio bosque, pequeñas cabañas que van creciendo como pirámides imposibles a base de armazones de palos y clavos, inicialmente para animales y posteriormente por el placer de crear. El “hombre civilizado” que utiliza en sus ficciones tarzaniles, con la colaboración de un joven que graba sus improvisaciones y sus historias cinematográficas, se convierte en la verdadera amenaza de Garrell. Aquello que construye durante años empieza a atraer la curiosidad de la gente, y con la curiosidad, el gamberrismo y la destrucción. En sus idas y venidas Garrell utiliza sus lisérgicas recreaciones del mito aventurero para exorcizar los demonios que le acechan, recrea sus experiencias artísticas usando el escenario creado por su imaginación para representar, como películas, los peligros que representa el hombre civilizado.
 
 
 

Garrell idea trampas, más que dañinas, para dar sustos, como en los carruseles de feria, y su arte constructivo enlaza con el arte figurativo recogiendo muñecas, maniquíes, peluches, máscaras……..y la solución final de la creación de un laberinto en el que los atacantes de su creación puedan perderse y perder el tiempo como castigo y profanación a su santuario libre de hombres civilizados. Antes de que la destrucción de su obra sea definitiva a manos de extraños, Garrell decide acabar él mismo con su obra, si primero fue el agua, al final será el fuego quien destruya, primero dominó el agua y ahora va a dominar el fuego. Se convierte, como él mismo dice, en un valenciano, crear para destruir. No hay un atisbo de frustración, ni de melancolía, ni de dolor por la obra perdida. Garrell actúa sobre la marcha, cuando apetece idear un laberinto ocupa todas sus fuerzas y su imaginación en ello, cuando quiere destruir, disfruta del momento de la consunción como de una nueva creación. Él ha creado y él ha destruido, consciente o inconscientemente las artes se mezclan, pues sabe que queda el recuerdo de las imágenes a través de las historias filmadas por Alex. Por dos veces se ve obligado a destruir su obra antes de que el director Jordi Morató entre en contacto con el propio protagonista, Garrell disfruta con la creación y se recrea en la destrucción, en ambas encuentra un  acto único e irrepetible, un ejemplo de su propia identidad y un momento que nadie le puede usurpar.
 
 

En su tercer intento Garrell siente que se va acercando su propio final por ley de vida, idea entonces crear su propia tumba sometiendo a otro elemento natural, la piedra. La piedra rodeada por el bosque comienza a ser su campo de trabajo, empieza a picar con fervor desaforado construyendo una galería en la que colocar su tumba, pero el desafuero de su creación le vuelve a sobrepasar, las galerías crecen y crecen, a la galería le sigue la iconografía, y superado por su genio, la galería se proyecta hacia el exterior de manera inagotable a través de laberintos de palos y torres de narración fantasiosa, su técnica ha mejorado y sus estructuras aparecen más sólidas. Ahora será la ley la que le saldrá al paso, sus construcciones son ilegales, sus laberintos peligrosos para los demás, en dos meses debe desmantelar lo creado, y Garrell obedece, claudica, sabe que su arte no acaba en la creación sino que culmina en la destrucción. Ahora necesita motosierra para desmantelar su entramado de palos y clavos, a la belleza de lo creado le sigue la belleza de la destrucción y cómo destruir para terminar en el fuego.
 
 

Garrell como un niño en juego permanente, como un rebelde que trata de vivir según su intuición y sin reglas, hacer el salvaje y comportarse como un salvaje para crear, atrayendo a historiadores del arte por su particular forma de construir espacios aprovechando el entorno natural, mitad visionario mitad loco, la película termina dejando sin contestar una pregunta, ¿cómo es el verdadero Garrell fuera de esta dimensión pública?, pero en el fondo esa es otra historia, ¿qué nos importa la vida del artista si lo importante es su obra? Aunque sea efímera y nacida para desaparecer como la de Garrell, en este caso nos queda la imagen, el cine como manifestación de pervivencia. Hacer arte sobre la marcha, no es tan diferente a rodar un documental en el que los elementos planificados pueden variar en función de los elementos externos, un plano pensado para una cosa, puede derivar en otra contraria, el genio del cineasta sabrá aprovechar el cambio para idear un entorno aceptable para la imagen, eso consigue Jordi Morató con suficiencia, utilizando el material ajeno y rematando la historia con su tercera parte, sobre la marcha, un encuentro fantástico con otra gran película del más actual cine español, ese que sí existe y está vivo, la esclerosis afecta a otras estructuras, no a los creadores.
 
 

Festival Internacional de Málaga 2014 (Mención especial del premio del público)

Festival Internacional de Cinema d'Autor 2014, Barcelona (Premio del público)

Trento Film Festival 2014 (Premio del público y Premio del jurado a la mejor contribuciñon técnico-artística)

MedFilm Festival Roma Italia (Mención especial del jurado)

 Alcances, Muestra cinematográfica del Atlántico, Cádiz (Premio mejor largometraje documental)