miércoles, 3 de septiembre de 2014

AVANT L,HIVER (Philippe Claudel, 2013, Antes del frío invierno)



El distribuidor español ha añadido, innecesariamente, la palabra frío al título original. Es una redundancia, la historia es fría, los personajes son fríos, el ambiente es frío, y el invierno suele ser frío, pero el invierno del título no es el invierno como estación sino el invierno como edad del hombre, y el invierno como dureza de alma. Las tramas de Claudel suelen ser reincidentes, como recidivas de enfermedades terminales, en este caso enfermedades que atacan al corazón de sus protagonistas, mientras el cerebro de los pacientes del doctor sufren y temen por la pérdida de memoria. También tiene especial predilección por una actriz, Kristine Scott Thomas, que encarna a la perfección estos papeles de mujer en crisis, distante, reprimida, frustrada. A su lado, como marido ausente, el inefable Daniel Auteuil, han pasado 22 años de la maravillosa “Un coeur en hiver” de Claude Sautet, y el personaje masculino de aquella película, Stephane,  parece haber saltado en el tiempo a la película de Claudel, Paul presenta el mismo celo profesional, la misma vida personal vacía, una mirada huidiza, una estabilidad familiar basada en la comodidad más que en el amor o el cariño, un chasquido que se produce en el interior en un momento dado y la incapacidad para expresar los sentimientos a quien tiene que oírlos.
 
 
 

Paul es el mismo Stephane con 20 años  más, un cuerpo que ya muestra los signos evidentes de su decadencia, una vida  monótona amontonando propiedades y lujos pero sin atender a quien está al lado, el trabajo como refugio cuando no hay nada que contarse o no se sabe contar gran cosa, pero a diferencia de sus pacientes, la memoria no es un problema, su problema es tener memoria y ser consciente de todos sus errores y silencios. Lucie carga con un peso del pasado que, a su vez,  le obliga a ser paciente, más paciente de lo normal, una losa que le obliga a ser comedida ante el comportamiento irracional del esposo. Primero unas rosas a destiempo, unas llamadas desconocidas, el miedo de los celos, el convencimiento de que Paul le es infiel, la negativa de éste a explicarse. Todo rueda como una historia mil y una vez vista contada de esta manera, aunque en el interior la historia guarda el enorme peso del pasado y la constatación de la pérdida de oportunidades.
 
 
 
 

La tristeza que produce enfrentarte al vacío, una mirada hueca ante lo conseguido y una mirada hundida pensando en lo que hubieras podido ser y sentir si en su momento hubieras hablado y hubieras hecho lo que querías entonces, hay una mujer joven que provoca el shock, como la Emmanuelle Beart del referente, pero más como idea que como realidad para Paul. Hay edades de no retorno, cada década tiene sus compromisos, sus huidas, sus líneas de fuga conscientes o inconscientes, acercándose los 60 años no es tiempo de rehacer, de probar, de dejarse llevar, es más tiempo de balances antes de que llegue el verdadero invierno, ése que enfría desde el hueso hasta el alma, y que a unos les sobresalta y sorprende de improviso una mañana y a otros les supone la llegada del siempre esperado porque ha sido a otra edad más temprana cuando se ha renunciado a vivir. Paul y Lucie han renunciado a vivir, han decidido sobrevivir, cada uno con sus taras y sus cargas, para uno la neurocirugía ha sido un refugio, para otra un inmenso jardín al que dedicar largas horas y largos paseos, dos desconocidos compartiendo espacio y silencios. Una buena cena o una buena copa de vino no son suficientes para competir con una conversación íntima con un verdadero amigo, “siempre me llamas para los malos momentos, ¿cuándo me llamarás para los otros?”
 
 
 
 

Película de escaso recorrido emocional en todo caso, es un relato cerrado en si mismo que debería funcionar mejor por escrito que en imágenes, hay demasiados arquetipos en el cine de Claudel, hay demasiadas imágenes ya vistas, demasiada frialdad y demasiado encono personal en muchas cosas. También hay revelaciones innecesarias y redundantes, suele ser siempre mejor insinuar que mostrar, correcta película con poco alma, en el fondo, todo va a seguir igual vista la película, como la vida de los personajes, conscientes de sus goteras emocionales.