martes, 23 de septiembre de 2014

L,AMOUR EST UN CRIME PARFAIT (Hermanos Larrieu, 2013)


 
L, AMOUR EST UN CRIME PARFAIT (El amor es un crimen perfecto, Hermanos Larrieu, 2013)
 

Ni todos los hermanos son los Coen o los Dardenne, ni, afortunadamente, son los Wachowski ni los Farrelli. Los Larrieu gozan de prestigio intelectual, de un cierto aura de creadores arriesgados para los que sus últimas películas apuntan muy alto pero vuelan bajo, como el grajo. Este amor criminal tiene concomitancias muy serias con su anterior proyecto, “Les derniers jours avant le fin du monde”, película donde la seriedad y la astracanada entran en comunicación constante ofreciendo un producto irregular y decepcionante, sería como si el personaje de Matthieu Amalric hubiera conseguido sobrevivir a la debacle nuclear que arrasa el mundo y destruye Paris en la última escena, habiendo conseguido refugiarse en esos paraísos nevados que tanto gustan a los Larrieu, el blanco de la nieve con la negrura del alma de los personajes, sólo que ahora cambiamos los Pirineos por los Alpes suizos y no tenemos que sufrir las vergonzantes escenas tópicas sanfermineras vistas por unos franceses, aunque a cambio sufrimos otras escenas nada edificantes. Si en la anterior Amalric recorría media Francia y media España buscando a un amor imposible y un tanto “fou”, en ésta el amor, o el sexo, que no es lo mismo, corren hacia él sin que pueda hacer nada para impedirlo.
 
 

¿Porqué  “L,amour” se estrena y el resto de cine de los Larrieu no? No tengo respuesta, me parece desazonante que un distribuidor apueste por este producto y mantenga en la nevera “Mes seances de lutte”, la última de Pascale Ferran, Bonello, Grandrieux, Assayas o Dumont, productos a priori, mucho más apetecibles y deseables que este desbarre argumental de los Larrieu, especialistas en anunciar mucho y ofrecer bastante menos.
 
 

Al cine francés le encanta lo literario, sólo que en este caso que el personaje de Matthieu Amalric sea profesor de creación literaria en una universidad suiza en mitad de los Alpes, añade muy poco a su dolencia. Amalric es una persona inquietante con doble personalidad, no sabemos muy bien si su sonambulismo criminal tiene que ver con el cambio de estación o con una naturaleza dual que le emparenta con el lobo y que le provoca devorar corderos, en este caso “corderas”, aunque nunca se sabe quien lleva la piel de tal. Quizás uno de los errores de la película sea presentar para un papel tan desolador a un personaje creado por el propio Amalric, a quien le falta, creo, empaque físico para encarnar a un depredador sexual, a un hombre asediado por las mujeres jóvenes y que mantiene una relación equívoca y morbosa con una hermana con la que convive (en la anterior película de los Larrieu encarnaba a la ex de Amalric), donde el incesto  planea continuamente sobre el escenario, los lobos mantienen la unidad de la manada, pese a buscar el alimento fuera del cubil, sin que ello impida que de vez en cuando gocen de un banquete íntimo.
 
 
 

La idea del profesor que utiliza su posición para flirtear con sus jóvenes alumnas no es exactamente la que se refleja en la película, digamos que Amalric no puede evitarlo, es su naturaleza la que provoca una atracción en sus alumnas que él no puede dominar. De ahí a creer que el profesor Amalric sea capaz de seducir a Maïween y a Sara Forestier va un mundo, sobre todo porque la historia carece de la credibilidad necesaria para soportar esta deriva, pues los giros argumentales trocan al seductor en seducido, o coaccionado a ser seducido, cuando previamente se nos ha presentado al profesor como un ente sanguinario en su delirio sexual.
 
 
 

No basta el morbo para justificar una historia alargada, ni nombres de reconocido prestigio para mantener un interés ficticio por una trama inflada que se desploma según avanza, ni un final de opereta del que salen personajes cuya evolución abandonamos abruptamente, mezclando el drama psicológico con la trama criminal y el relato romántico. Es complicado hablar de esta película sin destripar su contenido, su relativo interés inicial se va perdiendo en meandros simultáneos que desconectan al espectador, tentado de abandonar la visión ante tanta trampa irresoluble. La única solución posible es hacer saltar todo por los aires, en eso los Larrieu son maestros, sus dos últimas películas acaban de manera similar, borrar las huellas para que nadie nos acuse de vender humo. ¿ha quedado claro que no me ha gustado?