sábado, 2 de agosto de 2014

MISS VIOLENCE (Alexandros Avranas, 2013)


 

O cómo la sombra de “Canino”, de Yorgos Lantimos, es muy alargada.
 

Repasando el palmarés de la edición Venecia 2013, algo muy común por otra parte, compruebo que son muchas más las películas desconocidas en nuestras pantallas que las que han conseguido estrenarse, incluso que parte de las estrenadas no tienen, a priori, mayores méritos que las no estrenadas, y sin mucha dificultad consigo encontrar una copia de Miss Violence subtitulada al coreano a la que inserto unos subtítulos en castellano. Teniendo en cuenta que el estreno en España estaba previsto para noviembre de 2013 creo que he esperado lo suficiente como para pensar que esta excepcional película griega no va a tener difusión comercial en mi país. Premio a la mejor dirección y al mejor actor del festival, aunque este último merecería ser coral, porque la densidad interpretativa de todos y cada uno de los intérpretes de esta familia gobernada por la violencia merecen el elogio.
 
 

No hay que contar mucho sobre la trama, ésta es esencial en la calidad de la película, pero se va desmadejando poco a poco, hay señales de que lo que vamos viendo se encamina a lo que imaginamos, pero al final toda previsión es poca, incluso para un espectador experimentado el giro de la historia sorprende, porque imaginando lo sórdido acabas incluso superado, porque al querer ir por delante de lo que crees que va a pasar, la realidad de las imágenes te sobrepasa. Los tres minutos iniciales son de una maestría absoluta para plantearnos todas las hipótesis imaginables alrededor de los que va a desarrollarse una trama asfixiante, dura, áspera, oclusiva, de sometimiento y abuso. Un cumpleaños, una de las niñas de la familia, nieta del matrimonio protagonista, celebra su undécimo cumpleaños. En el desarrollo y comportamiento de la fiesta familiar apreciamos algo impostado, algo de representación teatral, una falta de espontaneidad y libertad que el abuelo trata de superar con entusiasmo pero con escasa participación, y la sombra del “cadáver” en el armario empieza a sobrevolar el escenario. Ese virginal blanco que visten las niñas no nos lo creemos, su rostro hierático, su tristeza interior reflejada en una mirada vacía nos hace sospechar que en esa familia tipo de clase media en la Grecia sacrificada a los dioses de los mercados hay una losa de silencio que oculta algo tremendo. Pero tremenda es la conclusión de ese cumpleaños, mientras toda la familia se prepara para una foto de conjunto antes de repartir la tarta, permaneciendo en segundo plano la acción, la cámara, que mira desde la terraza de la vivienda, ve interrumpida la grabación al interponerse la cumpleañera Angeliki, quien con una mirada mitad alegre y mitad liberación, rebasa la verja del balcón y se lanza al vacío sin que nadie se de cuenta. La cámara, en un virtuoso movimiento enfoca hacia abajo desde fuera de la vivienda y allí encontramos el cuerpo de la adolescente alrededor del que empiezan a aparecer el resto de miembros de la familia.
 
 

El motivo del suicidio es mejor ocultarlo, el espectador se dará cuenta rápidamente del motivo, pero, a pesar de ello, no será capaz de calcular hasta dónde llegará la vesanía de “papu” y de “mamu”, los abuelos, que comparten piso y vida con su hija Eleni, con su hija pequeña Myrto, y sus nietos Filippos y Alkmini. Las cuatro paredes de la vivienda configuran un personaje más de la historia, la sucesión de premios y castigos, de torturas psicológicas, la puerta de la calle permanentemente cerrada con llave, llave que sólo poseen los abuelos, el teléfono controlado, las puertas sin cerrojos. Un estado policial dentro de una familia en la que el macho dominante controla con agresividad controlada a la prole a sus expensas, ¿a sus expensas? Una de las preguntas que se cierne sobre la historia es cómo sobrevive, y no demasiado mal, esa familia en la que nadie parece trabajar, pero este detalle no se le ha escapado a Avranas, la revelación será brutal y sorprendente, como el final, no por esperado totalmente desesperanzador para los jóvenes, pues viene resumido en el título de la película. Episódicamente el santuario familiar, el territorio infranqueable, se ve sobrepasado por obligaciones que no se pueden impedir, la visita de los servicios sociales, la amiga de la madre que acude a consolarla bajo la mirada inquisitiva y amenazante de la mamu, las visitas a la policía que trata de conocer los motivos del suicidio o si existía alguna causa escolar o familiar que lo haya provocado, ….., como un animal nervioso que ve su territorio ocupado por una especie más poderosa, papu intentará que las visitas sean breves, o responder en nombre de todos los demás, controlar, hasta donde pueda, el ataque exterior.
 
 

El recuerdo de Canino es permanente, allí los hijos eran tratados como animales, al servicio de un padre que actuaba como domador, parte de eso subsiste en “Miss Violence”, pero lo que en Canino podía perturbar y entenderse como metáfora de un país en crisis, en “Miss Violence” da un paso adelante para llegar a perturbar los sentidos, para anunciarnos que las medidas de choque que han sufrido nuestros queridos griegos no han hecho sino deshumanizar y mercantilizar aún más esa sociedad enferma. Las referencias a la crisis son mínimas, pero sobrevuelan las relaciones de la familia con el exterior, porque el director, como un entomólogo, como un naturalista, trata a esta familia como si un grupo familiar de primates se tratara, dominados o supervisados por el macho alfa, que ejerce su influencia, poder y control de todas las maneras posibles, y no es casual que la televisión reproduzca documentales de comportamiento de clanes de primates, o la vivienda esté plagada de aves disecadas. De los documentales se aprende cómo funciona un grupo familiar obediente, las aves enseñan la verdadera sensación de todas esas mujeres encerradas en una vivienda sin capacidad de decisión propia, con las alas rotas.
 
 

Advertir al espectador acerca de la dureza de lo que va a ver no significa que se vayan a suceder ante sus ojos un continuo de imágenes violentas, de personas agredidas, de heridas físicas graves, ni mucho menos, la violencia es predominantemente implícita, una mirada, una cabeza gacha, una familia que espera la orden para comer. La aparición de la violencia física es tan puntual y chocante, que paraliza por no esperarse. Ver a un  coche acudir regularmente a una zona aislada de Atenas hace pensar en lo que sucede a continuación, pero cuando la imagen nos revela lo que no se nos ha enseñado antes, quedamos aturdidos, asqueados y noqueados, tanto como la pobre Myrto. Cuando “Papu” busca alguien dispuesto a hacerse pasar por el padre del hijo que espera Eleni sentimos las entrañas revolverse pero tampoco somos capaces de imaginar la segunda parte, y la tercera, de esa búsqueda. Esto es un acierto indudable de la historia, un acierto del cine griego que llega a nuestro alcance y que revela un estado de ánimo inexistente en el cuerpo social del país. A nivel de hundimiento de “El chico que comía comida para pájaros”, “Miss Violence” alcanza mayores cotas fílmicas por no caer en el escándalo fácil, el efectismo barato ni la catarsis salvadora de último momento.
 
 

La frialdad del ambiente, la falta de calor familiar, la ausencia de contacto, el miedo, el asco, el dolor, la ocultación, la complicidad bastarda, la anulación del individuo, la hipocresía humana, el salvajismo primitivo de una sociedad dispuesta a aprovecharse del débil. Un ejemplo de cómo el poder siempre es ejercido desde el absolutismo, y si además es un hijo de puta el que lo hace, el hijoputismo alcanza niveles absolutos. El mensaje de la película acaba con un notable jarro de agua fría, la violencia no te hará más libre, sino más violento, porque en las sociedades tribales, o clanes animales, el cambio de líder viene provocado por la muerte del anterior, y el nuevo, para reafirmar su poder, tendrá que demostrar esa fortaleza. Pocas veces me he sentido mal viendo una película aunque el tema lo mereciera, el aislamiento que uno consigue o la barrera psicológica entre imagen y sentimiento ha saltado por los aires viendo “Miss Violence” con tres escenas consecutivas en las que el actor protagonista interactúa con las tres jóvenes después de pasar una noche en la que “Papu” y “Mamu” han jugado y mamu ha amanecido llena de contusiones y moratones. El increscendo de esa media hora final de película, unido a lo que ya ha pasado antes, provoca una de las mayores revulsiones visuales del cine recientemente visto, un ejemplo del buen cine europeo reciente, como esas pequeñas maravillas que son las holandesas Matterhorn o Borgman, la belga La quinta estación, la italiana Le quatro volte, la griega Meteora, la española 10000 noches en ninguna parte……… una sorpresa “agradable” y un descubrimiento recomendable, no esperen buenrrollismo, finales felices o policías abnegados salvadores de la infancia, la vida es, suele ser, mucho más dura de lo que creemos, y lo que mal empieza suele acabar peor.