viernes, 15 de agosto de 2014

NORTH BY NORTHWEST (Con la muerte en los talones, Alfred Hitchcock, 1959)

 

¿Cuántos Mr. Kaplan sufrimos a diario?
 
 


 
 
Tras los primeros compases, brillantes como en la mayoría de su obra, creados por Bernard Herrmann, los títulos de crédito, creados por otro grande de la historia del cine, Saul Bass, nos dan la primera pista sobre lo que vamos a ver. Los nombres del equipo técnico y artístico de la película se sobreimpresionan en la fachada de un edificio de cristal en el que se refleja, distorsionada y ópticamente invertida, la vida cotidiana de la ciudad de Nueva York. La distorsión que produce el que nada es lo que parece ni exhibe, ni Thornhill es Kaplan, ni Vandamm es Townsed, ni miss Townsed existe, ni miss Kendall es sólo miss Kendall. El juego de espejos deformantes a los que Hitchcock somete la historia demuestra la maestría de su mente, lo afilado de su disección humana, el retrato de las pulsiones sexuales, monetarias, de poder…bajo un evidente manto de humor que no obvia la realidad del mundo de la guerra fría y sus derivadas perpetuas.
 
 
 
 
 
 

Roger O. Thornhill (Cary Grant) es un ejecutivo publicitario, elegante, de mente rápida y lengua ágil, atractivo y presumido, donjuan a su manera, desahogado económicamente, un anticipo de Don Dreaper pero sin las neuras de culpabilidad de éste, solamente domado y controlado por una madre que bien podría ser su esposa o su hermana. Un azar justifica el Mc Guffin de esta película, un botones vocea el nombre de Mr. Kaplan en el bar de un hotel mientras Thornhill conversa con unos clientes, Thornhill necesita mandar un telegrama a su madre, y el hecho de que recurra al mismo botones rellena el esqueleto de la confusión, esa relación de dependencia materna provoca un castigo al anonadado Thornhill, es secuestrado por los sicarios de la banda que le confunden con Kaplan, a quien ellos han descubierto como miembro de una agencia de inteligencia.
 
 

Son los años de la guerra fría, “a lo mejor deberían ir acostumbrándose a perder alguna que otra guerra fría” dice Thornhill en un momento de la película cuando ya la trama se ha descubierto y todo el mundo sabe quién es el otro, “ya las estamos perdiendo”, dice el responsable de la agencia de espías, y el grupo liderado por un soberbio e inquietante James Mason, llamado Townsed primero y Vandamm después, se dedica a lo que todas las agencias de inteligencia legales e ilegales, a suprimir a los agentes enemigos, y sabiendo que Mr. Kaplan es su máximo enemigo en la actualidad, el futuro de Thornhill es más bien oscuro tirando a negro. El ingenio, la picardía, el descaro, y la suerte, irán salvando a Grant de todas las situaciones de peligro, como un precedente de James Bond, en este caso sin superpoderes ni armas, pero su facilidad para crear revuelo o para seducir, y un sexto sentido que le advierte del peligro, le va salvando de las peores situaciones.
 


 
 
No faltará la rubia del cine de Hitchcock, unas veces es una rubia consentida, otras traumática, en ocasiones fatal, aquí será seductora, pero con interés, porque Mrs. Kendall no es sólo la señorita Kendall diseñadora industrial, sino la amante de Vandamm, pero al tiempo doble agente del gobierno, y al tiempo amante obligada de Thornhill para que la organización se deshaga de él. Es el personaje menos real de todos en cuanto que su personalidad es la más poliédrica y no basta un mero espejo para ver todos sus lados, sino un prisma. Aquí la trama de intriga se transforma también en una rivalidad amorosa entre el traicionado Grant y el mosqueado Mason, en otro ejemplo de tiempo narrativo y tensión lograda en el interior de una casa de subastas, cuando los dos pierden la confianza en la mujer. De hecho Hitchcock confiesa a Truffaut, en su famosa entrevista, que para rivalizar con Grant, un galán en toda regla, no podía poner a un simple matón, necesitaba  a alguien con clase, con tanta o más elegancia de Grant, pero también tenía que ser inquietante y peligroso, de ahí que se inventara un trío, Mason como el tipo guapo y elegante, seductor, su secretario, un joven Landau, que representa la mirada torva, el personaje oscuro, siempre al acecho, y el matón rubio, el elemento violento de la personalidad de Mason, demasiado refinado para ejercer él mismo la violencia.
 
 
 
 

NO falta el elemento metafórico de que la acción concluya en el monte Rushmore, entre los rostros de los padres fundadores, dos personas luchan por su libertad y por su vida, abandonados por el sistema y perseguidos por el antisistema, los dos, Thornhill y Kendall han sido marionetas del mundo libre para luchar contra las fuerzas oscuras que pretenden arruinar la democracia, pero es esa misma democracia y mundo libre la que no duda en comprometer la vida y libertad de sus propios ciudadanos por un interés calculado en el que el mal de unos pocos bien vale la tranquilidad de la inmensa mayoría, siguiendo la teoría de que existen efectos colaterales indeseados pero inevitables. Thornhill y Kendall han sido usados, abusados, pretendidamente sacrificados por quienes se presentan como garantes de la legalidad, como Ingrid Bergman en Encadenados, unos casualmente, otros por chantaje, otros por despecho, el sistema encuentra las vías para acceder a personas fácilmente reemplazables y sacrificables, las decisiones de despacho duelen menos que las directas cara a cara con el afectado.
 



 
 
 
 
Dice Hitchcock sobre la creación de la tensión en una película “"Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de la mesa y nuestra conversación es muy anodina; no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que un anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa de la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: No deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar. En el primer caso se le ha ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso le hemos ofrecido quince minutos de suspense." Este ejemplo es perfecto para una de las grandes creaciones de la historia del cine, la escena de 7-8 minutos en las que una avioneta de fumigación intenta matar a Cary Grant en un paisaje árido y polvoriento a las afueras de Chicago. El ritmo, el montaje, la aparición sucesivamente de elementos intrigantes, el silencio, el único ruido de los automóviles o el del motor de la avioneta, primero lejano y después más ensordecedor crean una auténtica obra maestra por la que ya merecería hablar de esta película.
 
 

Una persona que desentona totalmente con el entorno desciende de un autobús de pasajeros. Grant ha sido citado a través de la chica en ese paraje aislado, en mitad de la nada, para encontrarse con Mr. Kaplan, el Mc Guffin de Hitchcock, un Mc Guffin relativo porque el espectador sabe desde el minuto 40 de película que Kaplan no existe, pero eso Thornhill lo ignora todavía, como lo ignora la banda que quiere matar a Kaplan. Que la mujer interpretada por Eve María Saint diga a Grant que vaya a ese lugar incorpora un elemento cierto de incertidumbre, sobre todo si sabemos que Mrs. Kendall tiene algo que ver con el grupo de James Mason y que el espectador sabe que Kaplan es una invención. La tensión va en aumento cuando nadie aparece a la hora de la cita, los vehículos pasan a toda velocidad, Grant con su traje impecable empieza a ensuciarse con el polvo que levantan al pasar, hasta que al lado contrario para un vehículo del que desciende un hombre de más edad,  más bajo, bien vestido pero sin elegancia. Como en otros momentos de la película el fotograma se abre para mostrar a los dos personajes frente a frente (poco antes del final hay un plano similar en un bosque entre Grant y Eve Saint tras la simulación de un asesinato), vemos su silueta entera, enfrentados y separados por la carretera, ¿será ese hombre el asesino? ¿disparará? Grant no puede esperar y se acerca, “¿mucho calor hoy, no?” “ha habido días peores” responde el otro , “¿no será usted Mr. Kaplan?” “no puedo decir que si porque es que no”, otra decepción para Grant, pero la tensión aumenta, esta persona nos anuncia algo más “qué extraño, esa avioneta está fumigando donde no hay cultivo”. Y la apoteosis de la intriga y la tensión se desencadena cuando esa aparente inofensiva avioneta, que forma parte del paisaje, empieza a acercarse frontalmente a Thornhill, primero empieza, la duda en el rostro de Grant, después se cierne la sospecha de la amenaza, por último la convicción del peligro y la huida desesperada. Los siguientes dos minutos son de desenlace, ya ha desaparecido la intriga, pero ahora que la amenaza es cierta ¿cómo sobrevivirá Grant al ataque? Un ejemplo magnífico de cómo crear una tensión programada y creciente en el espectador.
 
 

Sobre el Mc Guffin también se explicó Hitchcock, conversador interesantísimo y verdaderamente entretenido. “En cierta ocasión, en un tren, un viajero portaba un extraño equipaje. Por curiosidad, su compañero de compartimento preguntó: "¿Qué es ese paquete que ha colocado en la red?" El otro contestó: "Oh, es un Mac Guffin". Naturalmente, aquello requería una explicación. "¿Qué es un Mac Guffin?" La respuesta fue contundente: "Pues un aparato para atrapar a los leones en las montañas de Adirondaks". El pasajero cayó en la cuenta enseguida de que no había leones en las Adirondaks, pero, entonces, ¿qué había en el paquete? Decidió por fin indagar de nuevo sobre el contenido del paquete. "¡Pero si no hay leones en Adirondaks!", exclamó. A lo que su interlocutor respondió, impasible: "En ese caso no es un Mac Guffin." El Mc Guffin es, en definitiva la nada, un Mc Guffin es un vacío que parece la situación completa que da sentido a una historia y que no es más que un engaño, algo que te hace prestar atención a detalles accesorios y perdonar los fallos cometidos para alcanzar ese imposible, pero atrapado por el Mc Guffin no serás capaz de discernir esos fallos en un primer momento, es un cero, como la O. que Thornhill imprime en sus cajas de cerillas “R.O.T. son mis iniciales” “¿Qué significa la O?” “Nada”, el vacío, como el Mc Guffin, y una venganza irónica y malvada del británico contra David Selznick, que se puso una O. en su nombre para diferenciarse de un familiar molesto y con quien Hitchcock había tenido sus más y sus menos.
 
 
 
 

Para el papel de Thornhill se barajó a James Stewart, pero la decisión final de Grant fue acertada, probablemente Jimmy también hubiera compuesto un personaje perfecto pero su constitución endeble le haría más vulnerable a ojos del espectador que la compostura frente a la adversidad de Grant, quien no pierde la ironía y la seducción en ningún momento, algo para lo que Stewart estaba más limitado, la seducción me refiero. Y los diálogos, ácidos, perversos, sexualmente metafóricos pero muy claros, ¿qué haría nuestra censura en 1960 al enfrentarse a situaciones claramente contrarias a un país ultracatólico y para el que el sexo era tabú? Da lo mismo, vemos “North by northwest” en 2014 y disfrutamos enormemente con las tribulaciones de Mr. Thornhill, la indudable vis cómica de una historia absolutamente trágica porque afecta a las bases mismas de nuestro sistema político y demuestra que democracia es una palabra bastante hueca cuando ascendemos en el juego, derechos y libertades llenan las bocas de nuestros políticos ensuciando el significado de las mismas cada vez que se mencionan, las cloacas del estado son insondables, pero qué divertido puede ser verlo en pantalla una y otra vez, aunque estemos rodeados de cientos de Mr. Kaplan.