miércoles, 20 de agosto de 2014

THRILLA IN MANILA (John Dower, 2008)


 


El boxeo es un deporte brutal, sanguinario, un retrato de cómo el hombre está más cerca del salvaje que del ser racional, es el ejemplo del poder de la fuerza bruta, el retorno del hombre a sus instintos más primarios, pero también es un deporte rodeado de un poder mítico que es ajeno a la inmensa mayoría de las disciplinas deportivas, es un deporte generador de leyendas que sobrepasan lo meramente deportivo y enraízan con manifestaciones sociales colectivas en las que descargar la propia frustración y agresividad mediante terceros.
 


El cine ha sabido ver ese lado turbio, violento, romántico, tramposo, heroico, brutal, noble……del boxeo, el poliedro que representa este deporte ha quedado reflejado en intensas y demoledoras imágenes, “Más dura será la caida”, “Marcado por el odio”, “Toro salvaje”, “Fat City”, “Gentleman Jim”, “Kid Galahad”, “Pulp Fiction”, “Million Dollar Baby”….entre las sobresalientes de la historia del séptimo arte, pero también el documental ha sabido explorar la épica de este deporte hiperviolento, porque no hay que ocultar ni adornar la realidad de lo que supone jalear el hecho de que dos personas se golpeen frente a frente hasta la extenuación, y en ocasiones, no pocas, hasta la muerte.
 


La personalidad de Muhammad Ali, antes Cassius Clay, resulta suficientemente atractiva como para protagonizar cualquier historia de ficción o documental, los nombres de Ali, Frazier, Foreman, Larry Holmes…..remiten a una época dorada del boxeo y a una serie de enfrentamientos que marcaron la leyenda y forjaron varios mitos, documentales como “Cuando éramos reyes” o “Rumble in the jungle” remiten al enfrentamiento entre Ali y Foreman en Kinshasa, capital de Zaire, “Thrilla in Manila” habla de los tres combates sucesivos entre Ali y Frazier en diferentes escenarios, concluyendo con la apoteosis del combate en Manila el 1 de octubre de 1975, el boxeo también como uso y abuso de regímenes totalitarios para publicitarse en el exterior y adormecer en el interior.
 
 


El documental refleja varios aspectos del odio que fue surgiendo entre Ali y Frazier, si este odio se escapó de las manos de Alí o Frazier fue incapaz de entender que se trataba de una simple estrategia comercial y publicitaria, cada uno que lo interprete como quiera, pero lo cierto es que el odio permanece, perdura, y es recalcitrante, Frazier sigue alegrándose viendo el deterioro físico y cognitivo de Alí, convencido de que, aunque perdiera el último combate, Alí salió del ring convertido en otra persona, tan duramente castigado por los golpes que su cuerpo y su mente cayó en barrena tras ese combate en el que Alí quería machacar a Frazier y Frazier quería matar a Alí.
 
 

El documental tiene un lastre inevitable, falta la visión presente del propio Ali, incapacitado para ser entrevistado por el irreversible proceso de deterioro, pero pese a ello el espíritu del combate es plasmado con pulcritud y con tensión. La inevitable derivada política también se representa, Alí, manipulado o no, escogió su vía reivindicativa y propagandística, “cool” y elegante cuando toca, “smart” si se tercia, provocador y bufón muchas veces, irrespetuoso y maleducado muchas otras, prepotente unas cuantas, objetor en la guerra de Vietnam sacrificó tres años de su carrera deportiva y fue despojado de su título mundial por razones políticas, única y exclusivamente, y en esos años tuvo siempre el apoyo económico del propio Frazier, quien intentó conseguir que se levantara el veto a Alí para poder enfrentarse, por fin, los dos mejores boxeadores del momento.
 
 


Alí se convierte en el referente para los progresistas norteamericanos en oposición al gobierno belicista y poco respetuoso de las libertades civiles como fue el de Nixon, también se atrae a la comunidad musulmana mediante su conversión, y obtiene el apoyo de la comunidad negra al alzarse, publicitariamente, como un negro que no se somete a las directrices de los blancos, a un negro que quiere ser negro y sólo negro, que se considera superior al blanco, vendiendo la imagen de Frazier como un negro sometido, un negro esclavizado, un negro con el que los hermanos seguirían recogiendo algodón en el Missisippi, un “Tío Tom”, y embriagado por la resonancia de su propuesta racista contra Frazier, continuar en la progresión del insulto llamándole ignorante, analfabeto, “gorila”, hasta caer en el esperpento, en la provocación gratuita y despreciable, simular combates con gorilas de goma, de peluche, con sparrings disfrazados de gorila, diciendo “voy a coger al gorila en Manila”.
 
 


A Frazier el comportamiento de Alí le va haciendo mella, inicialmente lo considera una provocación más en la que no cree porque eran amigos, pero la progresión de la ofensa, hasta que se cuestiona su “negritud”, a él, a un hijo del guetto, a un humilde representante de la población negra salida de los empleos menos cualificados y de estrato social muy bajo, cuando su vida familiar se ve comprometida en el propio barrio de su residencia al ser atacado por ser un traidor a la causa negra, su aparente paciencia toca a su fin cuando Ali le llama ignorante en directo en un programa de televisión en el que los dos están presentes y terminan peleándose ante las cámaras.
 
 
 

Por eso este documental es un retrato de la derrota, no sólo la deportiva, sino la moral de los dos, pese a que Alí ganara dos de los tres combates, ninguno puede decir que ganó para si mismo nada más que su propia perdición, porque Frazier perdió el definitivo al arrojar la toalla su entrenador al finalizar el penúltimo asalto, cuando Alí había dicho a su equipo que no podía seguir, pero esa victoria de Alí fue pírrica porque perdió más de lo que ganó, no disfrutó de la victoria porque sabía que el castigo recibido había sido enorme, sabía que había dicho a su equipo que le quitara los guantes y arrojara la toalla poco antes de que el entrenador de Frazier lo hiciera, cayó fulminado al suelo al ver que Frazier se retiraba, y tuvo que reconocer posteriormente que había tratado injustamente a Frazier, eso si, sin atreverse a decírselo personalmente nunca, lo hizo a través de otras personas, en programas de televisión, entrevistas en periódicos….por eso Frazier no le perdonó y se regocija viendo el deterioro de Alí, su victoria es pensar que el estado de Alí lo provocó él con sus golpes, y así en su fuero interno cree que ganó el combate del tiempo, aunque la aureola de perdedor quede manchada por esa crudeza en el deseo de que Alí sufra.



 
El mito del deporte, la magnificencia de dos cuerpos en plenitud de potencia física, la estética indudable de las imágenes del primer combate, narrado mediante fotografías, se diluye cuando el odio avanza en los contrincantes, ahí se advierte que el deporte queda superado por la fuerza bruta, los dos quieren ganar, pero quieren hacer daño más allá del necesario para vencer, los ojos no engañan, y comprobar la mirada del que golpea en el momento de impactar es más reveladora que cualquier declaración, es la constatación de la derrota por el odio, la derrota de los dos.